La Quinta del 69 de Boñar vuelve al colegio que les vio crecer en un emotivo reencuentro

Imagen de grupo de los asistentes a la celebración./
Imagen de grupo de los asistentes a la celebración.

El paseo por las pistas o el pórtico cubierto del colegio ayudó al intercambio improvisado por los recuerdos de anécdotas de los recreos, el comedor y las historias

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Emotiva, sentida, creativa, conmovedora, sorpresiva, llena de buena nostalgia, divertida. Estos eran algunos de los calificativos utilizados por los participantes del reencuentro de los antiguos alumnos del colegio comarcal boñarés de «Valles» pertenecientes a la quinta del 69 para valorar el conjunto de actividades de las que han disfrutado.

Un ambiente festivo de sonrisas y abrazos envolvía el comienzo de la jornada en el patio de las que fueron las Escuelas Nacionales, lugar elegido para la concentración inicial. Algunos compañeros hacía treinta y siete años que no se veían y la emoción brotaba entre un aluvión de saludos y preguntas para ponerse al día en datos esenciales sobre la vida de cada uno. Tras el primer posado previsto, la comitiva se trasladó al Colegio Comarcal de «Valles».

El paseo por las pistas o el pórtico cubierto del colegio ayudó al intercambio improvisado por los recuerdos de anécdotas de los recreos, el comedor y las historias que se fraguaban en el momento de formar las filas por cursos para entrar en el edificio escolar. Después de una nueva instantánea que rememoraba otra que realizaran gran parte de los quintos cuando cursaban sexto de EGB en 1980/81 la fiesta tomó rumbo al Museo de la Fauna Salvaje de Valdehuesa.

Foto en los portales de las Escuelas.
Foto en los portales de las Escuelas.

En la terraza les esperaba un refrescante cóctel de bienvenida que sirvió de antesala para adentrarse en la primera sorpresa del día. Los organizadores habían montado una pequeña aula con pupitres, encerado, mapas y diverso material escolar con la colaboración del colegio de Boñar y de libros guardados con celo por otros compañeros para emular aquellas sesiones de fotos que vivieron de niños. De la «clase» se pasó al «comedor» para dar buena cuenta de un menú cuidado en el que sobresalía el cabrito al horno como plato principal.

La segunda sorpresa llegó con la proyección del montaje fotográfico realizado con imágenes aportados por los propios participantes y por otros compañeros que, ante la imposibilidad de participar personalmente, enviaron materiales audiovisuales que sirvieron para organizar un creativo anecdotario distribuido en cuatro grandes bloques: las clases y los profesores, los agrupamientos de alumnos, las excursiones y las historias individuales.

No acababan ahí las emociones. A continuación, se procedió a la entrega de un elaborado detalle conmemorativo, se regaló una participación de lotería de Navidad y se sortearon varios libros de la historia del municipio donados por su autor, también miembro de la quinta.

Ese ambiente de alegría se desbordó, finalmente, cuando comenzó a sonar la música de los 70 y 80 que rápidamente transformó el espacio ocupado en una improvisada pista de baile al estilo de aquellas discotecas que frecuentaron en su adolescencia. Una larga y sentida despedida a múltiples bandas puso el cierre a tan emotivo reencuentro.

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