«Viajar es libertad»

Javier Reverte, en Manhattan. «Nueva York es el sitio donde no quieres que la noche se acabe. Aunque ya tengo una edad y yo lo que quiero es irme pronto a dormir ./R. C.
Javier Reverte, en Manhattan. «Nueva York es el sitio donde no quieres que la noche se acabe. Aunque ya tengo una edad y yo lo que quiero es irme pronto a dormir . / R. C.

La Sociedad Geográfica Española entrega sus galardones anuales al mundo de la exploración y distingue como Miembro de Honor a Javier Reverte, el gran escritor de viajes. «Me quedó grabado descubrir el mar, con once años en Galicia»

José Antonio Guerrero
JOSÉ ANTONIO GUERREROMadrid

La Sociedad Geográfica Española (SGE), que lleva más de 20 años fomentando el viaje, la exploración y el saber científico, ha entregado sus premios anuales en un acto presidido en la noche del lunes por el Rey. El fotoperiodista Sebastião Salgado, la historiadora Selma Huxley, la astrofísica Asunción Sánchez Justel, la viajera en moto Alicia Sornosa, el inventor y empresario Boyan Slat y su proyecto 'The Ocean Cleanup', el Atlas de España del Instituto Geográfico Nacional y la Fundación Palarq de apoyo a la Paleontología y Arqueología compartieron los galardones en una emocionante jornada en la que la SGE nombró Miembro de Honor a uno de sus fundadores, el escritor y periodista Javier Reverte, un imprescindible del género del relato de viajes en nuestro país.

Reverte (Madrid, 74 años) ha navegado el Índico, el Pacífico y el Atlántico, ha cruzado el Ártico y el canal de Panamá, ha pisado el hosco suelo de la Isla de Hornos, «uno de los lugares más desolados del mundo», ha descendido el Amazonas, ha recorrido los cursos del Nilo, el Mississippi, el Yangtse y el Congo, se ha internado en la sabana africana, ha vivido en Londres, París, Lisboa, Nueva York y Roma y, aunque no los ha contado porque reniega de poner chinchetas en el mapamundi, calcula que conoce «setenta u ochenta países».

De todos esos fabulosos viajes están hechos sus libros, desde la 'Trilogía de África', 'El río de la luz' (por Alaska y Canadá), 'Corazón de Ulises' (por los territorios de la Grecia clásica)... a su última obra, 'Confines' (2018), en los extremos boreal y austral del globo, lo que, según la tradición, le permite cenar con los dos pies sobre la mesa, cosa que, bromea, ya le dio un disgusto en un restaurante de lujo.

– ¿Qué le diría al Javier Reverte que hizo su primer viaje?

¡Haber empezado antes!

– ¿Tan tarde fue?

No, fue con once o doce años a ver el mar. Irme de mi casa a Galicia, tan lejos de Madrid, y ver algo que sólo había visto en el Nodo y en fotografías y ver que era verdad, fue tan emocionante que ahora pienso por qué no lo habría hecho antes, con tres años.

– ¿Qué es viajar?

Viajar es libertad. Dejar tus hábitos, las relaciones, las buenas y las malas, dejar atrás lo que conlleva la vida cotidiana, los horarios… Viajar es un espacio de libertad enorme en el que todo está por hacer. Sentirse absolutamente libre. Además, yo viajo solo, sin negociar nada con nadie. He aprendido a disfrutar de la soledad. Es una soledad escogida, y esa es estupenda. La que te coge a ti, no tanto.

Javier Reverte, en la Antártida, uno de los dos destinos de su último libro 'Confines' (2018), en el que también cuenta su aventura en el Polo Norte.
Javier Reverte, en la Antártida, uno de los dos destinos de su último libro 'Confines' (2018), en el que también cuenta su aventura en el Polo Norte. / R. C.

– ¿Es un mito eso de que se puede viajar con poco dinero?

No, qué va. Es verdad. Se puede viajar con muy poco dinero. Depende del tipo de vida que hagas. Quitando el avión, tres meses en África sale muchísimo más barato que dos semanas en Benidorm. No hay color y es mucho más intenso.

