La República madrugó en Sahagún

La localidad leonesa fue la segunda de España que el 14 de abril de 1931 proclamó el nuevo régimen; Benito Pamparacuatro, alcalde y artífice del acontecimiento, sería asesinado en agosto de 1936

Benito Pamparacuatro./Ayuntamiento de Sahagún
Benito Pamparacuatro. / Ayuntamiento de Sahagún
ENRIQUE BERZALLeón | Sahagún|

No habían dado las siete de la mañana cuando los vecinos comenzaron a llegar, exultantes, a la Plaza Mayor de Sahagún. Era el 14 de abril de 1931, dos días después de las elecciones municipales, y el pueblo bullía al saber que las candidaturas republicanas habían triunfado en las grandes capitales de España. Media hora más tarde, con la Plaza a rebosar, un hombre de 34 años salía al balcón del Ayuntamiento. Se llamaba Benito Pamparacuatro Franco, pero en el pueblo le conocían como 'Pampa' o 'el hijo de la Ina'.

Triunfador en los comicios al frente de la candidatura republicana, Pamparacuatro era en ese momento el alcalde oficioso de la villa. Y no se lo pensó dos veces. Siguiendo el ejemplo de Alejandro Tellería Estala, alcalde socialista de Eibar que una hora antes había proclamado la República, el de Sahagún respondió al bullicio con una arenga que no tardaría en pasar a la historia: «Desde este momento vivimos en régimen republicano… ¡Viva la República!».

Fue así como el 14 de abril de 1931, a las siete y media de la mañana, Sahagún se convirtió en la segunda localidad española en declarar finiquitada la monarquía alfonsina. Según la prensa nacional, todo discurrió en un ambiente festivo y «con el orden más completo. Cerró el comercio y las músicas recorren las calles». Benito Pamparacuatro, principal artífice del acontecimiento y protagonista indiscutible de aquella jornada, regentaba una conocida tienda en la Plaza Mayor en compañía de su hermana Celina.

En la prensa de entonces, el establecimiento se anunciaba como «Hijo de Pamparacuatro», pues su fundador había sido el asturiano Valentín Pamparacuatro, padre de nuestro protagonista y hombre con fama de liberal y de ideas avanzadas. A su muerte, ocurrida en 1920, Benito y Celina se hicieron cargo del negocio.

Pero Benito no solo vendía zapatillas, cordeles y géneros de punto. «La tienda de los niños», como también se conocía al establecimiento, hacía las veces de refugio para los más desfavorecidos, especialmente para jornaleros pobres y trabajadores en paro, a quienes el encargado atendía con toda una gama de iniciativas solidarias. El resultado no se hizo esperar: los comicios del 12 de abril de 1931 llevaron al Ayuntamiento a siete concejales republicanos y cuatro monárquicos, posibilitando, siete días después, la investidura de Pamparacuatro por diez votos a favor y una abstención.

La labor del nuevo edil, como ha escrito Secundino Serrano, sería frenética. Con grandes dosis de entrega y generosidad, Pamparacuatro multiplicó los viajes a Madrid y León para recabar apoyos con los que acometer obras de urgente necesidad. Entre ellas, por ejemplo, la finalización de la cárcel del partido, el inicio de la carretera entre Joarilla y Sahagún, el camino vecinal de Codornillos, la carretera a Guardo, un nuevo Grupo Escolar, una Biblioteca Pública, el cuartel de la Guardia Civil, y el encauzamiento del río Valderaduey. Buena parte de sus afanes se dirigían, como demuestran las actas municipales, a aliviar en lo posible el paro obrero.

Sin embargo, como ocurrió en muchas otras localidades, el gobernador le acusó de participar en la huelga revolucionaria de octubre de 1934 y le destituyó del cargo; a él y a todos los concejales de la Corporación. Procesado por tales hechos, no pudo ser repuesto cuando las izquierdas ganaron las elecciones generales en febrero de 1936. Poco antes del levantamiento militar que provocaría la Guerra Civil, este leonés de Sahagún, nacido el 5 de febrero de 1897, dejó escrito una especie de desahogo de conciencia en el que reconocía haber cometido algunos errores, pero en el que también reprochaba a sus paisanos cierta apatía política, ingratitud e indolencia. Para muestra, estos versos que le enseñó un amigo a los pocos meses de su toma de posesión: «La mayor inocentada/ es hacer labor honrada/ para la masa oprimida/ en una ciudad dormida/ que no se entera de nada».

El 20 de julio de 1936, dos días después de la sublevación de una parte del ejército en Marruecos, Sahagún caía en manos de los militares rebeldes. Pese a la insistencia de familiares y allegados, Pamparacuatro se negó a salir del país argumentando que no había hecho nada malo. La represión, sin embargo, avanzaba a un ritmo implacable; tanto, que, ayudado por un empleado del bar 'España', decidió huir y refugiarse en San Andrés del Rabanedo, muy cerca de la capital leonesa. Hasta allí fue a buscarle un grupo de vecinos y falangistas; y no tardaron en encontrarle. Era el 28 de julio de 1936. Después de torturarlo, lo ataron por los pies a un camión y lo arrastraron por las calles hasta dejarlo agonizante. Pocos días después, el 4 de agosto de 1936, lo mataron de un disparo. No medió juicio alguno. Sus restos, arrojados a una finca de San Andrés del Rabanedo, nunca fueron encontrados.

El 3 de julio de 1931, el presidente del gobierno provisional de la República, Niceto Alcalá Zamora, firmaba en Madrid el diploma que otorgaba a Sahagún la mención de «Muy ejemplar ciudad» por haber proclamado «la República en la madrugada del 13 al 14 de abril, con espontáneo y vibrante gesto de civismo y democracia».

Pocos se acordaban de aquel histórico momento cuando, a finales de los años 70, en plena Transición democrática, llegó el momento de retirar los símbolos franquistas y sustituirlos por los del nuevo régimen constitucional. El funcionario que procedió a desclavar los retratos de Franco y Primo de Rivera que presidían el salón de plenos descubrió, al rescatar los marcos, que estos contenían dos diplomas esmaltados con los colores republicanos: se trataba de un manifiesto del gobierno de la República firmado por todos sus miembros, y de una litografía, mandada realizar por la Corporación que presidía Pamparacuatro, que conmemoraba la concesión a Sahagún del título de 'Muy ejemplar ciudad'. Allí habían estado, escondidos junto a Franco, durante los 40 años que duró la dictadura.