José Ramón Vega expone sus fotos sobre la quietud del mundo

Imágenes de la exposición que se puede ver en Armaga.

La sala Armaga de León muestra una retrospectiva de las fotografías del fotógrafo José Ramón Vega, autor de la icónica imagen de Leopoldo María Panero

LUIS ARTIGUELeón

Como en los celebrados trabajos fotográficos de Sebastiao Salgado o Travis Burke, hay una luz, en sus fotos con luz, que purifica lo visto, aunque, bien mirado, nunca lo purifica del todo...

Y es que el fotógrafo leonés José Ramón Vega, moreno de verde luna, formato de entrecruce prohibido de sangre judía y mora, voz de carraca nueva, ojos negros de quinqué y manos como en desacuerdo, es antiguo si ser caballeroso y buen escuchador es algo antiguo, es moderno si estar en sintonía con la belleza audaz es algo moderno, y su forma de mirar no sabría decir si se subdivide o, en realidad, nos subdivide (como haría Jack el Destripador con nuestra alma de haber sido fotógrafo en vez de optar por un estilo de vida más creativo: asesino en serie).

Sí, igual que las efigies egipcias mitad mujer mitad gato, José Ramón Vega, fotógrafo realista con finura emocional, diríamos que tiene dos almas: una es la del retratista en blanco y negro penetrantemente ochentero heredero, de un personalísimo modo, de la obra de Alberto García Alix y Humberto Rivas, y otro es el fijador de atmósferas ejecutadas al modo de un figurinista atento que se fijara en los paisajes y en las cosas así, de modo tal que si hubiera avisado a la realidad de que se mostrara coqueta y le hiciera un posado.

Bien lo muestran sin alardes las fotografías seriadas que actualmente tiene colgadas en la Galería Armaga.

Se trata de una antología de atmósferas envolventes.

De hecho, a medio camino entre las instantáneas de lirismo suburbano de Christopher Anderson, el paisajismo esencial de Carlos Cánovas y los enfoques imposibles de la naturaleza con texturas de Bleda y Rosa, el fotógrafo leonés José Ramón Vega nos ofrece aquí, en esta exposición crípticamente titulada Cancamusa, un compendio de imágenes de viaje en el espacio o en el tiempo, que de todo hay, plenamente instaladas todas en la tradición visual contemporánea (que ya se sabe que es tan amiga de combinar esencia y vanguardia, mundanidad y primitivismo, Lyon y la vieja escuela ya cerrada del pueblo del que todos venimos...).

Frente a la palabra, la imagen de por si nos ofrece una visión plana, roma, de la realidad que la fotografía artística, emulando a su madrastra estrecha la pintura, ha venido trascendiendo a lo largo de su corta historia de audaces maneras: todo hasta llegar a la actualidad en la que la fotografía es el modo más vigente de mirar que hay en nuestro lamentable tiempo.

Y en este sentido la aportación visual de José Ramón Vega viene a ser una mezcla de serenidad perfeccionista en los encuadres, y de detallismo nostalgiante en las representaciones, para configurar, en suma, una poética contradictoria del mundo: sus fotos, que combinan la belleza y decrepitud del acuciante hoy, reflejan lo contradictorio de la hegeliana realidad así, como si nuestro fotógrafo estuviera retratando con magnetismo, emoción y belleza la decadencia presente.

La recomendable muestra viene a ser el lado expositivo de un libro homónimo publicado con mimo por la meritoria Editorial Eolas, y en el cual las imágenes vienen acompañadas de textos o réplicas verbales. Es una pena que los textos no estén a la altura.

Pero las fotografías tienen altura, personalidad, tocan un nervio del alma y dan vida…

¡Viva vivir viendo!

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