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Los peligros de construir una huella digital sin permiso

Muchos padres no son conscientes de los riesgos que conlleva la sobreexposición que hacen de la vida de sus hijos en redes sociales, una práctica conocida como sharenting

Ana López-Varela

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Las nuevas tecnologías son ya uno más de la familia y su uso no es solo una obsesión adolescente. Así, según asegura el estudio How many times do you check your mobile phone per day?, publicado por el blog Oracle Marketing Cloud, mientras uno de cada tres menores dedica más de tres horas diarias a internet, los adultos revisan el móvil una media de 150 veces al día. En esta sociedad hiperconectada, el sharenting –del inglés share (compartir) y parenting (criar)– se ha convertido en una práctica habitual. Y nada segura, tal y como se desprende del estudio británico Share with Care de Nominet, realizado en 2016 a partir de entrevistas a familias británicas. Según dicho informe, al que se hace referencia en la iniciativa Por un uso Love de la tecnología (con la que Orange conciencia a niños y adultos sobre la necesidad de un uso seguro y responsable de las nuevas tecnologías), los padres comparten una media cercana a las 300 fotos al año de sus hijos, siendo Facebook el destino principal, con un 54% de los casos; y todo ello sin pensar en las consecuencias que esta práctica puede tener.

Pero reconozcámoslo: qué padre o madre no ha presumido de sus hijos en sus redes sociales en alguna ocasión. La mayoría argumenta que lo hace por compartir esos momentos especiales con amigos o familiares a los que no ven habitualmente. El problema es que muchos progenitores no son conscientes de los riesgos que conlleva publicar fotos de sus pequeños sin aplicar unos criterios básicos de seguridad y privacidad, así como de puro sentido común. Porque, si bien es cierto que una de su principales preocupaciones es que sus niños hagan un uso responsable de sus dispositivos móviles, conozcan los peligros a los que se exponen y no abusen del smartphone… ¿se aplican los adultos las mismas reglas a la hora de gestionar sus propios contenidos y comportamientos en la red?

La respuesta parece ser negativa. El informe Not at the Dinner Table: Parents’ and Children’s Perspectives on Family Technology Rules, realizado conjuntamente por las universidades de Michigan y San Francisco, revela que las mayores discrepancias entre padres e hijos surgen por la cantidad de contenidos que los primeros comparten de los segundos; y sin su permiso. Según el citado estudio, lo ven “como un desafío que trasciende la dinámica de poder”. Los menores pueden percibir ese contenido compartido como “embarazoso” y se sienten frustrados si sus padres no cuentan con su aprobación para difundirlo. Otra realidades a tener en cuenta es que muchos adultos no se preocupan de configurar los ajustes de privacidad de sus perfiles digitales; y tampoco se plantean que al subir esa información están condicionando la identidad online presente y futura de sus vástagos. Una huella digital construida, además, sin permiso.

Según el estudio Share with Care, padres y madres comparten una media de 300 fotos al año de sus hijos, sin pensar en las consecuencias que esos clics podrían tener

Según la encuesta The Age of Consent, realizada por McAfee, el 58% de los padres no se para a pensar si su hijo estará de acuerdo con la publicación de sus fotos y vídeos, mientras que el 19% considera que es una decisión exclusiva de los adultos. Pero los tribunales no coinciden con esta visión. Sirva como ejemplo, el precedente italiano donde el Tribunal de Roma condenó a una madre a eliminar de su muro de Facebook todas las fotos de su hijo –adolescente ahora–, además de imponerle una multa de 10.000€, por publicar fotos del menor sin su consentimiento.

Estos son cinco consejos básicos para minimizar el daño del sharenting:

1. Políticas de privacidad. Los padres deben familiarizarse con las normas de los sitios en los que cuelgan información propia, pero especialmente de sus hijos. Facebook –la plataforma más usada por los adultos para este tipo de publicaciones– ofrece una opción de ‘comprobación rápida de privacidad’. Con ella se puede verificar quién tiene acceso a las publicaciones; las apps que cuentan con permiso para acceder a la información de nuestros perfil y para quién son visibles dichos datos. Además, entrando en ‘configuración de privacidad’, se puede delimitar de modo más exhaustivo quién podrá ver las fotos (amigos, amigos excepto los que elijas, solo amigos o solo tú); requerir confirmación para ser etiquetado; definir los permisos para que otros puedan publicar en tu perfil; o filtrar quién puede leer los comentarios o solicitar amistad.

2. Notificaciones de búsquedas. Una buena manera de controlar la información sobre los menores vertida en internet es activar notificaciones que alerten cuando el nombre del niño o niña aparezca en alguna búsqueda de Google.

Happy family taking selfie at home.Family,love and happiness concept.

3. Sin nombre ni ubicación. Los expertos recomiendan compartir la información de los menores de forma anónima, para respetar su privacidad. Además, apuntan que es más seguro hacerlo desde las cuentas de los adultos y muy desaconsejable crearles perfiles a su nombre. Otra pauta fundamental, con el fin de garantizar su seguridad, es no compartir nunca la localización del niño o niña. Para ello hay que evitar dar datos como el nombre de su colegio, la dirección familiar o los lugares que forman parte de la rutina familiar.

4. Posibilidad de veto. Siguiendo con las normas básicas, siempre hay que consultar a los menores sobre lo que se va a compartir de ellos en las redes sociales.  Los adultos deben considerar en todo momento el efecto que puede tener lo compartido en la autoestima de los niños, asegurándoles la posibilidad de vetar el contenido que no les haga sentir cómodos. Están en su derecho, pues las publicaciones se pueden proyectar en el tiempo, impactando sobre su honor y reputación, perjudicándoles o haciéndoles víctima de fenómenos tales como bullying (acoso escolar) o ciberacoso, robo de datos, grooming (acciones deliberadas por parte de un adulto de cara a establecer lazos de amistad con un niсo o niсa en Internet, con el objetivo de obtener una satisfacción sexual mediante imágenes eróticas o pornográficas del menor o incluso como preparación para un encuentro sexual), suplantación de identidad y un gran número de delitos relacionados con Internet.

5. Contenido apropiado. Una foto publicada puede ser reproducida indefinidamente y acabar en lugares inapropiados. Por eso, nunca hay que colgar fotos en las que el menor aparezca desnudo, incluyendo las de recién nacidos o la de la hora del baño. Por muy tiernas e inocentes que parezcan, para otros pueden no serlo.

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Este contenido ha sido desarrollado por Content Factory, la unidad de contenidos de marca de Vocento, con Love Orange. En su elaboración no ha intervenido la redacción de este medio.