– Ahora que se habla tanto de Hernán Cortés, ¿qué pensaría ese extremeño al llegar a una tierra tan inmensa por explorar?

Los conquistadores iban con una cosa fundamental en su mochila mental, huir de la pobreza y hacerse ricos. En ellos latía una ambición terrible. Luego fueron cambiando y empezaron a contemplar el mundo como una gran aventura. Pero, en el caso de Cortés o Pizarro, eran personajes ambiciosos.

– A usted le falta viajar a la Luna...

Me encantaría ir a la Luna, pero no me lo paga nadie. Lo gracioso del tema es que no ha habido ningún astronauta que haya escrito un libro interesante. Con lo bueno que tiene que ser contar de una manera amena cómo se vive en una estación espacial o en una nave, pero sin aburrir con cuestiones técnicas. Sería un libro soberbio y a mí me encantaría hacerlo, pero no me lo puedo pagar.

– ¿Es el espacio la última frontera o todavía es posible encontrar la aventura aquí mismo?

Claro que es posible encontrarla. Yo no le doy a la aventura el carácter de exotismo. Para mí la aventura consiste en asomarte a lo que no conoces. Hay cosas que no conoces en tu propia ciudad y asomarte a ellas es una aventura emocionante. Qué mejor aventura que el amor. El día en que conoces a otra persona y te fascina aún cuando apenas la has conocido. Y de ahí puede salir un matrimonio feliz o un desastre absoluto… Te lanzas poniendo en ello todo tu corazón y tu cuerpo…, eso es una aventura estupenda. Y supongo que robar en los supermercados también puede ser una aventura para algunos políticos, jejejeje.

Javier Reverte, en uno de sus viajes a China.
Javier Reverte, en uno de sus viajes a China. / R. C.

– Dice que la mejor aventura es el amor, pero usted viaja solo...

Mi mujer es una gran viajera y mis dos hijos también, pero viajo solo porque lo que me fascina del viaje es escribir. Y creo que cuando vas a escribir tienes que ir solo. Si vas solo vas abierto a todo, a gente que te encuentras, a situaciones que no esperas… Si viajas con tu pareja, con amigos o con un grupo… estás en una burbuja que no sale de sí misma y te abres poco a los demás.

«Antes viajaba con una aspirina en el bolsillo, ahora con un cargamento»

«Antes viajaba con una aspirina en el bolsillo, ahora con un cargamento» Javier reverte

– ¿Le ha defraudado algún viaje?

Me decepcionó absolutamente Heraklion, la capital de la isla de Creta. Me pareció sosa, sin interés; está en la orilla del mar y vive de espaldas al mar, como si estuviera vallado para no verlo. Tampoco pienso volver a Viena.

–¿Viena?

Me decepcionó aún más. Es como una tarta empalagosa y de gente triste.

– ¿Cuál superó sus expectativas?

– Canadá. Es un país maravilloso, la gente es amable y no está en pie de guerra como sus vecinos, y es bellísimo, con una naturaleza a la que respetan y cuidan.

África, Garrucha y un jubilado

– ¿Tiene la impresión de que el turismo lo está arrasando todo?

El turismo es inevitable y todo el mundo tiene derecho a ver todo el mundo. Y se masifica, claro. Habría que organizarlo mejor. Estuve hace poco en Venecia y la encontré horrorosa. Tú no puedes meter en el Gran Canal un crucero, y lo están metiendo. Y encima te vas a un hotel que es un chamizo y te piden 150 euros.

– A los turistas ya no nos gusta llamarnos turistas sino viajeros, que suena más audaz…

Eso es otra idiotez lanzada por tíos que en el fondo son turistas. No hay ninguna diferencia; bueno, hay dos: el turista tiene que volver a trabajar y tiene billete de vuelta, y sabe lo que va a ver. El viajero es el que no tiene billete de vuelta y no sabe qué va a encontrarse.

