«La gente me dice que estoy como una madreña»

Según el leonés, lo más complicado es el descenso. /
Según el leonés, lo más complicado es el descenso.

El leonés Eduardo Alonso, siguiendo la tradición del Cainejo, se ha propuesto subir a las cumbres de los Picos utilizando el calzado tradicional

A. VILLACORTA
A. VILLACORTALeón

La gente me dice que estoy como una madreña y que tenga cuidadín con los tobillos», bromea Eduardo Alonso Recio, un leonés de Riaño que, en sus ratos libres y a sus 45 años, se ha propuesto subir a las principales cumbres de Riaño y de los Picos de Europa exactamente así: calzado con unas madreñas y sus correspondientes zapatillas de felpa con estampado de cuadros dentro siguiendo los pasos del Cainejo.

«He empezado por las montañas que rodean a Riaño. En concreto, por el pico Gilbo. Después seguí por el Yordas y, el pasado domingo, fue el turno del Espigüete (2.451 metros), pero mi próximo objetivo será el Collado Jermoso, porque, aunque en Asturias y Cantabria los sepáis vender muy bien, lo mejor de los Picos de Europa está en León. Es un reto personal que me he marcado y no pararé hasta conseguirlo», bromea queriendo picar al personal Edu Alonso, que ya tiene callo en montaña después de haberse marcado varias ultramaratones a través de riscos y quebradas.

Pero, una vez que decidió abandonar el reto de correr, necesitaba más. Y, un buen día, se le ocurrió «rendir un homenaje al calzado tradicional» que tantas veces vio usar en su pueblo y que su padre, Valentín, octogenario, «aún sigue utilizando cuando trabaja en el huerto».

Así que dicho y hecho: se hizo con unas madreñas en León capital, donde reside, «aunque compradas a un madreñero asturiano», porque en la comunidad vecina -lamenta- «ya no queda nadie que se dedique a hacerlas». Un número 43 para ser precisos. Y, acompañado por unos amigos (ellos, convenientemente equipados con botas de monte, eso sí), se lanzó a la aventura de la escalada, con desniveles superiores a los mil y los dos mil metros.

«Pero, ojo, que lo complicado no es subir, que es relativamente fácil, sino bajar», relata este amante irredento de las cumbres, «porque tienes que saber muy bien dónde colocas el pie, asegurar cada paso, y las zapatillas se van hundiendo». Aunque, si de algo presume Alonso es de «ser muy prudente», sabedor de que «con la montaña no se juega». Así que, por si surge algún problema, lleva calzado deportivo en la mochila. «Y, si alguna vez veo que no puedo seguir, me las quito y fuera».

Eduardo Alonso, durante una de sus travesías.
Eduardo Alonso, durante una de sus travesías.

La última vez, subir al Espigüete le llevó tres horas y media, pero, en total, estuvo con las madreñas puestas ocho horas: «Me las calcé a las diez de la mañana y me las quité a las seis de la tarde». Y todo eso, sin patrocinador, solo por amor al calzado tradicional astur-leonés. En su caso, de madera de nogal.

«Así que, si alguien se anima, estoy dispuesto a que me esponsoricen. Alguien tan loco como yo tiene que haber», vuelte a bromear y no el de Riaño, que también «acepta invitaciones para pasar algún fin de semana en Asturias escalando». Lo que sí ha recibido ya es el ofrecimiento de un tatuador de León para tuneárselas, algo que quizá haga más adelante, porque, de momento, «se rayan mucho con las peñas. Se nota que han sufrido».

¿Y su padre, Valentín, qué opina de todo esto? «Pues lo admira y dice que, si no tuviese la edad que tiene, subiría él conmigo».