Nuevas especies de aves nidifican en Castilla y León por el cambio climático, que cambia sus hábitos migratorios

Garcilla cangrejera en Castilla y León. /
Garcilla cangrejera en Castilla y León.

SEO/Birdlife llama la atención de la garcilla cangrejera, habitual de humedales del sur y más mediterráneos, y la barnacla, más cercanas al Norte de Europa

ICALleón

Los expertos reiteran a diario que la actividad del hombre afecta gravemente al movimiento de los animales, principalmente a la migración de las aves. Una cuestión que se refleja en los comportamientos de especies que hacen parada por primera vez en Castilla y León para nidificar y que, en algunos casos, incluso se están consolidando en los últimos años. Uno de los últimos ejemplos es el de la garcilla cangrejera, habitual de humedales del sur y más mediterráneos, y que logró reproducirse por primera vez en 2016 en la Comunidad, concretamente en Zamora, debido a la búsqueda de nuevos hábitats y territorios.

Este es uno de los aspectos más destacables del Noticiario Ornitológico, al que tuvo acceso Ical y que cada seis meses publica la revista científica Ardeola, que recopila noticias de 179 especies obtenidas de diversas fuentes y facilitadas por numerosos ornitólogos a pie de campo. Y es que dos parejas de esta especie han logrado sacar adelante siete pollos en una colonia mixta de garzas y cormorán grande en el embalse de Ricobayo. Algunas especies de distribución más meridional prolongan su territorio hacia latitudes más al norte de la Península, explica Blas Molina, biólogo de SEO/Birdlife.

Molina asegura que las reproducciones de algunas de estas especies no ocurren todos los años. Algunas amplían y otras reducen en las zonas habituales, señala Molina, quien sostiene que en el caso concreto de las poblaciones de garzas hay tendencia positiva a crecer. La garcilla cangrejera es excepcional y parece que su distribución aumenta hacia el norte. Pero hay que esperar a ver si se consolida o sigue moviéndose más hacia el norte. Por eso es raro que haya que anidado en Castilla y León, sitúa el biólogo.

Además de la garcilla cangrejera, la espátula común, otra especie ligada a zonas húmedas, ha realizado también los primeros intentos de reproducción conocidos en la provincia de Palencia, en el suelo de una gravera cercana a la Laguna de la Nava, aunque sin éxito; al igual que en Villafáfila (Zamora), donde también resultó truncado. Sin embargo, sí se observó éxito en otro intento en Ricobayo, donde se instalaron seis parejas nidificantes, de las que cinco han conseguido el objetivo, con una decena de pollos que volaron en el mes de agosto. Esta exitosa cría se produjo en una colonia mixta de ardeidas (martinete, garcilla cangrejera, garcilla bueyera y garceta común) y cormorán grande ubicada sobre una sauceda de Salix alba.

Otras dos especies vistas en los últimos años por primera vez en la Comunidad son las barnaclas. Por un lado, la canadiense grande, donde habitualmente descansa un ejemplar en el embalse del Rosarito, en el Valle del Tiétar (Ávila); por otro, la barnacla cariblanca, donde se ha visto un grupo de 11 aves en la laguna de La Nava, en Palencia, y un ejemplar en la laguna de Santa Cristina del Páramo (León).

En este sentido, Blas Molina argumenta que las poblaciones de barnaclas han crecido bastante en el norte de Europa y a veces llegan a humedales cercanos a la Costa Cantábrica y Galicia. Eso no resta, añade, que también figuren en La Nava y Villafáfila, a veces habituales durante la invernada. No obstante, después de las reproducciones se registran siempre movimientos de dispersión, motivo por el que se encuentran ejemplares en zonas poco habituales.

En la provincia de Ávila, los ornitólogos observaron y escucharon un ejemplar de agachadiza común en el puerto del Pico, en mayo de 2016, y una pareja en el valle del Tormes. Igualmente, se controlaron tres vencejos cafre en el tramo fronterizo del río Águeda, en Arribes del Duero, entre Mata de Lobos y Sobradillo (Salamanca). Ninguna de estas dos aves es habitual verla en estos dos espacios.

El documento cita también al zorzal común, que ha disfrutado de una importante expansión como reproductor en Gredos occidental (provincias de Ávila, Cáceres y Salamanca). Lo hace desde 2014, pero sobre todo en 2016 se localizaron numerosos machos cantores, así como algunos jóvenes volanderos, cuando en 2002 sólo se marcó un punto de cría probable en el entorno de Béjar. El año pasado la especie ocupó con baja densidad las comarcas cacereñas de La Vera, valle del Jerte y valle del Ambroz, y con densidad variable la vertiente salmantina de la sierra de Béjar y las abulenses del valle del Tormes, Aravalle, alto Alberche y sierra de Villafranca-Piedrahíta.

