Juan Vico: «La cultura es un bálsamo para soportar la vida, pero no resulta suficiente»

El escritor Juan Vico./Efe
El escritor Juan Vico. / Efe

El escritor catalán juega con los anhelos y las frustraciones de un grupo de amigos en su novela 'El animal más triste'

Álvaro Soto
ÁLVARO SOTOMadrid

La reunión de amigos en algún lugar aislado en la que salen a relucir fantasmas y deseos ocultos es un clásico en la literatura y el cine. Pero el escritor Juan Vico (Badalona, 1975) le da una vuelta de tuerca a este subgénero, llevándolo incluso a la ironía, en su nueva novela, 'El animal más triste' (Seix Barral), en la que el visionado de un corto que los protagonistas grabaron cuando eran estudiantes actúa como hilo conductor.

«Pese a no haberles ido mal en la vida, los personajes sienten frustración por no haber podido alcanzar el ideal al que aspiraban de jóvenes. Sus vidas cotidianas no corresponden a sus deseos», asegura Vico, que contrapone los sueños cuasi revolucionarios de la pandilla con su realidad pequeño burguesa. Por eso, la figura de un compañero de andanzas de los protagonistas que murió en la juventud se convierte «en el espejo en el que se miran todos porque siempre será una promesa, un potencial eternizado, y ya nunca se sabrá si habría podido alcanzar las metas a las que aspiraba», en comparación con sus colegas.

Autor de novela como 'Hobo', 'El teatro de la luz' o 'Los bosques imantados', Vico reflexiona sobre un sentimiento muy común en el mundo del siglo XXI, según él mismo explica: «Luchamos por conseguir algo y si no lo conseguimos, nos sentimos frustrados. Pero si lo conseguimos, nos ocurre lo mismo, también estamos frustrados», afirma el escritor, que no cree que la suya sea una novela generacional, pero sí entiende que muchos lectores se sientan identificados con los anhelos o el vacío que sobrevuelan el texto, los de un grupo de edad que creció pensando en que con esfuerzo podía lograr todo lo que quisiera frente a otro, los nacidos en la crisis, cuyas expectativas han chocado contra la precariedad.

Los protagonistas de la narración de Vico apelan continuamente a referencias cinéfilas y literarias, muchas veces cayendo en la pedantería, una alusión a la capacidad de la cultura para ofrecer luz, pero por el contrario, también a su incapacidad para ofrecer todas las respuestas. «La cultura cumple una función de bálsamo para ayudarnos a soportar la vida, pero no es suficiente», asevera. Lo mismo ocurre con el sexo, que no siempre es placentero.