– ¿Dónde ha visto la puesta de sol más bella?

En África.

– ¿Y el amanecer?

En el Mediterráneo. En Garrucha, Almería, saliendo a pescar bien temprano.

– ¿La persona más fascinante que se ha encontrado?

He encontrado de todo, pero la persona que más me ha impresionado fue un jubilado de Garrucha del que me hice íntimo amigo. Ya murió. Se llamaba Pepe Soler, 'El Vinagre'. Había estado de emigrante en Francia, apenas sabía leer, era un hombre que había trabajado toda su vida, de pescador, de cantero, en una fábrica… pero tenía mucho orgullo, mucha elegancia, mucha educación, hablaba estupendamente y tenía mucho sentido del humor y una posición ante la vida muy digna. Su filosofía se resumía en una expresión: 'La vida es un ratico, nene'.

– Un lugar donde quiera que la noche nunca se acabe.

Yo tengo una edad y ya prefiero que la noche se acabe pronto para dormir un poco, pero en otro tiempo, Nueva York.

– ¿A dónde será su próximo viaje?

No lo sé. Hace poco he venido de Sicilia y estoy escribiendo sobre ello. Ya no creo que haga viajes demasiado lejos. Tengo 74 años, me han tenido que operar tres veces . Estoy bien, pero antes viajaba con una aspirina en el bolsillo y ahora tengo que llevar un cargamento. Hay sitios que no me interesan, por ejemplo Australia. ¿Por qué? No sé, será un capricho. Y otros que me quedaré sin ver porque cuanto más recorres el mundo más grande te parece, qué le vamos a hacer.

– ¿Cuál es esa imagen de todos sus viajes que aún tiene grabada en la retina?

La primera vez que vi el mar en Galicia. Lo vi desde un autocar de línea al subir una cuesta. Alguien gritó '¡mira el mar!'. Me levanté de mi asiento y me pareció maravilloso. Era temprano y tenía como un color cobrizo, todavía me acuerdo.

Pedro Páez, jesuita y explorador del XVII

– Dice que viajar es una buena medicina, ¿para qué?

Lo primero, te enfrentas a cosas que no tenías en la cabeza que te ibas a encontrar con ellas. Suceden muchas cosas inesperadas y tú mismo tienes que poner en marcha una serie de estrategias que te ponen a prueba, tu capacidad de decidir y tu valor. Hay momentos que te da miedo. Viajar ya te da una medida de ti mismo que no es fácil encontrar en la vida cotidiana porque la vida cotidiana es la costumbre; lo otro es una sorpresa, es encontrarte el mundo y desarrollar una actitud frente a él. Y lo segundo, te conviertes en una persona más sobria, necesitas menos cosas y te das cuenta que con muy poco puedes vivir de una manera holgada. Aprendes eso y muchas más cosas, como que no puedes juzgar a los pueblos en función de tópicos y a huir de ese nacionalismo de aferrarse a una sangre, a un apellido, a un paisaje, una patria… eso es una tontería.

– Usted ha escrito un libro sobre la vida del misionero jesuita Pedro Páez, primer europeo que alcanzó a ver las fuentes del Nilo azul en Etiopía. … usted descubrió a este personaje fascinante y tan desconocido para el público español… eso también es explorar…

Sí, Pedro Paéz es un personaje bárbaro, soberbio, del que en España apenas sabíamos nada. Investigué con los jesuitas, estuve en Etiopía y acabé haciendo un libro sobre él 'Dios, el diablo y la aventura', y gracias a ese libro se tradujo el suyo, un libro científico de cuatro tomos que había escrito en portugués. En el pueblo de Madrid donde nació no sabían ni que era de allí. Ahora tiene una estatua. Nadie más que yo ha escrito sobre este tipo y los historiadores no me valoran mucho. Como no puse notas a mitad de página y el libro estaba bien escrito, y no como muchos libros de historiadores que están escritos con los cojones. Tenía que haber escrito un libro más oscuro, que se entendiera poco y abrumadoramente lleno de notas, jajajaja. 

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