Mar de fondo en la RAE

Darío Villanueva. /Elvira Megías
Darío Villanueva. / Elvira Megías

La renuncia de Darío Villanueva a un segundo mandato abre una carrera por la sucesión que se dilucidará en diciembre. Si la elegida es una mujer, será la primera directora en los tres siglos de historia de la casa

Miguel Lorenci
MIGUEL LORENCIMadrid

Marejada en la RAE. El hasta ahora director de la docta casa, Darío Villanueva, anunció por sorpresa a sus colegas en el pleno del pasado jueves que no está dispuesto a presentarse a un nuevo mandato. Una decisión que no se comunicaba oficialmente, pero detrás de la cual hay quien ve malestares, incomodidades y reajustes de los bizantinos equilibrios de poder en el viejo caserón de la calle Felipe IV. La decisión de un Villanueva que habría visto desfallecer sus apoyos desata una carrera por la sucesión que quizá se torne en mar de fondo y que no se dilucidará hasta el próximo 13 de diciembre.

Ese jueves se procederá a la elección de nuevo directo de la tricentenaria institución que limpia fija y da esplendor al idioma que compartimos 500 millones de personas en todo el mundo. Entre los posibles sucesores suena con reiteración el nombre de Juan Luis Cebrián, junto a los de Ignacio Bosque, José Antonio Pascual, Guillermo Rojo, Santiago Muñoz Machado, José Manuel Sánchez Ron o Luis María Anson. Se abre también la inédita posibilidad de que una mujer se convierta en la primera directora de un institución que en sus tres siglos de historia sólo ha acogido a once damas y que negó al paso a Emilia Pardo Bazán, María Moliner, Rosa Chacel o Carmen Martín Gaite.

De las de las 46 sillas de la RAE, sólo ocho están ocupadas mujeres. La primera académica, Carmen Conde, ingresó en 1979, 266 años después de la apertura de la RAE. Llegaron luego Elena Quiroga y Ana María Matute. Hoy una de cada tres nuevas incorporaciones es femenina. Paz Battaner (silla s, 2015) fue la última, tras Clara Janés (U, 2015), Aurora Egido (B, 2013), Carme Riera (n, 2012), Inés Fernández Ordóñez (P, 2011), Soledad Puértolas (g, 2010), Margarita Salas (i, 2003) y Carmen Iglesias (E, 2002).

Al anunciar su adiós a la dirección, Darío Villanueva aseguró que la docta institución necesita que tome el timón un gestor que mantenga el rumbo de la casa, que como tantas instituciones, acusó los zarpazos de la crisis. Es ahí donde emerge Cebrián, periodista de larguísma trayectoria, escritor, titular de la silla V desde 1997 que ya sonó en 2012 como aspirante a la dirección y con experiencia de gestión a pesar de haber sido apeado hace poco de sus altas responsabilidades ejecutivas en el diaro El País y el grupo Prisa.

Sin borrones en su cuaderno de bitácora académico durante los nueve años con cargos de la institución, Darío Villanueva (Villalba, Lugo 1950) lleva el timón de la RAE desde 2014, cuando relevó a José Manuel Blecua. Titular desde 2007 del sillón D, entre 2009 y 2014 fue secretario de la casa. Aseguró que su renuncia a continuar, anunciada en el primer pleno del curso, «estaba tomada desde el verano de 2016», que «no obedece a un calentón» y que «no hay que buscarle tres pies al gato». «Quien diga que obedece a algo concreto no sabe lo que pasa está manipulando la situación», ha manifestado el aún director, que dijo sentirse «reconfortado y apoyado» por sus compañeros.

La única certeza es que el trigésimo director de la RAE surgirá de los académicos que la integran. Pueden aspirar al cargo todos los titulares de una plaza, aunque no se proclaman oficialmente candidaturas. Los estatutos señalan que para que la elección sea válida será necesaria la presencia de la mitad más uno de los académicos con derecho a voto. Si nadie alcanzara la mayoría absoluta, una semana después, el 20 de diciembre, se realizaría una nueva votación con la participación de los presentes y ausentes con derecho a voto. Entonces solo figurarán como candidatos los tres académicos más votados en la tanda anterior.

Quien resulte elegido tendrá ante sí el reto de retornar al nivel de financiación estatal anterior a la crisis. Los Presupuestos Generales de 2018 asignan a la RAE la misma aportación que en 2017, 1,6 millones de euros, apenas un 20% del presupuesto total de la institución, en torno a 7 millones. Una aportación que ha decrecido en un 60% desde 2008. La crisis editorial y la eclosión digital han tenido también un efecto demoledor, jibarizando las ventas de los diccionarios y gramáticas en formato de papel.

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