Luigi Ghirri, un topógrafo de lo cotidiano

Un hombre observa una obra de la exposición 'El mapa y el territorio', de Luigi Ghirri./Efe
Un hombre observa una obra de la exposición 'El mapa y el territorio', de Luigi Ghirri. / Efe

Creador a contracorriente, su obra se sitúa «en las antípodas del sunami narcisista que vivimos en Instagram» | La primera gran retrospectiva del fotógrafo italiano fuera de su país reúne en el Reina Sofía más de 250 imágenes

Miguel Lorenci
MIGUEL LORENCIMadrid

El italiano Luigi Ghirri (Scandiano, 1943-1992) es toda una rareza en la fotografía europea de la segunda mitad del siglo XX. Al margen de las tendencias dominantes por voluntad propia, con un universo limitado al entorno de la cuidad de Módena y ensimismado en la rareza de lo cotidiano, eligió el color cuando imperaba el blanco y negro como paradigma del arte fotográfico. Dedicó las dos últimas décadas de su corta existencia a retratar la vida común de la gente corriente, sus casas y su ocio, sin aspavientos ni alharacas formales, técnicas o conceptuales.

Con 27 años dejó su profesión de topógrafo para convertirse en fotógrafo, «pero siguió trazando mapas de la vida cotidiana con sus imágenes». Así lo asegura James Lingwood, comisario de 'El mapa y el territorio', la primera monográfica realizada fuera de Italia de este atípico fotógrafo a contracorriente y que el Museo Reina Sofía acoge hasta enero. Lingwood sitúa la intimista, poética y aparentemente anodina obra de Ghirri «en las antípodas del sunami narcisista que vivimos en Instagram».

Ha reunido alrededor de 250 imágenes realizadas por este fotógrafo de culto entre fotógrafos, desconocido del gran público pero muy valorado por la crítica. Su empeño fue «ser un artista, no un fotógrafo serio», explica el comisario de la primera exposición de Ghirri con un número tan significativo de obras. Casi todas son de la década de 1970, un «período crítico de expansión de los suburbios, de cambios económicos, sociológicos y políticos, de emergencia del arte conceptual, de generalización del pop y sus estrategias apropiacionistas», destaca Manuel Borja-Villel, director del Reina Sofía.

Es la época en la que Umberto Eco publica 'Apocalípticos e integrados', Gillo Dorfles teoriza sobre el 'kitsch', se inicia el delirio consumista y el 'arte povera' toma el relevo del neorrealismo. Pero en ese marasmo «Ghirri va por libre y crea otra cosa, una obra muy personal, altamente original y con una visión irónica que refleja a la clase media», según Borja-Villel.

Se sirve Ghirri de las herramientas y los procedimientos de cualquier aficionado a la foto. Utiliza una pequeña cámara Canon y película 'Kodachrome' que revela en las mismas tiendas que el común de los mortales y en formatos medianos. Empieza a retratar los espacios periféricos de Módena, en Reggio Emilia, donde vivió y trabajó, y presenta en 1979 su primera gran exposición, 'Vera Fotografia', en Parma. Será el inicio de «un corpus de obras sin parangón en la fotografía artística dominante en aquel período», según Lingwood.

Magia de lo ordinario

'Territorio' y 'mapa', conceptos que remiten al mundo y a su representación, son las dos nociones clave en torno a las cuales se articula la exposición. «No ha sido mi intención hacer fotografías, sino planos, mapas, que sean, al mismo tiempo, fotografías», planteó el propio Ghirri, que tras su etapa como aparejador, delineante y topógrafo, mira la realidad desde una discreta posición, haciéndose invisible, sin aparente emoción, seducido por la magia de lo ordinario y lo efímero, algo «por lo que siempre sintió empatía», destaca el comisario.

Recorre un territorio que se transforma a medida que surgen nuevas formas de vivienda, ocio y publicidad. «Me interesan la arquitectura efímera, el mundo de provincias, los objetos que todo el mundo define como 'kitsch', pero que para mí nunca han sido tal cosa, sino objetos cargados de deseos, sueños y recuerdos colectivos», dice este fotógrafo de ventanas, espejos, estrellas, palmeras, atlas, libros, museos y personas vistas a través de otras imágenes. «Se mantuvo fuera del epicentro, alejado de lo que ocurría en la fotografía en Milán o Roma, y encantado con su papel de fotógrafo de provincias», sostiene el comisario. Destaca también su decidida apuesta por el color «cuando era sospechoso por su proximidad a la publicidad». «Hago fotos en color, porque el mundo real es en color y porque el cine en color ya ha sido inventado», se reivindicó Ghirri. Entiende la fotografía como «una gran aventura por el mundo del pensamiento y la mirada», como «un viaje inacabable por lo grande y lo pequeño, por las variaciones, a través del reino de las ilusiones y las apariencias, un lugar de multitudes, laberíntico y especular».

La selección de obras retoma la «cartografía poética» de su muestra de 1979, que en catorce series temáticas ofrecía un compendio de los lugares transitados por Ghirri: las casas de la periferia; el paisaje de signos de la Italia de provincias; la relación entre artificio y naturaleza de los jardines de Módena; las imágenes publicitarias; el mundo simulado de los parques de atracciones; la gente que fotografía y es fotografiada o los detalles de mapas extraídos de un atlas.

El Reina Sofía ha organizado esta muestra con la que abre temporada en colaboración con el Museum Folkwang de Essen, la galería Jeu de Paume de París y el Instituto Italiano di Cultura di Madrid y con el apoyo de la Universitá degli Studi di Parma.

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Madrid, Arte

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