«Sólo una vez acuchillé enfurecido un cuadro que no me salía, y fue una ridiculez»

Antonio López posa en su luminoso estudio, situado en un barrio del norte de Madrid, entre numerosas obras en marcha./Alberto Ferreras
Antonio López posa en su luminoso estudio, situado en un barrio del norte de Madrid, entre numerosas obras en marcha. / Alberto Ferreras

«Jamás me reto a mí mismo, eso es para los deportistas», dice el maestro realista a quien no preocupa «nada» la posteridad

Miguel Lorenci
MIGUEL LORENCIMadrid

Antonio López García (Tomelloso, 1936) es el último y venerado maestro del realismo español. Con 82 años, ni se plantea retos ni espera «nada» de la posteridad. Su vetusto y luminoso estudio madrileño, atestado de fotos, libros, archiperres y obras en marcha, es el refugio de este genio con aire desastrado y desapegado de lo material. Compungido por la reciente muerte de su amigo del alma Julio López Hernández -escultor referente de la figuración dentro del grupo de 'los siete magníficos'-, prepara su taller anual con jóvenes pintores en el Museo de la Universidad de Navarra, junto a Juan José Aquerreta, mientras afronta sus encargos por media España.

En Bilbao pinta desde una planta de la Torre Iberdrola, de 165 metros de altura. Desde esta atalaya ha comenzado dos cuadros con diferentes perspectivas a la luz del invierno.

-¿Qué aprende un maestro de pintores jóvenes y entusiastas?

-No voy a Navarra para enseñar o aprender. Se trata de estar juntos y con un respeto extraordinario. Cuando te relacionas con personas de tu profesión emergen muchas cosas. Charlamos de pintura y de lo que sea. Ayudo a que sean ellos mismos.

-¿Qué consejo repite más?

-Que no hay fórmulas. Que huyan de las que funcionaron en otra época y que cada uno ejercite la pintura a su manera.

Las claves:

La actitud.
«Hay que posar una mirada inteligente sobre las cosas. La humildad y la soberbia no aportan nada»
El encargo.
«Una bendición. De algún sitio debe venir el trabajoy el dinero. Si no te gusta, se rechaza y punto»
Nueva obra.
«Modelé las cabezas de mis nietos y ahora haré la mía. Trabajo con una foto de cuando tenía 5 meses»

-¿Nos sobra talento pictórico?

-No creo que haya ahora más que en otras épocas. El talento es una excepción. Una rareza ahora, en mi época y en la de Velázquez. Pero siempre hay sorpresas.

-Los pintores chinos le ven a usted como un dios...

-Es una visión muy mitificada. Todo es mucho más modesto. Menos aparatoso. Les deslumbra lo que Occidente ha hecho en la pintura y la escultura. La variedad y cantidad de cambios y puntos de vista desde Altamira a nuestros días. Comparado con un lenguaje plástico que ha variado muy poco durante miles de años, les impresiona mucho.

El talento

-¿El próximo Velázquez podría ser chino?

-Es mejor que no salga otro Velázquez. Surgirán otros muy distintos. Aunque escasee, gente con talento hay en todas partes.

-Humildad o disciplina. ¿Qué es más necesario para un pintor?

-La humildad no aporta nada, ni a la pintura ni a nadie. No hay que ser humilde.

-¿Y lo contrario? ¿Conviene una pizca de soberbia?

-Tampoco. Hay que posar una mirada inteligente sobre las cosas.

-¿Pinta más el cerebro, el ojo o la mano que ejecuta la técnica?

-Importa lo que hay dentro de tu cabeza. Es el motor. Si no hay contenido, la mano puede moverse mucho, que no logrará nada.

-¿La emoción debe sacudir la inteligencia?

-La inteligencia permite hacer algo con la emoción. Todos tenemos emociones, pero se supone que los artistas construimos algo con ellas. Hacemos lo que no son capaces de hacer otras personas.

-El encargo, secular motor del arte, ¿es una tortura para usted?

-En absoluto. Supone una satisfacción. La pintura se liberó de él hace mucho. Los impresionistas decidieron trabajar desde la libertad. Eso fue determinante.

-Tener un plazo de entrega ¿tampoco le agobia?

-Tampoco. Otro cliché. El encargo es una bendición. De algún sitio tiene que venir el trabajo y el dinero. Si no te gusta, no se acepta y punto.

-¿Ha rechazado muchos?

-No. He tenido pocos y he aceptado casi todos.

«Soy muy buen fotógrafo»

-¿Debe un artista tener mucho de artesano?

-Claro que sí. Aunque ahora parecen más importantes las ideas que se transmiten para que las realicen otros.

-David Hockney pinta con una tableta electrónica. ¿Le suscita curiosidad?

-No. Hay mucha gente haciendo cosas así. No me gusta ni me suscita curiosidad.

-¿La fotografía es una gran aliada para su trabajo?

