«El éxito no depende del cole al que vayas, sino de la voluntad que tengas»

Alba Sánchez, a la entrada de su instituto. /EL NORTE
Alba Sánchez, a la entrada de su instituto. / EL NORTE

Alba Sánchez, de la localidad salmantina de Fuenteguinaldo, recibe una beca de la Fundación Amancio Ortega para estudiar un año en Canadá

Silvia G. Rojo
SILVIA G. ROJO

Asegura que lleva desde los once años soñando con la posibilidad de estudiar un año en el extranjero. De hecho, recuerda perfectamente el momento en el que se lo contó a su amiga Andrea y ahora, cuatro años después, ha llegado su oportunidad. Alba Sánchez Encinas, de Fuenteguinaldo (Salamanca), es una de los 600 estudiantes de toda España que ha sido becada por la Fundación Amancio Ortega para pasar un año en Canadá.

El proceso no ha sido sencillo, otras 10.000 personas querían lo mismo que ella y partían de unas calificaciones que como mínimo, en el caso de la asignatura de Inglés, no debían de estar por debajo del ocho. «Cuando fui al primer examen que se hizo en noviembre en Valladolid no me había preparado y no tenía muchas esperanzas de pasar pero lo conseguí. Luego llegó una segunda parte en la que tuve que hablar tres minutos en inglés y decidí hacerlo sobre mí misma, mis aficiones, mi pueblo», recuerda.

Ese pueblo al que se refiere Alba, Fuenteguinaldo, es uno de tantos en los que la población ha ido mermando a pasos agigantados y de momento, se ha detenido en 680 vecinos. Esto ha convertido al colegio en el que la joven estudió desde los siete años, y hasta el momento de partir al instituto a Ciudad Rodrigo, en un centro multinivel, es decir, en uno de esos en los que las clases comparten alumnos de varias edades. «El éxito académico no depende del cole al que vayas sino de la voluntad que tenga el estudiante porque lo que cuenta es el esfuerzo», afirma. Esa época «fue la mejor» y, cuando llegó el momento de acudir al Fray Diego Tadeo no notó un cambio de nivel, incluso, optando por la formación bilingüe que hasta entonces le era ajena.

Alba tiene las ideas más que claras. «Estudio mucho, más en la época de exámenes, pero al final tiene su recompensa en las notas, en no tener que hacer nada en verano», apunta y declara abiertamente que los resultados «no son cuestión de suerte, hay que trabajar».

El curso que viene lo pasará con una familia en las Montañas Rocosas canadienses, en la Columbia Británica y, a pesar de que «ni puedo venir yo en todo el curso ni pueden ir mis padres a verme», se nota que desborda alegría por los cuatro costados. «No va a ser todo perfecto y voy a echar mucho de menos a mi familia, pero creo que será algo decisivo en mi futuro y lo voy a intentar disfrutar al máximo». Asume que este curso «marcará un antes y un después, una nueva experiencia que me abrirá la mente».

Llegados a este punto de la conversación, alude a sus padres, María Ángeles y Ricardo, que están viviendo este momento «con sentimientos contradictorios. Es una mezcla extraña, estamos alegres por ella pero también hay preocupación y, cuando se tenga que marchar, lo pasaremos mal como padres pero sabemos que es una oportunidad única de enriquecimiento personal. A partir de aquí, que vuele».

La Fundación Amancio Ortega ofrece orientación tanto a los padres como a los alumnos pues la experiencia indica que los jóvenes pasan de la euforia inicial al bajón y luego a llevar la situación con normalidad.

El padre de Alba es además el director del colegio de Fuenteguinaldo y tuvo la oportunidad de vivir la experiencia como docente en el núcleo urbano y en el rural. «Me parece que esta infancia en el pueblo es más saludable, en el cole rural adquieren más autonomía tanto desde un punto de vista curricular como personal y Alba tuvo mucha suerte de haber vivido los dos sistemas».

Es verdad que ahora Alba se encuentra en ese punto de la vida en el que quiere más. «Se fue tres semanas a Irlanda y ya nos dijo que quería mundo», comenta su padre.