Paradilla tiene duende

La conocida como Ruta del Celorio que une Geras con Paradilla de Gordón añade desde este sábado un camino de vuelta que hace esta senda circular y no lineal como hasta ahora | Para señalizarlo, un Trasgu, ser de la mitología leonesa, realizado por el escultor leonés Amancio González, marca la vuelta

Imagen del Trasgu colocado en la montaña. / S. Santos
n. brandón
N. BRANDÓNLeón

Cuenta la mitología compartida entre Asturias, Cantabria y León que el Trasgu es un ser revoltoso, travieso y escurridizo muy difícil de ver. Hasta ahora. Ya que Paradilla de Gordón cuenta desde este sábado con este duendecillo mitológico a la vista de todos. Un Trasgu que Amancio González ha realizado en su taller de Lorenzana y ocupa un lugar en la montaña dentro de lo que se conoce como la Ruta del Celorio. Ayudado por una grúa, el Trasgu, que con una mano se tapa la cara de alguna trastada, ha sido encajado en su lugar definitivo.

Hasta ahora lineal, este camino que une Geras con Paradilla de Gordón ya es circular gracias a este Trasgu que marca la dirección de vuelta. Siempre y cuando este duende hogareño no quiera hacer de las suyas a los senderistas

«Al Trasgu se le echaba la culpa, cuando se te cortaba la leche, lloraba el niño y no sabías por qué… esas cosas que no tenían explicación el Trasgu era el responsable», atendiendo a las explicaciones de Amancio González.

200 kilos realizado en mármol negro de Calatorao daban vida en el taller de Amacio a este Trasgu con un metro de altura. Allí seguro ha tenido tiempo de revolotear entre las 60 o 70 esculturas que se entremezclan en el mundo de Amancio González. Un caos ordenado lleno, en forma de esculturas, de momentos que marcan la trayectoria de cerca de 37 años del escultor. Atrás quedó la madera de su primera etapa y ahora la piedra, el hierro y el bronce cuentan sus sentimientos e ideas.

«Mi taller está lleno de intentos de romper con el aburrimiento»

«Mi taller está lleno de intentos de romper con el aburrimiento»

«Llegó un momento en que llegué a desarrollar demasiada facilidad para trabajar la madera. Los últimos trabajos no me satisfacían e intente cambiar de material para que el reto técnico que desconocía aportara algo también a la escultura», tal y como explica el propio Amancio.

El hermano Tomás o literatos leoneses como Gamoneda, Luis Mateo Díez o Juan Pedro Aparicio esperan salir pronto de ese mundo para ocupar un lugar en la vida de León. Aunque sin duda, la figura que llena este taller es el personaje al que Amancio ha dado su estilo, sello identificativo y vida dentro y fuera de las fronteras leonesas. El que todo el mundo ve reflejado en la Negrilla y con el que el escultor expresa diferentes emociones, aunque la figura sea la misma. «Casi siempre hablo del mismo personaje. Desarrollé un personaje y me he sentido cómodo con él. Utilizo la figura no como un elemento de la realidad, son figuras oníricas cercanas al mundo de las emociones, no hablan de algo que sucede».

«Ya desde los primeros golpes que le di a un tronco de peral que tenía en el pueblo, sentí cosas»

«Ya desde los primeros golpes que le di a un tronco de peral que tenía en el pueblo, sentí cosas»

La inquietud de Amancio González por la escultura fue casual. Nos remontamos a 1982 cuando se matriculó en la academia de Alejandro Vargas. «Allí descubrí un mundo nuevo, descubrí el arte de su mano. Una vez que tienes dentro esas emociones, sacarlas fuera y encontrar el material es sencillo. Con 21 años empecé a realizar mis primeras obras en piedra».

Un maquinista de Renfe con alma de escultor que en el año 2000 cogió las riendas de sus aspiraciones para llenar el universo de su mundo único: el mundo Amancio González.