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El campo leonés vive su peor campaña y teme que si no llueve el 2018 pueda ser su fin

Imagen de Barrios de Luna. / Sandra Santos

Una explosiva combinación de fenómenos meteorológicos provocan pérdidas millonarias en los agricultores, una crisis que no se sufrían con tal intensidad desde hacía más de cien años

I. SANTOSLeón

El campo leonés vive uno de sus peores años. Las cosechas se pierden en la mayoría de los sectores por una explosiva combinación de fenómenos meteorológicos que no se sufrían con tal intensidad desde hacía más de cien años. Las sequías de principios de año presagiaban una cosecha pobre en los cultivos de secano y en aquellos que precisan de más agua como la uva o la remolacha. Pero la situación no se quedaba en una clamorosa falta de lluvias y en el mes de abril, tras varias semanas de unas temperaturas primaverales llegaban dos noches invernales y unas fuertes heladas que ‘quemaban’ los cultivos. Los primeros en sufrir los daños eran los viñedos.

El campo vivía una situación dramática que se complicaba con la falta de recursos para mantener el riego. Las temperaturas de la provincia se acercaban en diversos puntos hasta los -10 grados. Lo que provocaba la pérdida de los frutales, el lúpulo, la remolacha y las patatas recién nacidas, pero sobre todo el viñedo. Tanto la DO Tierra de León como la del Bierzo pedían la zona catastrófica al calcular perdidas generales de un 80% en los viñedos. La cuantificación económica de los daños producidos ascendía en la comarca berciana a 18 millones de euros. A esta cantidad los agricultores tuvieron que sumar los costes de explotación que tuvieron que seguir manteniendo independientemente de la cosecha.

El viñedo pierde más de dos millones

Los mismos resultados en la DO Tierra de León donde un total de 1.317.763 de kilos de las diferentes variedades fue la recolección que las 41 bodegas inscritas han tenido en 2017. Unas cifras que están muy por debajo de los más de 4 millones de kilos que se recaudaron en el ejercicio anterior. Los daños han tenido tal magnitud que algunos viticultores han tenido que renunciar a la recolección de la uva y la recuperación del 100% de la cosecha no llegará hasta 2019.

La repercusión de las heladas también afectó de forma indirecta a otros sectores como la apicultura, donde la práctica totalidad de los robles y brezos acabaron con sus flores quemadas. Los sindicatos agrarios aseguraban que las pérdidas eran muy elevadas, ya que, por una parte los núcleos que se hayan hecho, en torno al 50% de ellos no son viables. Los núcleos que deberían hacerse ahora no pueden llevarse a cabo. Todo ello comprometió el 80% de la producción de miel de la provincia.

Las heladas queman las frutas

Tras las heladas, algunos cultivos volvieron a recuperarse y tuvieron una segunda floración. Este fue el caso del lúpulo en la comarca del Órbigo, donde la planta volvió a brotar, una comarca que el año pasado cultivó el 98% del lúpulo de España y que abastece, casi en exclusividad, del conocido como oro verde a las cerveceras nacionales. Noches frescas, calor durante las jornadas de verano y las pocas precipitaciones, son las claves de un lúpulo de calidad que este verano se vieron rotas por la ola de calor que en julio asoló y quemó estos cultivos provocando pérdidas de hasta un 30% en algunas zonas.

El problema de los campos de lúpulo no quedó ahí, y cuando parecía que nada podía ir a peor una tormenta de verano acababa con cualquier esperanza. La imagen de los campos del Órbigo era devastadora, ya que en algunas tierras ni las maderas de sostienen la planta quedaron en pie. El vendaval de viento y granizo que descargó sobre los campos destrozó la cosecha que estaba a punto de ser recogida y sumó más de un 40% de pérdidas a los daños que el calor había provocado meses antes.

«No cederemos ni un litro más»

La sequía convierte la imagen de los pantanos leoneses en extensiones de barro seco a mediados de año. Una imagen nunca vista que ponía en riesgo los cultivos de regadio de la provincia. Luna, Villameca, Porma y Riaño llegaron a mínimos históricos haciendo peligrar el abastecimiento de agua de algunas localidades. La falta de agua no sólo se ha llevado por delante esta campaña, sino que también está haciendo peligrar la cosecha de los cultivos de regadío que podrían sufrir una reconversión por falta de riego.

Los agricultores leoneses vieron este año restringido el uso del agua a finales de la temporada, en algunos casos llegando incluso a cortar el servicio a falta de algún riego. Unos momentos difíciles en los que León miraba con recelo a Palencia y Valladolid, con temor ante la solicitud de un mayor volumen de agua del pantano de Riaño. «No cederemos ni un litro más», aseguraban los sindicatos agrarios, ante un temor que a media campaña hacía cuestionarse si se perderían los cultivos leoneses en su totalidad por la cesión de agua a los parques insustriales de ambas provincias a través del canal de Castilla.

Una crítica histórica en la que muchos leoneses aseguran que ha sido una consecuencia de las decisiones políticas en las que primó la construcción de una infraestructura para el Canal de Castilla, en vez de invertir en el desarrollo del regadío de Payuelos.

León se queda sin agua

La sequía se alargó a lo largo de todo el año y los regantes vieron como la CHD cerraba el grifo para el campo leonés. Unas restricciones de agua que redujeron a la mitad los riegos en algunas zonas del sur de la provincia donde los cultivos perdieron fuerza y la cosecha se vio gravemente mermada. Pero el secano no corrió mejor suerte, ya que la falta de lluvias al inicio de la siembra provocó que los cultivos de cereal no creciesen lo adecuado impidiendo en muchas casos su cosecha. En otros, la sequía impidió el desarrollo de la semilla y los peritos agrarios calificaron la cosecha de siniestro total en la mayoría de las localidades del sur de la provincia.

Un año para olvidar

El problema del medio rural no se extiende sólo a esta campaña, ya que muchos cultivos arrastrarán las pérdidas durante varios años. Este es el caso de los viñedos y las frutas, que por culpa de las heladas tardarán en recuperar el 100% de la producción.

La falta de lluvias a finales del año también pone en peligro la cosecha de secano, ya que el terreno no es el más propicio para la siembra y las plantas están teniendo dificultades para nacer. Otro de los sectores de la agricultura leonesa que se verá afectado es el regadío. La escasez de agua en los pantanos y la falta de lluvias hacen temer una mala campaña para el próximo 2018, en el que las restricciones de agua podrían obligar a reconvertir el regadío leonés temporalmente hasta que los pantanos recuperen sus reservas.

Los datos de los pantanos dan una idea de la situación, Riaño llega a finales de año con un 20% de su capacidad, es decir 132,4 hectómetros cúbicos, una cantidad muy alejada de los 306 hectómetros cúbicos de media en estos últimos años. Peor situación viven en los embalses de Barrios de Luna y Villameca, con un 13% y un 14,5% respectivamente.

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