«Fue un creador de sueños»

«Fue un creador de sueños»

Jugadores y exjugadores del Ademar que han pasado por las manos del hermano Tomás recuerda su «disciplina», su «pasión» y la gran formación que recibieron a su lado

Dani González
DANI GONZÁLEZLeón

«Nuestro sueño ha sido posible gracias a él». Esta es una de las frases más repetidas entre los jugadores que han pasado por las manos del hermano Tomás.

Santo y seña del Ademar, del balonmano en León y de la formación en este deporte pero, además, «como personas», el fallecimiento del hermano Tomás ha pillado por sorpresa a muchos y, sin duda, ha causado un gran dolor en todos ellos.

«Fue un creador de sueños», asegura Héctor Castresana, que recuerda que «primero nos hizo personas y luego jugadores, nos hizo creer en unos valores deportivos y en la exigencia, porque era un ganador nato».

El histórico pivote del Ademar señala que se le va a echar «mucho de menos» y le agradece toda su labor. «Gracias a él, Héctor Castresana ha sido lo que llegó a ser».

Recuerda, en especial, cómo les cuidaba y lo «estricto» que era con la educación. «Era capaz de mantener a raya a un grupo de 15 chavales de 16 años», rememora.

«Decir balonmano es decir hermano Tomás»

Otro jugador con gran historia en el Ademar, Jorge García Vega, recuerda los «entrenamientos en el patio de Maristas» con el hermano Tomás y destaca que era «una persona totalmente entregada al balonmano» y el «precursor» de que León tenga «una de las mejores canteras de España». «Decir balonmano en León es decir hermano Tomás».

Destaca, al igual que Castresana, su faceta de «formador de personas y jugadores, por este orden» y el hecho de estar «al pie del cañón, todos los días, con los niños». «Se pasaba la vida en el patio, entrenando a los centenares de niños que jugaron a balonmano».

«Entrenábamos en los recreos con la ropa de calle»

Otro que también pasó por sus manos fue Juan Castro que, asegura, le entrenó tanto a él como a su padre. «Era una persona muy desinteresada, que echaba muchas horas. Tenía sus formas de trabajar, pero reunía todos los valores del deporte y destacó, sobre todo, como formador de personas», afirma.

Castro recuerda, en especial, que les hacía entrenar en los recreos. «Estuve dos años, prácticamente, sin recreo. Nos llevaba al pabellón y entrenábamos con la ropa de ir a clase: botas, vaqueros, abrigo... y si no ibas, se enfadaba. También recuerdo que iba por los pasillos del colegio y, a todo aquel que veía alto o ágil, lo llamaba para ir a entrenar», asegura.

Una persona afable, que se ganó el cariño de todos y que es historia del balonmano de León. Así lo recalcan todos sus pupilos, todos los que aprendieron de deporte y de la vida junto a él y que ya le han empezado a echar de menos.