Sabero 'vuelve a iluminar' su Rincón de luz con la exposición de carburos

Imagen del Museo de la Siderurgia y la Minería de Castilla y León./
Imagen del Museo de la Siderurgia y la Minería de Castilla y León.

La exposición se puede visitar en el horario del museo y la entrada es gratuita

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El Museo de la Siderurgia y la Minería de Castilla y León, con sede en Sabero, recoge con esta exposición 55 carburos de diferentes épocas, tipos y características. Todas estas piezas son propiedad de Fernando Cuevas, coleccionista y gran estudioso de la iluminación minera.

La exposición se puede visitar en horario de museo, con entrada gratuita.

La lámpara de carburo ha sido empleada en innumerables explotaciones mineras de todo el mundo, usada por espeleólogos y aficionados a la mineralogía, presente en hogares, industrias, automóviles, bicicletas o ferrocarriles, llevando luz dónde las posibilidades de obtenerla por otros medios eran poco menos que imposible.

Prácticamente ignorado por la historia, al igual que sucede con otras invenciones del ser humano en que la sencillez de su diseño o lo rudimentario de su funcionamiento, hay que destacar que prestó un innegable y beneficioso servicio al obscuro mundo de la mina.

Serán las minas alemanas de carbón las primeras en emplear lámparas de acetileno, principalmente en las pequeñas explotaciones de la cuenca del Rhur, donde la presencia de ricas capas de carbón a poca profundidad había favorecido la multiplicación de estas explotaciones. Bélgica, Francia, Austria y otras naciones europeas siguen desarrollando sus productos, siendo siempre Alemania la que iría a la cabeza en la fabricación y venta de estos aparatos.

En España, el brillante futuro que se ofrecía a este nuevo medio de iluminación no pasó desapercibido entre fabricantes e inventores. Buena prueba de ello lo constituye el hecho de que ya en 1902 era registrado en nuestro país el primer modelo de utilidad que amparaba a una lámpara de acetileno. El 27 de octubre de ese año, José Xifré, vecino de Madrid, obtenía la primera licencia, que quedó inscrita en el recién creado Registro de Patentes, Marcas y Modelos de Utilidad con el número 4. Fue denominada por su inventor «Lámpara popular», y aunque no fue empleada en minería, hay que destacar la rapidez que estos nuevos sistemas de alumbrado fueron adaptados e introducidos en España.

Otros fabricantes irían presentando más tarde lámparas de parecidas características, destinadas principalmente a usos domésticos. Jm, Syll o Marcos son algunos de ellos.

Desde aquella ya remota fecha, y hasta 1968, se han venido presentando en el registro gran cantidad de modelos, marcas y tipos de generadores de acetileno, siendo algunos verdaderamente ingeniosos, curiosos o raros.

Por otra parte, la sencillez de construcción de los aparatos y el carácter artesanal de muchos de los fabricantes, confieren a estas lámparas características especiales y muy distintas, comparadas con las que en otras naciones se fabricaban, dándose además la circunstancia de que muchos de estos aparatos españoles jamás fueron registrados, careciendo de marcas que permitan su catalogación y, por consiguiente, su datación cronológica.

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