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La técnica de laboreo mínimo gana terreno al tradicional con un crecimiento del 32% en los últimos cinco años en Castilla y León

Trabajos de laboreo mínimo. /Gráfico
Trabajos de laboreo mínimo.

La siembra tradicional se mantiene como la técnica más empleada en la Comunidad, con 2,2 millones de hectáreas, casi 100.000 más que en el año 2008

s. gallo
S. GALLO León

El laboreo mínimo ha ganado terreno en los últimos años en el campo de Castilla y León con el empleo de esta técnica de cultivo en 37.000 hectáreas más que hace cinco años, hasta superar las 154.000, lo que supone un aumento del 32 por ciento si se tiene en cuenta la aplicación de esta técnica de mantenimiento del suelo tanto en el caso de los cultivos leñosos como en las tierras de barbecho. Por el contrario, el laboreo tradicional experimentó una caída del 5,5 por ciento en este mismo periodo en el campo de la Comunidad.

El Ministerio de Agricultura, Pesca y Medio Ambiente entiende por laboreo mínimo aquel trabajo superficial mediante el uso de cultivadores, gradas y arado de cincel cuya profundidad es inferior a 20 centímetros, mientras que el laboreo tradicional es aquel que trabaja en la alteración, mediante implementos mecánicos, del perfil del suelo en una profundidad igual o superior a los 20 centímetros.

La Encuesta sobre Superficies y Rendimientos de Cultivos (Esyrce) de 2018 publicada por el Mapama y recogida por Ical, contempla un crecimiento del 4,3 por ciento en el empleo del laboreo mínimo (de 41.866 hectáreas en 2013 a 43.667 en 2018) en el caso de los cultivos leñosos, frente a un aumento del 47,3 por ciento en el uso de esta misma técnica en el caso de las tierras de barbecho (de 75.340 hectáreas en 2013 a 110.954 el año pasado).

En el caso del laboreo tradicional, la tendencia en su uso también es al alza en el caso de los cultivos leñosos, donde se empleó en un 7,9 por ciento respecto al año 2013, cuando se contabilizaron 17.839 hectáreas trabajadas con esta técnica frente a las más de 21.000 que recibieron este tratamiento el año pasado. En el caso del barbecho, el laboreo tradicional fue a la baja en un 6,6 por ciento, desde las 376.585 hectáreas hasta las 351.577 de 2018.

Según la Esyrce y atendiendo al comportamiento de las comunidades autónomas, más del 67 por ciento de la superficie de barbecho nacional se concentra en Castilla-La Mancha, con el 30,1 por ciento (914.041 hectáreas), seguida de Castilla y León, con el 19,9 por ciento (604.279 hectáreas) y Aragón, con un 16,9 por ciento (512.226 hectáreas). En todas ellas, la técnica de mantenimiento más utilizada es el laboreo tradicional, ya que entre todas ellas suman un total de 1,1 millones de hectáreas, es decir, el 75,3 por ciento del total.

Siembra directa

A la vista de los datos de esta encuesta, la siembra tradicional se mantiene como la técnica más empleada en Castilla y León, con 2,2 millones de hectáreas, lo que supone el 35,1 por ciento del total nacional. Por su parte, la siembra directa que se hace sobre el rastrojo, se localiza en el 33,7 por ciento de la superficie cultivada bajo este sistema en España (235.000 hectáreas en Castilla y León), una técnica de siembra que ha crecido en casi 100.000 hectáreas en la última década, lo que se traduce en un aumento del 71,5 por ciento.

A pesar de ser una Comunidad tradicionalmente cerealista, en Castilla y León solo se siembra directamente el diez por ciento del cereal de grano, algo similar a lo que ocurre en Castilla-La Mancha, donde no llega al cinco por ciento. En cuanto al girasol, en Castilla y León y Andalucía, que cultivan casi el 68 por ciento del girasol nacional, la siembra directa no supera el cuatro por ciento en cada una de estas comunidades.

Sin peligro en el futuro

El presidente de Asaja Castilla y León, Donaciano Dujo, puso de relieve la profesionalidad de Castilla y León en materia de agricultura, y aseveró que se tiene «lo que se tiene» porque mayoritariamente el territorio es meseta con una climatología en algunos casos «extrema» y con una superficie de regadío «pequeña» en comparación con otras zonas. «Lo que es la agricultura, bien sea tradicional, de conservación, de laboreo mínimo o agricultura ecológica, es muy profesional y puede convivir con todo tipo de agricultura, y en cada tipo se va a mantener la mayor rentabilidad por la profesionalidad de sus agricultores», garantizó.

Por ello, aseguró que «no está en peligro ninguna agricultura en los próximos años» en Castilla y León, y sobre la influencia que puede tener en la continuidad de estas técnicas la futura PAC, Dujo apostilló que el documento «es una incógnita», en especial hasta la celebración de las próximas elecciones europeas. «Entiendo que la agricultura es prioritaria y estratégica para España, para Castilla y León y para la Unión Europea, y no se ponga en peligro ningún tipo de agricultura, que es la que alimenta a la sociedad, lo que mantiene el medio rural y el medio ambiente», por lo que estimó que todas las agriculturas tendrán que hacerse «compatibles» con el entorno.

Preocupación por el glifosato

A juicio del coordinador regional de la Unión de Campesinos de Castilla y León (UCCL), Jesús Manuel González Palacín, la nueva PAC sí influirá en la evolución de las técnicas de laboreo, pero en especial podría hacerlo un herbicida denominado glifosato y que se encuentra «en el punto de mira» para su prohibición. «Si Europa decide prohibirlo, está poniendo en jaque unas prácticas y un sistema productivo como es el laboreo, que todo el mundo entiende que es mucho más respetuoso que otros» pero que depende de ese herbicida, que se encuentra «muy cuestionado» por la Unión Europea.

Palacín advirtió de que el laboreo tradicional «va a cambiar» con la necesidad de aplicar prácticas y requisitos medioambientales «más duros», lo que influirá en la agricultura convencional. En relación a la prohibición del glifosato, desde UCCL se aseguró que las organizaciones agrarias serían «las primeras interesadas» en la prohibición de un producto si fuese nocivo para la salud, aunque se apuesta por su continuidad porque «con muchas más las ventajas que los riesgos que puede haber».

Palacín aludió a una corriente ecologista existente en Europa que «ha hecho su modus vivendi de denunciar estas cosas y conseguir batallas prohibiendo sustancias». «No vamos a ir en contra de la salud de nadie, queremos que los alimentos sirvan para mejorar la salud, pero cuando es una corriente sin peso científico detrás y sin que se demuestre que es peligroso, hay que ser prudentes», pidió Palacín, porque se pone en riesgo el laboreo, que «tiene ventajas innegables para el medio ambiente», concluyó.