Los monumentos se protegen de los coches en la comunidad

Los monumentos se protegen de los coches en la comunidad

Las ciudades patrimonio de Castilla y León tienden a restringir el tráfico, pero persiste el problema con los vehículos de reparto y suministros en los cascos históricos

FRANCISCO GÓMEZsalamanca

La extinción de esa especie mecánica de predador contaminante también conocida como coche en los centros históricos de las ciudades parece a estas alturas difícilmente reversible. Pero esa tendencia general tiene como es habitual muchos ángulos y enfoques. Si bien se va luchando por ganar espacio para el peatón y restringir al máximo el volumen de tráfico rodado, lo cierto es que hay algunos problemas que plantean dificultad. Es el caso del tráfico vinculado a vehículos de reparto o suministros para hostelería y otros servicios, un asunto que ha saltado a la primera página de la actualidad este verano en ciudades como Salamanca.

Las ciudades patrimonio han sido en muchos casos pioneras a la hora de abrir el camino a la peatonalización. Un hito sin duda constituyó la decisión de Segovia hace algo más de 25 años de prohibir la circulación por debajo del Acueducto. Se trataba de proteger la construcción bimilenaria de la amenaza de derrumbe que ceñía sobre ella el volumen de tráfico que la asfixiaba. En ese momento, las ciudades de mayor carácter monumental habían iniciado ya ese camino con más o menos ambición y entusiasmo.

Desde entonces, la peatonalización es siempre una cuestión de cierta controversia. Se gana espacio para el paseo, el ocio y el disfrute de las ciudades, lo que tiene buena acogida en general, pero no falta quien afirma que se limita la posibilidad de competir del comercio implantado en las zonas tradicionales frente a las grandes superficies de la periferia.

Planes y contraplanes

Sea como fuere, en pleno verano de 2016 el proceso de restricción del tráfico rodado en las zonas céntricas continúa siendo objeto de estudios, planes y contraplanes. A estas alturas, Valladolid analiza si eliminar totalmente la circulación (incluido el paso del bus y de taxis) por su Plaza Mayor, si ampliar el perímetro peatonal hasta la Catedral, mientras que Ávila se prepara precisamente para un cambio bastante radical en el funcionamiento de la circulación en la zona más próxima a su Catedral.

Según ha anunciado el consistorio abulense, a partir del 9 de septiembre se cierra al tráfico el acceso a la plaza más cercana a la seo, estableciendo, eso sí, una serie de excepciones que incluyen lógicamente los vehículos de emergencia y seguridad, el paso de los clientes a los hoteles de la zona, taxis, vehículos de residentes y carga y descarga de vehículos industriales.

Y ahí está justamente un asunto que puede acabar siendo bastante problemático. En Salamanca, estos días se ha puesto sobre la mesa el enorme daño que están causando los vehículos de reparto en su Plaza Mayor. Aunque es habitual el goteo de noticias vinculadas con el choque de algunos camiones con farolas (lo que constituye todo un problema, porque se trata de un modelo descatalogado cuya reposición es harto compleja) o con algún banco, hasta ahora había pasado desapercibido que son muchos los vehículos que dejan su huella rozando en los arcos monumentales de entrada al ágora monumental.

La Plaza Mayor de Salamanca, como uno de los modelos universales de plaza barroca castellana, fue uno de los primeros espacios que trató de protegerse del tráfico, ya en los años 70 (hasta entonces, se circulaba e incluso se aparcaba en el interior del monumento con toda normalidad), pero siempre tratando de conciliar esta restricción con el vigoroso tejido hostelero y sus necesidades.

En el año 2007, el Ayuntamiento trató de ordenar algo el problema, estableciendo un turno más estricto de carga y descarga y un sentido de circulación, marcando unos arcos de entrada y otros de salida para los vehículos. El problema es que, según ha denunciado la Asociación de Ciudadanos por la Defensa del Patrimonio, ese reglamento ha tenido «una aplicación tan enormemente lasa que ha acabado por no regir prácticamente ninguna restricción, ocasionando un gran daño a la Plaza», afirma Jesús María Hernández, presidente del colectivo.

Entre los problemas, que no se ha fijado un límite de peso para los vehículos que entran en el monumento y eso lleva a que a menudo en la Plaza Mayor entran grandes camiones. «La plaza es un espacio muy sensible y con un espacio limitado y por tanto habría que limitar no solo el número de vehículos que entran, sino el tamaño de estos vehículos, no puede ser que el mismo camión que llega cargado por la autovía entre tal cual hasta la mismísima Plaza Mayor», lamenta Hernández.

Por eso, afirma que «hay que ser valientes y apostar en primer lugar por la protección de la Plaza Mayor, que ahora mismo no está ni mucho menos asegurada, nuestra opción sería sin duda prohibir totalmente el tráfico dentro de la plaza y que el reparto se efectuara a pie, aparcando otro tipo de vehículos más pequeños en las calles aledañas».