Afección directa del hombre

El biólogo reitera a Ical que la actividad del hombre afecta mucho al movimiento de las aves, pues el cambio climático ha motivado el secado de humedales o la modificación de cultivos necesarios para estas aves. Por ejemplo, asegura que el ánsar común ha disminuido su invernada en Castilla y León, pues Villafáfila y La Nava eran puntos claves y en los últimos años la cifra ha bajado de 60.000 a 20.000 ejemplares. Esto es porque se quedan en zonas del centro de Europa. Eso tiene relación con el cambio climático. Si los pastizales no están cubiertos de nieve y hielo, se quedan en aquellos lugares y no migran al sur. Si se cubren, tienen que venir a donde esté disponible el alimento, sentencia.

En el caso del ánsar común se ha apreciado un adelanto en los tiempos de vuelta al norte. A Suecia, por ejemplo, esta especie regresa ahora en febrero, cuando habitualmente lo hacía entre marzo y abril.

Censos con novedad

El Noticiario Ornitológico, que recoge SEO/Birdlife, no se centra únicamente en los avistamientos de especies que llegan por primera vez a un territorio poco habitual en su migración. También cita los censos en los que existen novedades, bien por importantes aumentos o descensos o simplemente porque se trata de zonas tradicionales. Es el caso del entorno del Refugio de Montejo, en Segovia, donde se contabilizan desde hace años colonias de varias rapaces e incluso de cigüeñas blancas, habituales en el cien por cien del territorio autonómico.

Blas Molina recuerda que su censo sigue creciendo. Así, en el área de las Hoces del Riaza se revisó un centenar de nidos en 2016 en 44 términos municipales (30 de Segovia, 11 de Burgos y tres de Soria), con 68 nidos ocupados, 54 de ellos con éxito, con un total de 126 pollos volados. De ellos, tres nidos se saldaron con cuatro pollos; 23 con tres; 17 con dos; y 11 nidos con un pollo. Todo ello ha permitido una productividad de 2,33 pollos por nido de media y 1,85 ejemplares de tasa de vuelo, ambas por encima de la media de los últimos años, de 1,94 y 1,49, respectivamente.

En el propio Refugio de Montejo se contabilizaron también entre 12 y 13 parejas de alimoche común. De ellas, 11 iniciaron la reproducción, pero sólo siete obtuvieron éxito, con ocho pollos volados en total. Durante los últimos 42 años se han registrado 102 nidificaciones, 84 con éxito, con un máximo de 19 pollos volados en 1988.

En cuanto al buitre leonado, el censo en este área de Segovia se eleva a 244 pollos volados en 2016, 284 en 2015 y 295 en 2014, el más alto de los 42 años del Refugio, durante los cuales han criado, en 883 nidos, 5.869 pollos. Se da la circunstancia de que un mismo nido ha sido usado con éxito 34 años y otro 20 seguidos.

Por último, se ha apreciado una notable recuperación en el Refugio en 2016 del cuervo grande, con un mínimo de 11 nidos con éxito (siete en Segovia, dos en Burgos y dos en Soria), con 32 pollos volados.

Sin abandonar las aves rapaces, el censo de águila imperial en Castilla y León el pasado año fue de 89 parejas territoriales (19 más que en 2015) y 112 pollos volados. En 1999 se conocían sólo 16 parejas en el sur de Ávila y de Segovia. La especie colonizó Valladolid en 2009 y ya se han localizado 16 territorios en 2016. En Salamanca se detectó la primera pareja en 2015 y tres en 2016. Mientras, Ávila y Segovia acogen 70 parejas en conjunto, 13 más que en 2015.

El Noticiario Ornitológico llama también la atención de la amplia presencia de ánsar careto: cuatro aves en el embalse del Ebro (Burgos), tres en el azud del Riolobos (Salmanca), una en Villafáfila y siete en La Nava. Igualmente, la garza real, presente de forma habitual, cuenta con un censo relevante en el embalse de Linares (Segovia), con 17 nidos, 16 de ellos ocupados.

Por último, la avutarda, la más voluminosa de las especies de la avifauna ibérica, evoluciona como los dientes de sierra en la Comunidad. Cuenta con un censo en Valdunquillo (Valladolid), en 2016, de 313 ejemplares en 3.200 hectáreas. En años anteriores se censaron entre 170 y 250 ejemplares, con 10,66 individuos por cada kilómetro cuadrado.

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