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El precio del litro de leche de vaca apenas se ve alterado en 2018 y cierra el año a 0,334 euros en Castilla y León

El precio del litro de leche de vaca apenas se ve alterado en 2018 y cierra el año a 0,334 euros en Castilla y LeónGráfico

La Comunidad perdió el año pasado 68 ganaderos de leche y la producción disminuyó en 2.140 litros

S. GALLOLeón

El litro de leche de vaca ha cerrado el año 2018 sin apenas alteraciones respecto al mismo periodo del año pasado. Según los datos aportados por el Fondo Español de Garantía Agraria (Fega), el valor medio por litro en Castilla y León se situó en diciembre en los 0,334 euros por litro, frente a los 0,335 con los que comenzó en enero de ese mismo año.

La tendencia a lo largo de todo el ejercicio fue descendente de forma generalizada hasta el mes de agosto, que fue cuando se llegó al precio más bajo, con 0,314 euros por litro y que, por el contrario, alcanzó su valor máximo en el mes de noviembre, cuando el precio de la leche en Castilla y León se alzó hasta los 0,338 euros, todavía por debajo del precio requerido por los productores para cubrir costes, que estaría en torno a los 35 céntimos, y todavía muy inferior a los 37 céntimos de media en Europa.

En relación al resto de comunidades, hasta en otros diez territorios el precio medio por litro de leche finalizó el año por encima del alcanzado en Castilla y León. El precio más alto se abonó en Canarias (0,449 euros), seguida de lejos por la Comunidad Valenciana (0,356), Castilla-La Mancha (0,351) o País Vasco (0,349). Por el contrario, los precios más bajos se dieron en Galicia (0,317), así como en Cataluña y Cantabria (0,327).

Con estos precios, el número de ganaderos de leche cayó de forma generalizada en todas las comunidades, desde los 14.439 productores contabilizados en España a principios de 2018 hasta los 13.630 de finales del mismo año, lo que supuso un descenso nacional de 809 ganaderos durante todo el año.

Las mayores reducciones en términos absolutos se dieron, según los datos aportados por el Fega, en el caso de Galicia, donde se perdieron 420 ganaderos; 112 en Asturias, 78 en Cantabria y 68 en Castilla y León, donde se pasó de los 1.150 profesionales de principios de año a los 1.082 contabilizados a finales de 2018. De esta forma, Castilla y León es la cuarta Comunidad con mayor número de profesionales en esta actividad, por detrás de Galicia (7.548), Asturias (1.750) y Cantabria (1.186).

Todo ello llevó se tradujo también en la disminución de la producción final de leche en la Comunidad, que fue de 2.141,3 litros menos, desde los 77.578,3 que se produjeron en enero de 2018 a los 75.437,6 litros de finales de año, lo que supuso un descenso del 2,76 por ciento, inferior a la caída del 4,4 por ciento registrado a nivel nacional en lo que a la cuantía de leche producida se refiere. Pese a ello, Castilla y León sigue siendo la segunda principal productora de leche a nivel nacional, tan solo por detrás de Galicia, que aglutina casi la mitad del total de leche producida en toda España.

La responsable de vacuno de leche de la Unión de Campesinos de Castilla y León (UCCL), Adoración Martín, reconoció que la situación «es real» y que el precio de 33 céntimos con que ha terminado el precio de la leche en la Comunidad, casi idéntico al de principios de año, se da «en el mejor de los casos» porque en ese precio se incluyen ya todas las primas que el productor puede percibir por la calidad de la leche, por lo que lo normal es que el precio esté aún por debajo.

Pocas pespectivas

La ganadera y responsable de vacuno de leche en la Unión de Campesinos de Castilla y León, Adoración Martín, reconoció a Ical que la industria necesita leche, aunque lamentó que «no sale al campo a pagarla», lo que lleva a esta situación porque los ganaderos no pueden seguir produciendo a pérdidas.

Por ello, Martín insistió en la relevancia de que los contratos repunten desde aquellos que se suscribirán con vigencia durante los próximos seis meses o un año desde el 1 de abril. «Se debería notar una subida ahora, pero la industria no está por la labor», denunció, a pesar de que la producción está bajando y el estocaje de 380.000 toneladas de leche en polvo almacenado en la Unión Europea «ha desaparecido».

Sin relevo generacional

Es otra de las preocupaciones del sector, que además están llevando a muchas explotaciones a dejar la actividad. «La realidad del sector es una producción por debajo de precio de coste, la desaparición de ganaderos en Castilla y León, y la realidad es que hay explotaciones que cierran porque no hay relevo generacional, y otras por falta de rentabilidad», aclaró Martín. Sin embargo, la rentabilidad y la viabilidad pasan por el precio porque se trata de explotaciones en las que los ingresos principales proceden de la leche. «Si la leche no vale dinero, no hay forma», apostilló.

Todo ello lleva a mantener la preocupación por la continuidad del sector, y la organización mantiene que, de no darse un giro en esta situación, el sector podría decir adiós a la actividad en el plazo aproximado de una década. «Si somos 13.600, con una criba de entre 800 y mil cada año, el sector quedaría con 3.000 ganaderos si esto no cambia», alertó Adoración Martín. «Si la industria quiere ganar mucho dinero a costa de los mismos, no va a poder ser», advirtió.

Dudas con el etiquetado

La reciente normativa que obliga al etiquetado de los productos lácteos a indicar el origen de la leche puede ser un elemento positivo para el sector, estimó Martín quien, sin embargo, se preguntó si el consumidor «va a poder identificar» el origen y, por otro lado, si la administración se va a encargar de estar vigilante para que el etiquetado así lo incluya. «¿Va a identificar si la leche procede de ganaderos de Castilla y León, o ha venido de Francia o de otros países?», se preguntó.

Pese a ello, no puso en duda la voluntad de las administraciones que presumen de que el lácteo es «un sector estratégico» que además ayuda a la fijación de población, aunque lamentó que se ponen sobre la mesa medidas que «no llegan a plasmarse en el sector productor» y, en definitiva «no llegan donde tienen que llegar» porque «se quedan cojas», concluyó.