'Sueños de luto' para contar la Guerra Civil en Babia

Portada de 'Sueños de luto'./
Portada de 'Sueños de luto'.

Víctor del Reguero traza una crónica entre literaria e histórica con ilustraciones de Carlos Rodríguez Casado en la primera parte de un libro que continuará en el futuro y que relata de forma detallada a los represaliados de la comarca y el caso de las 'mártires de Somiedo'

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'Sueños de luto' es el título del primer libro editado por La Memoria del Norte, en el que su autor, Víctor del Reguero, concibe «una estampa de un tiempo pasado y de un mundo perdido a través de las estampas de varios lugares, acontecimientos y personas que lo compartieron, conformando un inventario de las derrotas que en Babia dejó la Guerra Civil.»

Por ello el libro se subtitula «Estampas y derrotas de la Guerra Civil en Babia», y es una miscelánea entre la historia y la literatura, en la que el texto se da la mano con las ilustraciones hechas por Carlos Rodríguez Casado, en las cuales se ha cuidado cada detalle para ambientar tanto los escenarios como los personajes, recurriendo a fotografías de época y otras informaciones.

Evocación de personajes desconocidos

En las 160 páginas del volumen, editado con la colaboración de la Junta de Castilla y León y la Diputación de León, se hace un recorrido por los tiempos de la II República y los acontecimientos previos al golpe de Estado de 1936 que desembocó en la Guerra Civil.

El hilo conductor son los maestros y maestras que destacaron en la época no solo por su labor educativa, sino por el papel cívico que asumieron durante la República. Maestros en una comarca que destacaba y hacía gala por no tener un solo analfabeto, y de la que cada año partían numerosos jóvenes para ser contratados en la «feria de maestros», como enseñantes en las aldeas más recónditas de las cabeceras de Asturias.

De las Misiones Pedagógicas a las mujeres rehenes

El recorrido de las Misiones Pedagógicas por varios pueblos de Babia en el verano de 1932, con las proyecciones de cine que llenaron los ojos de los lugareños de asombro y curiosidad ante lo que para ellos era una auténtica novedad, se completa con otros pasajes que dan a ver los acontecimientos de la época, como los sucesos revolucionarios de octubre de 1934, tras los que fue encarcelado el maestro de Piedrafita de Babia, Ignacio Escudero, en base a una denuncia que se demostró falsa.

Luego, una vez se produjo la sublevación de julio de 1936, se hace crónica de la detención de varios derechistas por parte de grupos obreros, y su posterior conducción a Asturias, donde encontraron de diversas formas la muerte. También de la llegada en agosto de 1936 de las tropas y los falangistas, estos al mando de José Antonio Girón de Velasco –jefe de Falange en Valladolid y luego ministro en la dictadura franquista–, que se encaprichó de un cachorro de mastín y terminó llevándoselo.

La represión inmediatamente puesta en práctica toma forma en el encarcelamiento de las mujeres e hijas de los maestros y republicanos que habían huido a Asturias escapando de la muerte o la cárcel: Encarnación Flórez, Herminia Cortinas, Celestina Hidalgo, Araceli Marcello, Honorina Rodríguez, Rosa Pérez o Rosario Álvarez son algunos de sus nombres.

El copo del puerto y 'las mártires de Somiedo'

El libro es solo una primera parte que continuará en un futuro y, por tanto, alcanza cronológicamente hasta finales de octubre de 1936, cuando tuvo lugar el 'copo' del Puerto de Somiedo, en el que entre el 27 y el 28 de octubre de 1936 los milicianos republicanos (en su mayoría, mineros bercianos y lacianiegos) se adueñaron de la guarnición de sublevados que permanecía en dicho lugar.

Un episodio, la acción de guerra más importante de los republicanos en el frente asturleonés, que ha pasado a la historia principalmente porque en él fueron detenidas, para ser luego asesinadas, las tres enfermeras de Astorga a las que se bautizó como 'las mártires de Somiedo'.

Se aporta un pormenorizado relato, el más completo y detallado publicado hasta ahora, sobre lo ocurrido en el combate que llevó a los republicanos a tomar todas las posiciones que defendían el Puerto de Somiedo y, al cabo, a la comandancia de este, donde se detuvo a la plana mayor del destacamento y a las tres enfermeras.