Sierra y Merino, nacidos para provocar

Santiago Sierra y Eugenio Merino. / R.C.

Santiago Sierra instaló una cámara de gas en una sinagoga, contrató prostitutas y emigrantes para sus «acciones» y expuso mierda seca | Eugenio Merino encerró a Franco a un nevera, disfrazó a Bin Laden de Travolta y expuso a Picasso de cuerpo presente en Málaga

Miguel Lorenci
MIGUEL LORENCIMadrid

Nacido para provocar. Ese lema no desentonaría si lo lucieran en una camiseta Santiago Sierra (1966) y Eugenio Merino (1975). Provocadores natos, el dinámico y cañero dúo del arte contemporáneo ibérico se sitúa deliberada y decididamente en el filo de la navaja. Ambos buscan epatar con sus obras e instalaciones. Y lo logran un y otra vez. En ARCO la habían liado por separado, pero este año se han aliado y acaparan juntos todo el protagonismo con 'Ninot', su gigantesca y perfumada efigie de Felipe VI, concebida para ser quemada y a la venta por 200.000 euros con el compromiso de abrasarla en un acto público.

«Es difícil vender una obra de Santiago Sierra, pero es uno de los más grandes artistas españoles» dice Helga de Alvear del audaz artista madrileño, que vendió en ARCO 2018 su polémica obra 'Presos políticos' por 80.000 euros y exhibió un año antes 'El bebedero', una imagen con una esvástica rodeada de ratas.

Reconocido internacionalmente, hace nueve años rechazó el Premio Nacional de Artes Plásticas. Antes tapió el acceso al pabellón español en la Bienal de Venecia, ocultó la palabra España con bolsas de basura e impidió el acceso a quien no tuviera DNI o pasaporte español. Creó una cámara de gas en una sinagoga y contrató a prostitutas y emigrantes para denunciar su explotación.

Óscar Chamorro
Ninot de Felipe VI en ARCO

Una de sus performances más polémicas fue 'Los penetrados', en la que hombres y mujeres reclutados y pagados por Sierra practicaban todas las posibilidades de la sodomía ante una cámara. También reclutó y pagó en México a los trabajadores que movieron una gigantesca roca de un punto a otro o a los toxicómanos que se dejaron tatuar la espalda y a los que pagó con estupefacientes.

En una galería de Londres mostró '21 monolitos compactos de caca seca', piezas conformadas con excrementos recolectados por mujeres de las castas inferiores de Nueva Delhi y Jaipur. Con el montaje '245 m3', llenó de dióxido de carbono una sinagoga sin uso en Colonia, convirtiéndola en una cámara de exterminio en la que los visitantes debían entrar de uno en uno, protegidos por una máscara de gas. Su «protesta contra la banalización del Holocausto» se suspendió cuando un grupo de judíos enfurecidos amenazó con prenderle fuego. En otra «acción» cubrió diez inmigrantes iraquíes con poliuretano, les roció con la espuma sintética que se endureció. Grabó el proceso en vídeo y sus 'actores' evitaron la asfixia con trajes y visores de protección.

Sulfúrico

Sierra, que usa las redes sociales para difundir opiniones tan sukfúricas como sus acciones, tildó en su blog de «Picasso de pacotilla» a Miquel Barceló. «Vamos a ver, majete, por si te interesa vivo de mi trabajo y no de lamerle los huevos al poder como haces tú...». le dijo. Al rechazar el Nacional de Artes Plásticas y sus 30.000 euros dejó claro que «el Estado no somos todos: son ustedes y sus amigos. Por lo tanto, no me cuenten entre ellos, pues yo soy un artista serio».

Licenciado en Bellas Artes por la Complutense de Madrid, amplió su formación en Alemania, Italia y México, donde catapultó su carrera. Además de Helga de Alvear, trabaja con la Team Gallery (Nueva York), la Lisson Gallery (Londres), Prometeo (Milán) y Greenaway Art Gallery (Adelaida). Ha expuesto en galerías y museos de todo el mundo, del Kiasma de Helsinki a Kunst-Werke de Berlín, el MoMA de Nueva York o el Artium de Vitoria.

No le va al zaga Eugenio Merino (Madrid,1975) otro militante de la provocación que se catapultó encerrando a Franco en una nevera de refrescos en ARCO 2012. Luego disfrazó a Bin Laden de John Travolta, mostró a Damian Hirst pegándose un tiro en la sien, embaló la cabeza de Donald Trump en una caja de cartón y mostró a Picasso de cuerpo presente en Málaga.

La pieza que lo lanzó se titulaba 'Always Franco' y le costó una demanda de la Fundación Francisco Franco por presunto ultraje a la memoria del dictador que sería desestimada. Merino también exasperó a grupos de cristianos, musulmanes y judíos cuando amontonó a un cura un rabino y u imán como si fueran 'castellers', y presentado a Fidel Castro transmutado en zombi.

En 'Aquí murió Picasso colocó al pintor de cuerpo presente en una capilla ardiente instalada en la Alianza Francesa en Málaga. La definió como una «reflexión crítica» sobre ese turismo de masas que tiene en Picasso un reclamo, convertido en «un souvenir más». Creó una figura yacente e hiperrealista de 1,64 metros amortajada con la muy picassiana camiseta de rayas, pantalón blanco y zapatos oscuros, «tal y como el turista quiere ver a Picasso». En una falsa lápida de mármol de Carrara se leía en francés: «Aquí reposa nuestro bien amado PABLO PICASSO. 1881-1973. Te añoramos».

Licenciado en Bellas Artes por la Complutense de Madrid, Merino trabaja con galería como Unix en Houston y Nueva York, ADN en Barcelona, Jerome Zodo en Milán, o Louis 21 en Madrid. En muestras colectivas ha expuesto en Miami, Málaga, Bruselas, Houston, Basilea, Río de Janeiro o Valencia.

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