La mejor amiga del Prado

Nuria de Miguel junto a la estatua de Velázquez, en el Museo del Prado. /
Nuria de Miguel junto a la estatua de Velázquez, en el Museo del Prado.

Nuria de Miguel es la 'jefa' de una pandilla de 38.000 amigos de la gran pinacoteca española. Iba para historiadora, pero el museo se cruzó en su camino y ya lleva treinta años ligada a la fundación

José Antonio Guerrero
JOSÉ ANTONIO GUERREROMadrid

España es un país de amigos. Hay amigos de los trenes, de los castillos, de la jota, del cocido, del románico... los hay incondicionales del desierto, de la capa y el sombrero, de las setas, las matemáticas y hasta de los tractores clásicos. Hay montones de amigos para todo. También los museos los tienen a puñados, y El Prado es el que más afectos despierta. 38.215 mujeres y hombres, desde bebés de meses a bisabuelos centenarios, conforman esta suerte de hermandad en torno a la primera pinacoteca del país, que celebra este año su 200 aniversario. Son los Amigos del Museo del Prado, una fundación presidida por Carlos Zurita, duque de Soria, pero cuya gestión diaria lleva Nuria de Miguel, su secretaria general desde hace 26 años.

Nuria de Miguel, secretaria general de la Fundación Amigos del Prado, junto al museo de sus amores.
Nuria de Miguel, secretaria general de la Fundación Amigos del Prado, junto al museo de sus amores. / Alberto Ferreras

De Miguel (Madrid, 1961) iba para historiadora, de hecho es licenciada en Geografía e Historia por la Universidad Autónoma, pero la fundación se cruzó en su vida a finales de los 80 y desde entonces ha permanecido ligada a esta institución privada que reúne a miles de colaboradores que ayudan a nuestro mejor museo con grandes y pequeños mecenazgos (desde 25 euros al año). «El Prado engancha; una vez que entras aquí ya no puedes parar», confiesa.

Nuria, que dirige un equipo de 22 profesionales, recuerda perfectamente la primera vez que, de niña, se paseó por las salas del museo de la mano de sus padres, y cómo se marchó de allí con la infanta Margarita de Austria y sus 'meninas' grabadas en sus ojos para siempre. Pero si en este preciso instante pudiera descolgar un lienzo y llevárselo a su casa, no sería otro que la 'Virgen de la granada', esa maravilla de lapislázulis y dorados de Fra Angelico, que el Prado adquirió en 2016 a la Casa de Alba por 18 millones de euros, cuatro de ellos aportados por los generosos amigos del museo. «Es que para mí es el cuadro más especial;_estamos muy unidos a él por haber podido participar en su compra», cuenta Nuria.

En condición de su cargo, ella tuvo el privilegio de ser una de los pocos testigos de la recepción, «un momento inolvidable», en una zona del museo vedada al público, un sótano acorazado donde se descargan las obras de arte a salvo de miradas ajenas. «Llegó en un camión blindado dentro de un cajón de madera y ves cómo los conservadores y los restauradores enseguida lo sacan con sus guantes, lo colocan con paciencia y sumo cuidado, le ponen unas luces… cuando contemplas la pintura sin marco y a un palmo de tus narices, impresiona. Se crea un ambiente como de ¡ohhhh! Me impactó mucho. Además, el estado de conservación era magnífico; está lleno de detalles maravillosos, ves el fondo de oro labrado, que está en perfectas condiciones. Es un cuadro lleno de color, muy naíf, pero muy novedoso, y con la técnica de Fra Angelico que es una maravilla. Es muy difícil tener un Fra Angelico. Hay muy pocos y El Prado tiene dos, 'La Anunciación' y la 'Virgen de la granada'», explica con ese entusiasmo con que los buenos maestros se ganan a sus alumnos.

Nuria de Miguel junto a un cartel del bicentenario del Prado.
Nuria de Miguel junto a un cartel del bicentenario del Prado. / Alberto Ferreras

Los cuatro 'kilos' de los amigos, junto a los diez aportados por el Estado y otros cuatro del propio museo, sellaron la compra, para la que no se hizo un llamamiento específico, «sino que se tiró de los ahorros» de la fundación, que ingresa unos seis millones de euros anuales. Poco después, el Prado invitó a un pase privado a sus amigos, que pudieron disfrutar de la luminosa tabla en todo su esplendor y sentir ese puntito de orgullo de saberse mecenas de una obra de arte tan extraordinaria.

En sus 26 años como secretaria general, Nuria ha visto donaciones de un altruismo asombroso, de esas que dan lustre al dicho de 'quien tiene un amigo tiene un tesoro'. Le viene a la memoria la de Carmen Sánchez, una amiga discreta, de las que aportaban la cuota básica, que al morir dejó al museo buena parte de su patrimonio: una casa en Toledo y 800.000 euros. Carmen, directora y profesora de un colegio que ella misma fundó en Madrid en los años 70, falleció en 2016 a los 86 años. Soltera y sin hijos, dispuso en su testamento que su legado se dedicara «a la adquisición y restauración de cuadros». «No la conocíamos, pero sí sabíamos que era asidua a los cursos y conferencias que organizamos. En enero de 2020 el museo hará una exposición con una selección de las obras que se han adquirido con su herencia», detalla Nuria de Miguel, que tampoco olvida el caso de Bill Jordan, un historiador de Tennessee y experto en arte español, que en vida regaló al Prado el 'Retrato de Felipe III', de Velázquez. Lo hizo en 2016 (Jordan falleció en 2018 a los 77 años) y en aquel acto de entrega se mostró orgulloso de donarlo a una institución que consideraba modélica. «Nos dijo que era uno de los momentos más felices de su vida», presume Nuria.

«Experiencia brutal»

De Miguel lleva el museo en su ADN, es pura 'marca Prado', y allá donde va echa el lazo para ampliar la panda de amistades de la pinacoteca. Sus padres, sus cuatro hijos, sus primos, los excursionistas con los que entabla conversación cuando los domingos sale a caminar por la sierra de Madrid... todos son colegas. De las experiencias que ha vivido en el museo no se queda con la de pasearse a solas ante 'Las hilanderas', 'Los fusilamientos' o 'El jardín de las delicias', «una experiencia brutal» que ella pudo disfrutar cuando el museo cerraba los lunes y organizaban actividades, sino con la de mezclarse entre los visitantes de un día normal, escuchar lo que dicen, ver por qué salas se mueven...

– Y cuando pone la oreja… ¿qué escucha?

– De todo y siempre bueno. También frases divertidas. Por aquí es muy popular una que dijo una señora mientras hacía cola para ver una exposición de Velázquez...

– Cuente, cuente...

– Fue la primera gran exposición de Velázquez que organizó el Prado, se vendieron miles de catálogos… y en aquellas colas dicen que una mujer soltó: 'Creo que están hasta Las Meninas'. Ja, ja, ja, no sé si será leyenda urbana, pero es verdad que se suele contar aquí.

– ¿Qué es lo que más le llama la atención de los visitantes?

–Es curioso que cuando tenemos una exposición temporal y vienen cuadros de todo el mundo, donde más se para la gente es en el cuadro del Prado, el que está aquí todos los días. Es normal, me pasa hasta a mí. Porque cuando ves ese cuadro fuera de contexto, acompañado de otros que no suelen estar, te llama la atención y lo ves con otros ojos.

Nuria se despide ya. Ha 'quedado' con sus 38.215 amigos en el despacho. Los tiene a todos controlados. Para quedarse a cuadros.

 

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