Iluminada, o cómo sobrevivir al invierno leonés

Esta vecina de Poladura de la Tercia lleva 62 años viviendo la localidad del valle de Arbás, donde recuerda grandes nevadas que cubrían las ventanas y que evitaban que pudiera salir de casa durante quince días

Iluminada recibe en su casa de Poladura de la Tercia a un equipo de leonoticias. / Sandra Santos
RUBÉN FARIÑASPoladura de la Tercia

62 años viviendo en el corazón de la montaña leonesa, en el mismo pueblo, en Poladura de la Tercia, en el invernal valle.

El bello paisaje se tiñe de blanco y así lleva viéndolo décadas y décadas Iluminada, una mujer que conoce como nadie cómo se vive -o se sobrevive- en la nieve, aislada de las facilidades de la ciudad.

Tan solo hace 22 años que pusieron calefacción; hasta entonces tenían estufas de gas y queroseno, pero aunque tuvieron muchas estufas ninguna «tira» como su cocina de carbón.

«Aquí los inviernos se viven con mucha nieve, pero siempre hubo bastante leña y carbón; matábamos cerdos y castrones, aquí falta de comer no había».

Iluminada, en su casa de Poladura de la Tercia.
Iluminada, en su casa de Poladura de la Tercia.

Siete años y medio vivió en casa de Consuelo y Ángel y, desde que se casó, se mudó a la casa de sus suegros, donde hoy todavía vive. Había veces que «tardaba dos veces en verse amanecer», ya que la nieve cubría todas las ventanas. «Hasta arriba se cubrían las ventanas, y a las vecinas no se les veía la puerta del portal».

Aunque si había que arrimar el hombro, ella era la primera: «Yo espalaba como un hombre y tenía fuerza; ahora ya no tengo esa fuerza», sonríe mientras ofrece un café, unas pastas y bombones.

Se enorgullece de su tensión, «13 y 7», se la tomaron hace poco una ats y una médico que visitaron Poladura. Ahora, junto a su hijo, son de los pocos habitantes que quedan en el pueblo. En un ejercicio de memoria, recuerda a todos ellos. «Susana, Néstor,... nosotros, Fernando y Gelo».

El albergue de Poladura de la Tercia

La localidad cuenta con un centro de acogida para peregrinos que se encuentren realizando el Camino del Salvador, entre Oviedo y León.

Este recinto dispone de 14 camas, un par de baños y una cocina donde descansar tras completar alguna de las etapas.

El precio por estancia es de siete euros.

Una frase, en el marco de la puerta, recuerda que: 'El turista exije; el peregrino agradece'.

Iluminada también ha creado sus propios hobbies y uno de ellos es el ganchillo. Cuando cae la luz del sol, la sopa de letras tampoco falta.

Y es que la vida en la montaña obliga a buscar alternativas de ocio, nunca se sabe cuándo la nieve puede jugar una mala pasada y obligar a hibernar. Hasta quince días ha pasado sin poder salir de casa por las 'nevadonas' de antaño «y sin tele, solo tenía un transistor pequeño».

Una asistente social ayuda a Iluminada con las tareas del hogar, aunque ella siempre acaba repasando todo y hace la comida en la estufa de carbón, que se cocine poco a poco.

Así pasan los días la decena de vecinos de Poladura, un pueblo al que el invierno azota cada año y que ha hecho de sus gentes unos supervivientes entre la nieve.