Mayorga elogia el silencio en la casa de las palabras

Juan Mayorga, durante la toma posesión de su plaza como académico de la Academia de la Lengua. /Paco Campos (Efe)
Juan Mayorga, durante la toma posesión de su plaza como académico de la Academia de la Lengua. / Paco Campos (Efe)

El dramaturgo lo alaba como un pilar literario básico en su ingreso en la RAE con el discurso de «un enfermo de teatro»

Miguel Lorenci
MIGUEL LORENCIMadrid

La vida es puro teatro para Juan Mayorga Ruano (Madrid, 1965). No es de extrañar que el dramaturgo viviera este domingo su sesión de ingreso en la Real Academia Española (RAE) como una representación teatral. Así lo dijo en el arranque de su discurso, un apasionado elogio del silencio como pilar básico de la literatura dramática. Tituló 'Silencio' la alocución con cuya lectura tomó posesión de la silla M, para la que fue elegido el 12 de abril de 2018. En nombre de la corporación, le contestó Clara Janés.

«Feliz» y «preocupado» se confesó Mayorga ante el honor y la responsabilidad que asume como miembro de pleno derecho de la docta casa a la que llega «con gratitud y ganas de faena». El nuevo titular de la silla M, vacante desde la muerte del poeta Carlos Bousoño, quien fuera decano de la corporación, recordó a su antecesor como «un artista y un sabio». Se confesó luego «enfermo de teatro» y aseguró «no ser un científico» de la lengua y sí «un carterista, un trapero y un remendón» que camina «al acecho de palabras que, pinchadas en la plaza o el metro, quizá merezcan una noche, cosidas a otras, subir al escenario».

A raíz de un verso de Bousoño que glosa el silencio, hilvanó Mayorga su discurso asegurando que en el escenario «el silencio pude representar el tiempo» y que cuando todo calla en las tablas «oímos el paso del tiempo». No en vano, silencio es para Mayorga la palabra «más necesaria que cualquier otra en el teatro» y «muy querida por poetas, narradores, teólogos, letristas de boleros y otros palos». Es también «la más conflictiva» y «la que puede enfrentarse a todas las demás».

«La importancia del silencio en el teatro corresponde a la que tiene en nuestro vivir», dijo Mayorga. Recordó que es «necesario para un acto fundamental de humanidad: escuchar la palabra de los otros». «El silencio, frontera, sombra y ceniza de la palabra, también es su soporte», sostuvo el dramaturgo, matemático y filósofo, cuya candidatura fue presentada por los académicos Luis María Anson, Luis Mateo Díez y José Manuel Sánchez Ron.

Describió a los actores como «creadores de silencio» y «virtuosos en medir y llenar ese espacio» silencioso. Dijo que en el escenario hay «un combate físico entre la voz y el silencio». «No hay tragedia sin silencio», afirmó repasando los grandes silencios escénicos, de los clásicos a sus coetáneos; un viaje de 'Antígona' a su drama 'Reikiavik', de la filosofía de Sócrates a la de Walter Benjamin, de Jasón a Lorca y su Bernarda Alba «cuya primera palabra es silencio», recordó. Glosó luego los sonoros silencios de 'La vida es sueño' de Calderón de la Barca para llegar a August Strindberg, Antón Chéjov o Samuel Beckett, cuya obra «da voz al personaje para exponer la inutilidad de decir».

Melancolía hamletiana

Recurrió al cervantino Sancho Panza que reniega del silencio que le impone su amo don Quijote y a quien recrimina el escudero que «además de pasar penalidades se haya de coser la boca, sin osar decir los el hombre tiene en el corazón como si fuera mudo». «Sancho me avisa de que debo cerrar el pico, aunque haya tantos grandes silencios pendientes de recuerdo», dijo para acabar citando al eterno y dubitativo Hamlet, símbolo universal del teatro cuando cierra la pieza con la frase «El resto es silencio». «Podría acabar diciendo que sobre el silencio mejor es guardarlo», concluyó confesándose «infectado de melancolía hamletiana».

Clara Janés le ofreció una calurosa bienvenida a «la casa de las palabras». Recibió con júbilo «a quien domina el verbo y sabe transmitirlo de modo que llega directo al corazón». El órgano que, según Janés, «no sólo acoge las palabras, sino que es donde se forman».

Como un «maestro en vestir y desnudar las palabras», describió Janés al precoz y astuto Mayorga, licenciado en Filosofía y Matemáticas, doctorado con la tesis 'La filosofía de la historia de Walter Benjamin'. Glosó su labor como profesor de matemáticas en universidades e institutos de enseñanza secundaria y como profesor de Dramaturgia y Filosofía en la Real Escuela Superior de Arte Dramático de Madrid. Sus conocimientos «son muchos y tan inesperados que no dejan de sorprender», concluyó Janés elogiando un teatro escrito «con tal originalidad y fluidez, y de modo tan insospechado, que hace que se desplome el aserto de Heráclito: «Mucha erudición es arte de plagiarios».

'Dramatemático'

Con casi cuarenta obras teatrales traducidas a una treintena de idiomas, representado en todo el mundo, esté 'dramatemático' y pensador dirige hoy la Cátedra de Artes Escénicas y es director del Máster en Creación Teatral de la Universidad Carlos III de Madrid. Ha firmado dramas como 'Himmelweg', 'El chico de la última fila', 'Animales nocturnos', 'Hamelin', 'Cartas de amor a Stalin' o 'La paz perpetua'. Obras por las que ha merecido galardones como los nacionales de Teatro (2007) y Literatura Dramática (2013), de las Letras Teresa de Ávila (2016), Valle-Inclán (2009), Ceres (2013), La Barraca a las Artes Escénicas (2013), Ojo Crítico de Radio Nacional (2000) y Max al mejor autor (2006, 2008 y 2009) y a la mejor adaptación (2008 y 2013).

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