Símbolo de poder, hermano en el sufrimiento

Ulrich Raulff, en una imagen de archivo./WIKIPEDIA
Ulrich Raulff, en una imagen de archivo. / WIKIPEDIA

«Si no hubieran existido, aún nos tiraríamos piedras», dice Ulrich Raulff, que indaga en la relación entre equinos y humanos en 'Adiós al caballo'

Álvaro Soto
ÁLVARO SOTOMadrid

El 3 de enero de 1889, Friedrich Nietzsche camina por la plaza Carlo Alberto de Turín y presencia cómo un cochero golpea con saña a su caballo. El filósofo corre hacia el animal, lo abraza y lo identifica como un hermano en el sufrimiento, y paradójicamente, en aquel arrebato de humanidad muchos ven el inicio de la locura del pensador alemán. El ensayista alemán Ulrich Raulff utiliza la anécdota de Nietzsche para ilustrar la relación entre los equinos y los humanos en el libro 'Adiós al caballo' (Debate).

«Si no hubieran existido los caballos, estaríamos diseminados en muchos países porque los grandes territorios no podrían haber sido conquistados, mantenidos y administrados sin la ayuda de estos animales. Pero aún más, si no hubieran existido los caballos, todavía estaríamos tirándonos piedas», explica Raulff, que ha recorrido en su libro la historia de estos animales.

El caballo, destaca el autor, «es la compañía más ancestral y más estrecha del ser humano». Los equinos han sido acompañantes del hombre en la paz y en los conflictos, y se han erigido en símbolos de «la guía y la dirección». «Durante siglos, y especialmente en el Barroco, se pensó que un líder que no fuera capaz de domar a un caballo de forma perfecta no sería capaz tampoco de guiar a un país». También los caballos eran símbolos artísticos y estéticos, de ahí su proliferación en las estatuas, montados por los líderes más gloriosos, a los que les aportan dinamismo y movimiento.

Pero en 'Adiós al caballo', Raulff establece una línea divisoria. Con la industrialización del siglo XIX y la aparición de los nuevos medios de transporte en el XX, el caballo quedó relegado y nada ilustra mejor su pérdida de importancia que el papel de este animal en la guerra. «Hasta aquella época, el caballo estuvo del lado de los poderosos. Para un simple soldado de infantería, ver un caballo significaba el horror. Nada temían más estos soldados que ser aplastados por los cascos de un caballo. Pero desde la Guerra Civil americana, cuando descuellan las nuevas tecnologías relacionadas con las armas, el caballo pierde su poder y acaba situado al lado de los más débiles».

En el libro, Raulff destaca la importancia del caballo ibérico, un producto surgido del cruce seleccionado de caballos árabes y de los que estaban en la península. Estos caballos españoles, llamados andaluces, «eran los más versátiles y los más inteligentes. En el Renacimiento y el Barroco, el caballo español agrupa todo el saber equino que habían traído los árabes, y ese saber equino acaba llegando a América con la conquista y siendo todavía más perfeccionado por los indios», explica Raulff.

Si tuviera que quedarse con un caballo en toda la historia, el ensayista elegiría a Bucéfalo, el animal con el que Alejandro Magno conquistó el mundo conocido. «Todos los grandes líderse de la historia, desde César hasta Napoleón, son descendientes de Alejandro y lo mismo cabe decir de los grandes caballos sobre los que montaban», asevera.

Además de metáfora de la locura, la historia de Nietzsche en Turín también se interpreta como uno de los primeros gestos de los humanos hacia el bienestar de los animales. «Los primeros esfuerzos del proteccionismo animal los protagonizaron los cuáqueros, pero el movimiento cobró verdadera importancia en el siglo XIX y en el caballo halla su expresión más poderosa», argumenta el autor.

Temas

Libro
 

Fotos