Las últimas partidas del bar de Casares

Matilde y Tomás regentan el mesón González desde 1985, único bar del pueblo, y cuya amenaza del cierre está cerca de convertirse en una realidad | «Por el verano igual hay dos partidas pero ahora, por el invierno, pues una mala. Me da mucha pena tener que cerrar»

Fachada del único bar que hay en Casares de Arbás. / Sandra Santos
RUBÉN FARIÑASCasares de Arbás

Un pueblo tiene vida mientras tiene partida, mientras tiene un bar donde cuatro vecinos se puedan juntar para mantener el filandero y repartir unas cartas.

Casares está herido de muerte y es que la sombra del cierre se cierne sobre el negocio de Matilde y su marido Tomás.

El mesón de los 'González' sigue siendo el lugar donde se juega la única partida de cartas que queda en esta localidad del valle. «Por el verano igual hay dos partidas pero ahora por invierno pues, como mucho, una y mala». Hasta ella tiene que completar la mesa algunas tardes, cuando alguno de los siete vecinos del pueblo falla a la cita.

Decidieron abrir el bar hace más de 30 años, cuando sus hijos aún eran adolescentes. Iba a ser de cara al verano, aseguró Tomás, pero ese verano nunca acabó en el Mesón González.

Fue un 25 de julio, día de Santiago, cuando abría sus puertas por primera vez este establecimiento. «De aquella venían muchas asturianos, se vivía de ellos y no de la gente de León, que ni conocían este pueblo».

Matilde, regente del mesón González.
Matilde, regente del mesón González.

La despoblación en el mundo rural de la provincia de León, las sucesivas crisis y una carretera en mal estado parecen haber condenado al cierre a esta cantina reconvertida en casa de concejo.

«Es una pena que esta carretera no la arregle. Aquí en verano vuelve la gente y somos unos 20 vecinos pero por invierno marchan todos», asegura Matilde, quien recuerda la importancia de mejorar esta carretera que une la nacional con la autopista del Huerna.

Bar desde 1985 y comedor desde el 2002. Matilde y Tomás han puesto su alma en un negocio que fue centro neurálgico de Casares de Arbás.

Ahora, quedan tres casas abiertas en el pueblo y, salvo milagro, González colgará el cartel que nunca hubieran querido poner en la puerta. «Porvenir con nosotros no tiene», afirman. Les gustaría que alguien lo trabajara pero no creen que sea posible. Por ello, la pena es inmensa, han dejado mucha vida y dinero entre sus muros, en los cuales aún se siente el alma de Casares.

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