El ILC inaugura la exposición 'Secuencias' del leonés Miguel Ángel González

Una de las obras que se expondrá./
Una de las obras que se expondrá.

La muestra se presenta este este viernes, 4 de octubre a las 20.00 horas, en el Instituto Leonés de Cultura

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El Instituto Leonés de Cultura inaugura este viernes, 4 de octubre a las 20.00 horas, la exposición 'Secuencias' del autor leonés Miguel Ángel González

La muestra pretende realizar un sencillo homenaje y al mismo tiempo poner en valor la obra de Miguel Ángel Febrero, uno de los artistas fundamentales del panorama artístico leonés del periodo que transcurre desde finales de los años setenta hasta los primeros años del cambio de siglo, periodo de una gran significación artística en el arte leonés tanto dentro como fuera de nuestras fronteras; recordar nombres como Luis García Zurdo, Alejandro Vargas, Modesto Llamas Gil, Petra Hernández, Antonio Gago, Manolo Jular, Enrique Estrada, Juan Carlos Uriarte, entre otros.

La exposición se plantea desde un enfoque retrospectivo y está integrada por un total de sesenta y dos pinturas de diversos formatos y técnicas que suponen una aproximación muy interesante y fiable a las diferentes etapas evolutivas que integran estos casi cuarenta años de intenso trabajo en la la trayectoria creativa de Miguel Ángel González Febrero. El montaje en la sala Provincia parte de una estructura lineal de tipo cronológico, que permite una lectura coherente y secuencial de la evolución de su trabajo desde sus inicios hasta la actualidad, aunque en determinados momentos se hacen algunos cambios o saltos cronológicos para conseguir un montaje más visual, dinámico, coordinado y expresivo.

Esta propuesta expositiva encaja perfectamente dentro del proyecto general expositivo del Departamento de Arte y Exposiciones del Instituto Leonés de Cultura, en la vertiente de muestras retrospectivas que documentan la trayectoria creativa de artistas significativos leoneses.

Miguel Ángel González Febrero nace en León en 1948 e inicia su formación de la mano del escultor Victor de los Ríos y posteriormente con Francisco Espinos en Madrid, asiste al Círculo de Bellas Artes y expone por primera vez sus dibujos con otros compañeros de este centro en 1967. Posteriormente ingresa en 1969 en la Escuela de Bellas Arte de San Fernando, sin que llegase a terminar los estudios. Su obra muestra desde un principio una vinculación al naturalismo y al realismo, aunque se pueden diferenciar algunas variantes según el momento y las obras pictóricas que analicemos. Así nos podemos encontrar con piezas que presentan un cierto enfoque impresionista en el aspecto técnico por el tratamiento del color, la luminosidad y la pincelada suelta y vibrante. Por otro lado, surge una influencia de un cierto hiperrealismo en su vertiente más castiza o española, cargada de una cierta melancolía a la hora de captar y reivindicar el aspecto urbano más popular y tradicional de la ciudad y de los pueblos con cierto vínculo a la obra de Petra Hernández.

También cuenta al mismo tiempo y casi en paralelo con obra de un realismo que incorpora cierta influencia del hiperrealismo americano con un cierto toque pop, planteándonos la captación de la realidad más actual, con unos enfoques formales y estéticos muy próximos a las primeras etapas del pintor hiperrealista español José María Cuasante; así se podría comparar la similitud de la pieza de Febrero que representa el autobús de la Empresa de Transportes Fernández con algunas obras de calles con coches y personajes de Cuasante. Posteriormente trabaja de forma intensa el paisaje natural, la figura y el retrato que pasan a ser temas estructurales que siempre estarán presentes en su pintura, aunque puedan estar subyacentes.

Años 80

A partir de finales de los años ochenta su pintura se libera, se irá poco a poco desmaterializando formalmente, desnudando de elementos superfluos y generando una obra sintética en un espacio plenamente pictórico de experimentación cromática y matérica, dando paso a la liberación plena de la mancha de color en una utilización de una composición abierta y dinámica. A partir de este nuevo enfoque vendrán en los años noventa una inmersión en un intenso expresionismo en bodegones, paisajes e incluso rememoraciones o interpretaciones de figuras clásicas de la pintura española como ocurre en el Cardenal, piezas de una gran densidad y textura pictórica, donde el gesto del pincel y la brocha toman protagonismo en la expresión dramática y gestual del tema representado.

Por otro lado, desarrolla un expresionismo muy potente y significativo, centrado en este caso en la representación de la figura humana, que se hace más sereno, menos agresivo en su expresión, con un colorido más alegre y sutil, que presenta la desnudez y deformidad de las figuras que se definen casi linealmente y por manchas, desvaneciéndose o fundiéndose en el plano pictórico que en ocasiones. Posteriormente a mitad de los noventa surgirá con fuerza lo que denomina Rosa María Olmos en su tesis doctoral sobre el informalismo leonés, la etapa informalista de Miguel Ángel Febrero. Un periodo que se superpone con otros enfoques y planteamientos, en los que desnuda su trabajo de una referencia explícita y clara sobre la figuración o referencias a lo natural, aunque en cierto sentido siempre tienen una presencia latente. Su obra en este momento se hace densa, intensamente experimental y en cierto sentido constructiva y se centra en la investigación puramente plástica.

Desde mediados a finales de los noventa su pintura se hace mucho más vibrante, dinámica, colorista y retorna a la referencia de la figura y la naturaleza desde lo sutil, lo parcial, lo celular, lo germinal, lo orgánico, generando un mundo nuevo de imágenes que sugieren lo vital y la energía de vivir. A partir de este momento vuelve o retorna al expresionismo figurativo, ya sea de tono clásico de influencia germánica, como la magnífica pieza Ostracismo de Caronte, o a la vertiente vinculada al primitivismo y tratamiento arcaico. Por último, la muestra incorpora algunas piezas posteriores a 2003, prueba de la capacidad de lucha y energía vital de Febrero, con unas piezas de una gran calidad técnica y gran potencia visual donde el gesto se hace protagonista de una composición caótica y eléctrica.

Así podemos observar cómo su obra a pesar de mantenerse en un permanente cambio y transformación e incluso en ocasiones reflexionar o volver a fases previas, tomando como punto de partida esencial la experimentación plástica, se podría agrupar o definir por etapas o fases con un cierto sentido de unidad.