Así es la librería más antigua de España

Un veinteañero llamado Santiago Rodríguez la abrió en Burgos en 1850

La librería, en una imagen de principios del siglo pasado./
La librería, en una imagen de principios del siglo pasado.
José Antonio Guerrero
JOSÉ ANTONIO GUERREROMadrid

El año del Señor de 1850 comienza en martes. Isabel II reina en España y preside el Consejo de Ministros, Ramón María Narváez, el temible Espadón de Loja, aquel general granítico que en su lecho de muerte respondió al confesor que le exhortaba a que perdonase a sus enemigos «No tengo, padre; los he matado a todos». En 1850 Madrid es una ciudad de 200.000 almas asolada por epidemias de cólera y tifus. Jornaleros y criados ocupan el escalafón más bajo de los trabajadores. Apenas ganan 90 reales al mes, justo para pagar el alquiler de una habitación y comprar un kilo de pan de la peor calidad. Pese a las miserias, se inaugura el Teatro Real con 'La Favorita' de Donizetti, y por primera vez se emplean sellos en la correspondencia. Ese año nace en El Ferrol Pablo Iglesias, y Santiago Rodríguez, un veinteañero inquieto, educado y de talante liberal, abre en Burgos una librería con su mismo nombre que, doce papas, cinco reyes, dos repúblicas, cuatro constituciones y unas cuantas guerras después, sigue despachando letras en el casco histórico burgalés.

Santiago Rodríguez no pertenecía a una familia rica, aunque sí acomodada. Su padre tenía tierras y se codeaba con la nobleza y la burguesía burgalesa, pero lo cierto es que se ganaba la vida como administrativo del Ayuntamiento. El hombre siempre se preocupó de que sus hijos estudiaran. Uno fue abogado, otro siguió sus pasos y se colocó de administrador, y Santiago, el más emprendedor, se sacó un título de bachiller en Artes, antes de pedir a su padre un anticipo de la herencia para montar una librería en un país que no leía y con un 80% de su población analfabeta. El riesgo estaba ahí. Pero Santiago, a sus 21 años, era un joven de acción, un tipo con un deseo irrefrenable de empujar la cultura, de progresar intelectualmente, una persona ilustrada, moderna y renovadora, de espíritu crítico y carácter abierto; una rara avis para la época, vaya.

Y al chaval no le faltaba olfato para los negocios. Abrió su pequeño local (la librería Santiago Rodríguez) en la calle Laín Calvo, la más comercial de Burgos, donde residían las familias adineradas, y donde se encontraban las escuelas más pudientes. Rodríguez forjó un lema -'La escuela redime y civiliza'- y bajo ese principio empezó a vender todo lo que caía en sus manos: novelas y poemarios, catecismos y biblias, folletines, silabarios... No mucho más tarde su espíritu innovador le llevó a dar un paso más y compaginar el oficio de librero con el de editor. Compró una vieja Minerva y, años después, se trajo de Inglaterra una Marinoni, la máquina de imprimir del momento, y se lanzó de cabeza al negocio editorial.

Enciclopedias y cuadernos escolares

En un taller cercano a la librería montó una imprenta con la idea inicial de publicar sus propias obras (casi todas relacionadas con la educación) y las de otros autores locales. Su hijo Mariano se encargó de dar a la empresa el impulso necesario para convertirla en una de las más potentes del ramo. Con el tiempo editaron notables enciclopedias y cuadernos escolares, y tuvieron en su nómina de autores a premios nacionales de Literatura como Wenceslao Fernández Flórez, y a intelectuales de la talla de María Teresa León, esposa de Rafael Alberti, y una de las salvadoras de la pinacoteca del Prado en la Guerra Civil.

Generaciones de españoles, sobre todo desde los años 30, han estudiado con la Enciclopedia Universal Hijos de Santiago Rodríguez, y con las célebres cartillas 'Amiguitos', una especie de 'Cuadernos Rubio', con las que aprendió medio país en la segunda mitad del siglo pasado. «Esas cartillas fueron un hito editorial por su calidad y su buen precio, un reflejo de la filosofía de Santiago Rodríguez de difundir la cultura a todo el mundo, incluyendo las clases más populares», cuenta su tataranieto Lucas, de 59 años.

Local actual de la librería, regentada por los herederos de Santiago Rodríguez. / Gabriel de la Iglesia

El incendio

Lucas Rodríguez Plaza lamenta los escasísimos documentos que existen de la vieja librería (facturas, registros, pedidos…), así como de las obras escritas por su tatarabuelo. «Hubo un incendio que lo arrasó todo, no queda casi nada de aquella época». Lo corrobora la profesora e investigadora burgalesa Pilar Alonso, que prepara una tesis sobre la figura del fundador de la considerada librería más antigua de España. «En realidad no hay ningún dato que lo certifique, no hay un documento del registro mercantil o un escrito oficial que dé fe de la apertura en 1850. Hay dudas razonables de que fuera exactamente en ese año, pero por posteriores publicaciones, e incluso por anuncios en prensa, podemos deducir que es así».

Pilar Alonso, que lleva años buceando en archivos y realizando una paciente y minuciosa labor de recopilación de papeles, destaca la personalidad de Santiago, un empresario con un olfato excepcional para el negocio de los libros, que se supo relacionar muy bien con la sociedad burgalesa (fue varias veces concejal) y que tuvo en su hijo Mariano el perfecto sucesor. «Él se encargó de impulsar y ampliar el negocio a los mercados nacional e internacional», explica la docente. De hecho, la empresa familiar contó con oficinas en Latinoamérica, lo que da una idea del vuelo que cogió la editorial bajo la tutela de Mariano, quien también fue fundador de la Asociación de la Prensa de Burgos, y llegó a publicar un semanario ('Cartas Burgalesas'), cuyo primer número salió de la imprenta el 16 de noviembre de 1890. Unos meses después, el 9 de abril de 1891, fallece Santiago a los 61 años de edad. Y su hijo Mariano y sus hermanos constituyen la sociedad Hijos de Santiago Rodríguez, nombre con el que la librería ha llegado a nuestros días.

La sexta generación

A Mariano le siguió su hijo Lucas Rodríguez Escudero, que, en la misma línea de su padre y su abuelo, siguió dando alas a la empresa. Fue este Lucas, abuelo de Lucas Rodríguez Plaza, el que decidió cambiar de emplazamiento en 1960. Se mudó a la Plaza Mayor, a cinco minutos de su primera ubicación, a un impresionante local de dos plantas y 350 metros cuadrados (otra rareza en aquellos años grises) y que renovaba la apuesta de la familia por la cultura. Y ahí siguen en la actualidad, donde Mercedes Rodríguez Plaza (hermana de Lucas) y sus hijas, la sexta generación de libreros Rodríguez, continúan dedicándose al noble oficio de vender libros 163 años después de Santiago.

«La imprenta se cerró en 1980, pero mantenemos la librería e incluso hemos abierto un segundo establecimiento», detalla Lucas. El establecimiento, un referente en Burgos, acoge presentaciones, recitales de poesía, charlas con autores, cuentacuentos para los más pequeños y cualquier actividad que se les ocurre para acercar la lectura a la gente. Con ingenio e ilusión a partes iguales, los herederos del viejo Santiago continúan involucrándose en el tejido social de la ciudad para no perder de vista aquel lema de 'La escuela redime y civiliza'.

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