Una tigresa española en La Scala

Saioa Hernández, durante una representación de 'Attila'./Brescia/Amisano - Teatro alla Scala
Saioa Hernández, durante una representación de 'Attila'. / Brescia/Amisano - Teatro alla Scala

Saioa Hernández se convierte en la primera soprano española en abrir una temporada en el prestigioso teatro lírico milanés

DARÍO MENORCorresponsal. Roma

Para los amantes de la ópera, el año no comienza el 1 de enero. Lo hace el 7 de diciembre con la apertura de la temporada en La Scala de Milán, el teatro lírico más importante del mundo. La 'prima' del día de San Ambrosio, patrón de la capital lombarda, es un acontecimiento cultural que supera los límites del emblemático coso italiano, donde los espectadores pagan hasta 3.000 euros por una entrada, y se sigue en medio mundo por la televisión y los cines que retransmiten en directo el espectáculo.

Para cualquier cantante de ópera, no hay mayor honor que debutar en La Scala un 7 de diciembre. Formar parte de la 'prima' marca una carrera, como le va a ocurrir hoy a la española Saioa Hernández. Con su papel de Odabella en el 'Attila' de Giuseppe Verdi con el que abre la temporada el teatro milanés, se convierte en la primera soprano de nuestro país en alcanzar esa distinción. Ni siquiera su admirada mentora Montserrat Caballé lo logró.

Hernández tiene bien claro cómo ha de ser su interpretación bajo la batuta de Riccardo Chailly y la dirección artística de Davide Livermore. «Debo ser una tigresa y salir con un objetivo: quiero matar a Atila», ha explicado en el 'Corriere della Sera' la artista madrileña, que en sus diez años de carrera ha recorrido buena parte de los teatros de la ópera de Italia. Hernández reconoce su emoción por el triple debut de hoy: en La Scala, en una 'prima' del día de San Ambrosio y en el papel de Odabella. «Al principio no pensaba que fuera tan difícil como descubrí mientras lo estudiaba. No es un personaje femenino típico. Es una mujer normal, sencilla, pero que está en medio de una guerra y ha vivido el trauma de la muerte del padre por parte de Atila. Eso la lleva a querer vengarse y a matarle con sus propias manos».

El de la soprano madrileña no es el único éxito de la lírica española esta temporada en Italia. El tenor jerezano Ismael Jordi interpretó al duque de Mantua en el 'Rigoletto' con el que inauguró el nuevo curso el Teatro de la Ópera de Roma. El director artístico del coso de la capital italiana, Daniele Abbado, optó por una curiosa ambientación para la obra de Verdi: la República de Saló, el Estado títere fascista controlado por los nazis en el norte de Italia a finales de la Segunda Guerra Mundial. La innovación también va a estar hoy presente en La Scala, pues Livermore se ha olvidado de los habituales cascos con cuernos y de las pieles de animales en su 'Attila' y ha preferido una distópica sociedad situada a caballo entre los dos grandes conflictos bélicos del siglo XX.

En su versión estilo 'novecento' de la invasión de Italia por el caudillo de los hunos, Livermore había pergeñado un puente que se venía abajo en mitad de la función. La actualidad le hizo cambiar de planes. «Después de la tragedia de Génova (43 personas fallecieron en agosto por el derrumbe de un viaducto), no me veía capaz. No juego con los muertos, con el sufrimiento de las familias. El puente de La Scala no caerá. Se dividirá en dos sin daños». A lo que no ha renunciado el director escénico es a que el personaje de Atila, interpretado por el ruso Ildar Abdrazakov, entre en escena a caballo. A los chavales que acudieron hace unos días a la 'primina', la apertura de temporada para los jóvenes, la obra les maravilló y le dedicaron diez minutos de aplausos.

El mismo cariño esperan recibir hoy Hernández, Abdrazakov y el resto de artistas en una 'prima' que contará con la presencia del presidente de la República Italiana, Sergio Mattarella, tres ministros y la duda de si al final acudirá el líder de la Liga y 'hombre fuerte' del Ejecutivo, Matteo Salvini. No faltarán tampoco grandes personajes del mundo de la cultura y la economía. Pocos quieren perderse la noche en que Italia muestra al mundo una de sus mejores caras.

 

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