Henry Miller, un retrato epistolar

Henry Miller, en una imagen de archivo./
Henry Miller, en una imagen de archivo.

Aparece en España 'Quisiera dar un gran rodeo', un libro que recoge las cartas que el escritor norteamericano intercambió con Michael Fraenkel

Álvaro Soto
ÁLVARO SOTOMadrid

Existía una obra de Henry Miller (Nueva York, 1891-Los Ángeles, 1980) prácticamente desconocida: escrita por el autor desde su exilio autoimpuesto de París, de ella se lanzaron un número muy limitado de ejemplares, apenas se distribuyó y se imprimió de una manera original pero poco comercial. Se trata de una serie de cartas que Miller escribió a su colega Michael Fraenkel con Hamlet como hilo argumental, pero que acaban divagando de la literatura y de la vida. Estas cartas aparecen ahora publicadas en España por la editorial Malpaso bajo el título 'Quisiera dar un gran rodeo'.

El editor de las cartas, Michael Hargraves, escribió la introducción de este libro. «Muchos de los temas que Miller aborda en sus cartas son aquellos sobre los que más adelante comentó tras su regreso a los Estados Unidos. Naturalmente, su omnipresente opinión sobre la vileza y la fealdad de los Estados Unidos salpica toda la obra. Hay que recordar que, cuando compuso estas cartas, estaba convencido de que nunca regresaría aquí y podría descargar su ira con todas sus ganas. También habla de la afinidad con los chinos, de sus sabios y filósofos», resume Hargraves.

En sus epístolas, los artistas pasan por el bisturí de Miller, igual que los judíos y, por supuesto, su propia existencia. «Miller se retrató como un hombre lleno de vida, un hombre que disfrutaba y vivía plenamente», sostiene Hargraves. «Tenía la misma sensación que Baudelaire de estar condenado a la esperanza. Miller nunca se rindió, ni siquiera en sus momentos más sombríos», resume.

Autor de obras clave de la narrativa contemporánea como 'Trópico de Cáncer', 'Trópico de Capricornio' o la triología formada por 'Sexus', 'Plexus' y 'Nexus', Miller, tras pasar por el City College de Nueva York, se marchó a París, donde se convirtió en un bohemio al que admiraron la generación 'beat' y autores como Bukowski o Norman Mailer.

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