Luz Gabás: «La España vacía tiene futuro»

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Luz Gabás.

Toma el pulso de la cambiante España rural en 'El latido de la tierra', la cuarta y «ecléctica» novela de la escritora y exalcaldesa de Benasque | «Es hora de que derrumbemos para siempre la barrera entre lo rural y lo urbano»

Miguel Lorenci
MIGUEL LORENCIMajaelrayo (Guadalajara)

«La España vacía tiene futuro, por más que el pasado de la España rural esté perdido y sea irrecuperable». Lo dice muy segura Luz Gabás, autora que regresa a la arena editorial para tomar el pulso «sin nostalgia ni lamentos» a la España rural en 'El latido de la tierra' (Planeta). Es la cuarta y «ecléctica» ficción de Gabás en una carrera que comenzó en 2012 con el bombazo de 'Palmeras en la nieve'. «Es mi novela más sentida, romántica y sincera», asegura la narradora, exprofesora y exalcadesa de Benasque, que de nuevo muestra su profundo apego a la tierra y sus tradiciones, pero esta vez alternado crimen, intriga y amores maduros en un relato generacional en torno a los hijos de quienes abandonaron los pueblos para apiñarse en las ciudades de todo el país.

«Un pueblo vacío es una historia truncada. Cada pueblo vacío es una historia por contar» se lee en la novela y lo suscribe Gabás, que defiende «la tierra y el mundo rural como patrimonio de todos» y apuesta decidida por su futuro. «La España vacía tiene futuro, insisto, lo que no sabemos es cómo será», dice la escritora. Ella prefiere hablar de la España «rural» y «vacía» antes que de la España «vaciada». «Nadie ha tomado la determinación de vaciarla; se ha ido quedando vacía por un cúmulo de causa», explica. Lo hace en Majaelrayo, un remoto pueblo de la Sierra Negra, al norte de Guadalajara, con apenas una veintena de habitantes. «Es como uno de esos cientos de pueblos que han inspirado Aquilare, el que describo en el libro», dice.

«Quiero que se ve el mundo rural con naturalidad. Yo vivo en un pueblo de 17 habitantes porque quiero, pero tomo el AVE y estoy en nada en un reunión con mis editoras en Madrid o Barcelona. Hay que derribar para siempre la barrera entre el pueblo y la ciudad y acabar con la imagen de inferioridad del medio rural», reclama la autora, que encabeza cada capítulo con un tema musical, de Deep Purple a Bruce Springsteen pasado por Leño o Los Suaves. «El heavy es mi verdadero yo», confiesa Gabás.

«Si las epidemias, el hambre y las guerra diezmaron antes los pueblos, ahora es el lo que marca el Gobierno lo que los vacía», se lee en los primeros compases de un relato que Gabás ambienta en una mansión frente al imaginario Aquilare, pueblo expropiado y abandonado, como tantos otros en los 70 del siglo pasado. La familia de Alira, la protagonista, fue la única que siguió en pueblo tras la despoblación y ella sigue arraigada al pasado y a la tierra.

Asesinato

La placidez de su mundo se esfuma cuando se decide a alquilar parte de la mansión Elegía, en la que vive, y un grupo de repobladores decida instalarse en las ruinas de Aquilare y con la aparición de un cadáver en la casa que lo trastocará todo aún más. La investigación de la inspectora de la Guardia Civil Esther Vargas sacará a la luz la verdadera naturaleza de los personajes y cambiará el mundo de Alira para siempre. La pesquisa sobre el crimen será el hilo conductor de una historia de amor otoñal que alterna el misterio con una honda reflexión sobre la tradición, la herencia, el amor a la tierra y el dolor por su pérdida.

«No es una novela negra», advierte la autora. Prefiere hablar de una ficción «multigénero, romántica, policíaca, rural, generacional e histórica y plagada de metáforas». Sin embargo, utiliza Gabás los elementos del género policíaco para retratar los problemas morales y sociales de los personajes. «Inseguridad, angustia y miedo son las palabras clave del libro, que como toda buena historia policíaca, trata de explicar la realidad de los protagonistas.

Gabás acentúa en esta ficción el fuerte apego que tiene por la tierra y el deseo de volver a la naturaleza que late en todas sus novelas. Ni es casual que Elegía, el lamento por lo que ya no está, sea el nombre de la mansión. La autora «se debate entre la nostalgia de un pasado feliz y la esperanza de un futuro incierto». Sin idealizar ese futuro, cuenta las bondades y los retos de la vida rural «sin difuminar la visión entre buenos y malos». «Hay mucha sinceridad, habla de gente como yo, muy apegada a sus raíces, y espero que llegue a muchas personas», plantea la escritora, confesando que el relato «tiene algunas claves autobiográficas».

Gabás (Monzón, Huesca 1968) creció entre su pueblo, el valle de Benasque, Cerler y la isla de Fernando Poo, en Guinea Ecuatorial. Cuando era una cría en la casa familiar en Cerler no había tele. Al calor de la lumbre, su padre contaba historias «fascinantes» sobre su años como capataz de una plantación de cacao en Guinea, el germen de su primera novela. En la biblioteca municipal de Monzón descubrió a Salgari, Verne y Ramón J. Sénder. Luego llegarían Lovecraft y Poe y un diario del que solo conserva un volumen. «Los demás, los quemé».

Entró en la literatura por la puerta grande, vendiendo más de medio millón de copias de 'Palmeras en la nieve', que rozó las veinte ediciones, se tradujo a un puñado de idiomas y hubo peliculón con Mario Casas como protagonista. Un éxito que trató de repetir con 'Regreso a tu piel', una incursión el la brujería del siglo XVI, y 'Como fuego en el hielo', con la que cerró una trilogía emocional sobre sus queridas montañas del Pirineo. «Quizá esta vez haya película, ojalá. Yo siempre escribo pensado que la historia encierra una película y veo películas en las novelas de los demás», concluye.

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