Todo Zuloaga

El historiador de arte Mikel Lertxundi, ante el cuadro «La calle de las pasiones » de Zuloaga en el Museo de Bellas Artes de Bilbao. /Efe
El historiador de arte Mikel Lertxundi, ante el cuadro «La calle de las pasiones » de Zuloaga en el Museo de Bellas Artes de Bilbao. / Efe

La mayor retrospectiva del pintor vasco reúne casi cien obras en el Museo de Bellas Artes de Bilbao

Miguel Lorenci
MIGUEL LORENCIBilbao

Sesenta de las casi cien obras que reúne la muestra 'Zuloaga 1870-1945' no se habían exhibido nunca. Esto convierte en excepcional la gran retrospectiva dedicada al pintor vasco (Eibar, Guipúzcoa, 1870 - Madrid, 1945) que acoge hasta octubre el museo de Bellas Artes de Bilbao. Con patrocinio de BBK, el museo que dirige Miguel Zugaza reivindica un «artista total», «hecho a sí mismo» y «el más internacional del cambio de siglo». Referente de la pintura figurativa, ofrecer perfiles contradictorios: heredero de Ribera, Velázquez y El Greco, gran retratista de la España del 98, de toreros, bailarinas y tipos y arquetipos rurales y folclóricos, pero también del franquismo, sus capitostes e intelectuales.

Su temprano éxito internacional hizo que sus lienzos mas icónicos se diseminaran por el mundo. Tras cinco de años de búsqueda e investigación, muchas se reúnen por primera vez en el museo bilbaíno para esta histórica retrospectiva comisariada por Javier Novo, jefe de colecciones, y Mikel Lertxundi, historiador del arte e investigador. «Partiendo de cero para recalibrar la deriva de su figura», han reunido 95 piezas de colecciones públicas y privadas vascas, españolas, de Alemania, Austria, Bélgica, Estados Unidos, Francia, Italia, México, Polonia, Reino Unido y Rusia.

Articulada en quince espacios, la «necesaria» y mayor antológica del pintor vasco recrea toda su trayectoria en tres grandes periodos biográficos. Se abre con un nutrido y desconocido grupo de obras de juventud pintadas en París en la década de 1890. Autodidacta, recoge influencias naturalistas, impresionistas y simbolistas en unas telas «de paleta fría y atmósfera poética» con figuras anónimas de los suburbios parisinos. Comienza su forja como excelso retratista con lienzos de clara estética simbolista y bajo la influencia de colegas como Eugène Carrière o James Whistler.

La exposición reivindica a un «artista total» y descubre el grueso de una poliédrica obra que permanecía inédita

Tras este tanteo experimental, una estancia en Sevilla en 1898 lo cambia todo. Alejado del cosmopolitismo parisino, Zuloaga descubre Segovia, tierra inspiradora de tipos y escenarios genuinos. Su pintura «se apoderó de la arcaica identidad castellana», apuntan los comisarios. Mediante una estética naturalista y simbolista que hunde sus raíces en la cultura rural y en la tradición pictórica española «inauguró otras manera de entender la figuración en el arte europeo». Una genialidad que «hace que su obra escape a cualquier clasificación convencional, impidiendo adscribirla a escuelas o movimientos concretos», apuntan Novo y Lertxundi.

Los préstamos de obras raramente vistas permiten reconstruir el amplio espectro temático que caracterizó al pintor, que sedujo a la crítica y al público internacional y fue copiado con descaro. En este período, que llega hasta 1924, destacan las escenas del inhóspito campo segoviano, su reflejo de la prostitución urbana y rural, su peculiar visión del humilde mundo taurino sevillano y de las ancestrales costumbres religiosas de Castilla y La Rioja. Unas obras que cautivaron y que vendió como pan caliente, pero que le granjearon duras críticas en España por «hurgar en la herida de la crisis nacional tras la pérdida de las últimas colonias en 1898». «Ofrece la visión más elocuente y poderosa de la generación del 98», apunta Zugaza.

Madurez y franquismo

La obra de madurez, «íntima y luminosa», cierra la muestra. Desvela una época marcada por las circunstancias sociopolíticas que afectarán a su arte: del nuevo panorama artístico europeo que mira hacia la tradición figurativa del «regreso al orden», a la proclamación de la Segunda República y el estallido de la Guerra Civil. Unos hechos que Zuloaga vivió con preocupación y que tienen un reflejo claro en su obra.

La exposición dedica especial atención al Zuloaga retratista, brillante sucesor de maestros como Giovanni Boldini, Whistler y Singer Sargent gracias a sus elegantes y distinguidos retratos. No están los épicos retratos de Franco, Millán Astray o Serrano Suñer que haría tras la guerra. «Hubieran generado un ruido innecesario y restado protagonismo al resto de retratos», se justifican los comisarios, que sí han incluido el del comandante José María Huarte.

Explican que tras el inicial entusiasmo republicano, que le pasaría factura en Zumaya, Zuloaga se adscribría «sin complejos» al franquismo «como Ortega, Marañón, Falla, Azorín y tanto intelectuales de entonces». «El pintor y el régimen franquista se utilizaron mutuamente», reconocen los comisarios, que han ampliado su catálogo hasta superar las mil obras, frente a las 810 registradas por Lafunte Ferrari. «No le incomodaba pintar a Franco; fue un gran estratega y vio en ello una vía para promocionar su carrera. No es un propagandista de Franco, a pesar de que el dictador regalara sus cuadros a Hitler y Mussolini».

A piezas maestras del museo de Bilbao, como 'El cardenal' o el 'Retrato de la condesa Mathieu de Noailles', se suman sorprendentes préstamos la Hispanic Society, los museos de Santa Bárbara, Sant Louis, Detroit o el Franz Mayer de México, y europeos, como el Hermitage de San Petersburgo, el parisino d'Orsay, la veneciana Galleria d'Arte Moderna di Ca'Pesaro, el Belvedere de Viena o las universidades de Cambridge y Oxford, además del Reina Sofía de Madrid o el Museu Nacional d'Art de Catalunya.

Ficha

Qué: Zuloaga 1870-1945

Dónde: Museo de Bellas Artes de Bilbao.Museo Plaza 2. Bilbao. www.museobilbao.com

Cuándo: del 29 de mayo al 20 de octubre de 2019

Cuánto: entrada general 10 euros. Reducida 8.