-Sí, pero prefiero la realidad, aunque a veces tomo fotografías.

-¿Que tal fotógrafo es?

-Muy bueno. Sé lo que hay que fotografiar y lo que puede ser interesante.

-¿Ha expuesto esas fotos?

-No puedes mostrar todo lo que haces. Y no es por ocultar la trastienda. No viene al caso, pero a lo mejor algún día lo hago.

-¿Trabaja con música?

-Nunca. Pinté con música muchos años, hasta que dejé de necesitarlo. Tengo el ruido de la calle, la casa o el estudio.

-¿Qué está pintando en Bilbao?

-Paisajes. Es una ciudad de luz muy distinta que deseaba pintar. Busqué emplazamientos que me gustaran y por fin di con uno muy interesante. En Bilbao pinto en invierno, desde una ventana en una planta de la Torre Iberdrola. En la azotea era muy complicado. He empezado dos cuadros, uno mirando hacia el mar y otro hacia España.

-¿Y en Sevilla? Allí también tiene un encargo.

- En Sevilla pinto en verano desde la Torre de la Navegación de la Expo del 92.

-¿Qué convirtió a un joven de pueblo en el gran pintor del paisaje urbano?

-Más clichés. No soy un pintor urbano. Es sólo uno de mis temas. Pinto el mundo que me rodea, mi entorno, mi gente. Puede ser la ciudad, una habitación, un rostro, una flor, una calle.... Te mueves sin una intención precisa y algo capta tu atención. No me he especializado como Morandi, que no salió jamás de sus botellas y frascos.

-¿Qué papel ocupa el retrato en su carrera?

-Un tema más. He hecho pocos. Alguno por encargo y otros por el gusto de pintar a alguien que se presta a posar.

-¿Es ahora más escultor que pintor?

-No. Llevo casi toda mi vida haciendo escultura, pero me considero un pintor. Modelé las cabezas de mis nietos y ahora haré la mía. Trabajo con una foto que me hicieron cuando tenía cinco meses, anterior a la guerra. Me pareció muy bonito intentar una escultura con esa imagen. La he modelado en barro en Bellas Artes. Llevo tres años y está a la mitad.

«Los retos, para deportistas»

-¿Qué retos tiene por delante a los 82 años?

-Ninguno. No me lo planteo en esos términos. Hago las cosas porque me gustan. Jamás me reto a mí mismo. Los retos son para los deportistas. Ninguna obra es un desafío. Es un desahogo. Una expresión de algo inventado hace miles de años.

-¿Ha roto muchos lienzos?

-Solo rasgué una tela. Era muy joven. Estaba furioso porque no me salía el cuadro y la acuchillé. Fue una ridiculez. No lo repetí y no me gusta recordarlo.

. Unas zapatillas manchadas de pintura, la caja de óleos y pinceles, un busto a medio acabar... Detalles de la personalidad del maestro de Tomelloso. / Alberto Ferreras

-¿Cuánto le preocupa la posteridad?

-Nada. Ni se me pasa por la cabeza. Me preocupa el ahora. Hacer un trabajo que esté bien para el presente y que me satisfaga.

-El Reina Sofía ¿tiene poca obra figurativa y realista?

-Muy poca. En el sentido en el que se considera la figuración como un reflejo cercano al mundo objetivo, poquísima.

-¿Debería tener más?

-Claro que sí. Pero para eso están los directores de los museos. Para hacer lo que creen que deben hacer.

-El realismo no es la línea favorita de su director, Manuel Borja-Villel.

-No. Desde luego que no lo es. Para ser representativo de lo que ha ocurrido en la pintura española y de lo que ocurre debería haber mucho más realismo. Pero yo no soy el director del Reina Sofía. El día que lo sea, será otra cosa.

-¿Aceptaría un cargo institucional como ese?

-Depende. A lo mejor me venía bien. Fui profesor de Bellas Artes cinco años y formé parte del Patronato del Prado.

-¿Mejora su aprecio de Picasso?

-Me cansa. Su pintura, muy a menudo, me aburre.

-Parece que nunca da sus obras por acabadas.

-No es así. Es otro tópico.

-¿El cuadro nunca dice se acabó?

-No, no dice nada. Tú lo percibes. Hay una mezcla de cansancio, de sentido crítico ante una pintura, una escultura o un dibujo. Si no te gusta has de continuar. Tienes que notarlo. Eres un profesional.

-¿Puede Antonio López comprarse un cuadro de Antonio López?

-Sí. Me he comprado algunos. Poca cosa. No soy coleccionista. Me gustan mucho la pintura y la escultura y tengo óleos, dibujos y esculturas de compañeros, de amigos que admiro. Si tienes mucho dinero, pues te compras un Vermeer.

-¿A la pintura le queda mucha vida?

-Habría que preguntarse cuánta vida le queda al ser humano. Eso es lo importante. Lo de la pintura da igual. Mientras estemos aquí, haremos arte.

 

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