Fallece Carlos Cruz-Diez, maestro del arte cinético

Un hombre cruza un paso de cebra pintado por el artista venezolano Carlos Cruz-Diez./AFP
Un hombre cruza un paso de cebra pintado por el artista venezolano Carlos Cruz-Diez. / AFP

Las obras de este artista venezolano radicado en París conquistaron los espacios públicos de países como España, Francia o Estados Unidos

Doménico Chiappe
DOMÉNICO CHIAPPEMadrid

El último gran artista vivo del arte cinético, Carlos Cruz-Diez, falleció el sábado por causas naturales a los 95 años de edad, según comunicó su familia el domingo. Capaz de convertir un panorama sombrío en un gran paisaje de policromías, durante su larga trayectoria artística Cruz-Diez reflexionó sobre la fuerza del color en el arte. Establecido desde 1960 en Francia, este artista venezolano se erigió como una de las principales figuras de un movimiento que bebía de influencias del futurismo, el dadaísmo y el surrealismo, entre otras vanguardias de principios del siglo pasado. Acostumbrado a que sus creaciones tomaran el espacio público -con numerosas obras en ciudades como Madrid, donde se expone la 'Fisicromía para Madrid' de 40 metros de largo en el Parque Ferial Juan Carlos I; París, con la «Fisiocromía doble cara' o Caracas con una treintena de obras como el 'Muro de color aditivo'-, Cruz-Diez modificó las ideas cromáticas en el arte contemporáneo y su relación con la arquitectura y el transeúnte, al introducir el movimiento como parte de la obra.

Junto a otros creadores, la mayoría latinoamericanos que también se radicaron en París, Cruz-Diez dotó de entidad propia al color abstracto, al mismo tiempo que creaba ilusiones. Frente a sus instalaciones, esculturas, pinturas con distintas técnicas o murales, el espectador interactúa y modifica la obra con su propia perspectiva, gracias a distintas técnicas ópticas y combinación de colores diseñadas por el maestro. La contribución de Cruz-Diez en la investigación tanto del color como del movimiento se suma a la de artistas como Alexander Calder, Marcel Duchamp, Jesús Soto o László Moholí-Nagy.

Nacido en Caracas en 1923, Cruz-Diez estudió en la Escuela de Bellas Artes de su ciudad y trabajó como ilustrador en varias publicaciones y como director creativo de una empresa de publicidad. Entre 1955 y 1956 vivió en Barcelona, periodo en el que tuvo una individual con sus series 'Parénquimas' y 'Objetos rítmicos móviles' en Madrid. Interesado ya en la esencia de lo que será el arte cinético, realizó sus primeras 'Fisiocromías' en 1959 y un año después se estableció en París.

En cinco décadas de trabajo celebró individuales en la Bienal de Venecia, el Museo de Bellas Artes de Houston, la Pinacoteca de Sao Paulo o la Academia Central de Bellas Artes de Pekín, entre otros espacios de primera línea. Desde los sesenta también participó en distintas exposiciones colectivas en museos como el MoMA de Nueva York o el Reina Sofía de Madrid, sin romper los vínculos con su país natal, para los que ejerce de comisario en bienales internacionales y ejecuta diversos encargos públicos.

En contra de que sus obras contengan discursos explícitos, Cruz-Diez sin embargo buscaba que el individuo pudiera rebelarse, a través de su participación en el arte, de los códigos e intereses económicos que dominan las ciudades. Un nuevo discurso para una nueva dialéctica que el artista cinético se encargó de perfeccionar a través de estudios que él mismo clasificó en ocho vertientes, según el comportamiento del color: adición cromática, fisiocromía, inducción cromática, cromointerferencia, transcromía, cromosaturación, cromoscopio y color en el espacio. Autor de un ensayo titulado 'Reflexión sobre el color' (1989) y el libro de memorias 'Vivir en arte' (2014), Cruz-Diez deja en herencia universal sus tonos intensos y escurridizos, su permanente posición política a favor de la democracia y sus teorías plásticas. Como han dicho sus familiares: «Tu amor, tu alegría, tus enseñanzas y tus colores nos acompañarán siempre».