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Una 'amenaza' de bomba y un vestuario inundado: otras polémicas de Unión Adarve

Señé, en un lance del partido ante el Unión Adarve./Peio García
Señé, en un lance del partido ante el Unión Adarve. / Peio García

En la fase de ascenso a Segunda B de hace dos temporadas, el Vilafranca, rival en primera ronda de los madrileños, denunció estos hechos

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El Unión Adarve y una supuesta intoxicación con una pomada de su técnico, Pepe Sanz, exdelegado de la Cultural, a cuatro jugadores leoneses (Palatsí, Sergio Marcos, Yeray y Señé), ha puesto en el centro de la polémica al conjunto madrileño que, pese a ello, y en boca de su presidente, Luis Gómez, ha defendido la inocencia de Pepe Sanz y afirma que todo es «una chorrada».

Pero, lo cierto, es que no es la primera polémica en la que se ve involucrado el Unión Adarve. En la fase de ascenso a Segunda División B de la temporada 2016-17 (la misma en la que la Cultural asciende a Segunda), sucedió, presuntamente, un curioso caso.

El caso de la pomada

El equipo, entonces entrenado por Víctor Cea y con Pepe Sanz en el cuerpo técnico, fue acusado de «coaccionar» al equipo rival, el Vilafranca de la localidad catalana de Villafranca del Penedés, con una amenaza de bomba.

Así lo denunció en su día el presidente del Vilafranca, Joan Soler, en la radio digital La Xarxa.

Una supuesta amenaza de bomba islámica

«Nos enviaron una nota que, supuestamente, era de la Policía, diciendo que el campo Vicente del Bosque - donde jugaba entonces el Unión Adarve - estaba siendo inspeccionado por una amenaza de bomba islámica», explicó Soler.

El presidente del Vilafranca aseguró que, por ese motivo, entraron en el campo tan sólo una hora y media antes y mostró su predisposición de denunciar al club madrileño «una vez contrastemos que la nota es falsa». «Efectivamente, es de la Policía, pero tienen dos jugadores que son agentes, así que hay que confirmar», afirmó entonces.

El vestuario visitante, «inundado»

El esperpento denunciado por el club catalán no quedó ahí. Joan Soler también aseguró que, a la llegada al vestuario, se lo encontraron «totalmente inundado», algo que, según su testimonio, «no estaba así esa misma mañana, tal y como nos dijeron los empleados de las instalaciones». Esta situación les obligó a vestirse en el propio autobús.