El 'Filandón de Don Justo' llena de historias y relatos el Campus de Vegazana

El 'Filandón de Don Justo' llena de historias y relatos el Campus de Vegazana

En la tarde de ayer se celebró en la Facultad de Educación una nueva edición de la velada que recuerda al profesor Justo Fernández Oblanca

LEONOTICIAS

El Aula Magna de la Facultad de Educación acogió ayer una nueva edición de ‘El filandón de Don Justo’, que tuvo su origen en el deseo de brindar un homenajear y recuerdo al profesor Justo Fernández Oblanca con motivo de su fallecimiento, y que ha alcanzado ya su octava edición. En la presentación de los participantes el decano de la facultad, José María ‘Chema’ Santamarta Luengos se mostró satisfecho por contemplar caras nuevas entre el público asistente que, según comentó, “se vienen a sumar a los conocidos, ya amigos, que desde hace años se acercan hasta aquí para compartir esta velada”.

Francisco Flecha Andrés fue el primero en tomar la palabra para contar, con su habitual buen humor y socarronería, que en el tiempo transcurrido desde la anterior cita había iniciado la escritura no de un libro, sino de dos. “Es una tarea muy cansada, -apuntó-, de la que pronto desistí, aunque aquí traigo algunas muestras de mi empeño”. Acto seguido pasó a dar lectura a varios breves relatos que transportaron a los presentes a curiosos sucesos acontecidos, entre otros lugares, en San Miguel de la Escalada.

El relevo correspondió a Pedro G. Trapiello, que inició su intervención señalando que hace 54 años, el 22 de noviembre de 1963, fue asesinado en Dallas el presidente de Estados Unidos, John F. Kennedy. El 54 aniversario le sirvió de percha para narrar la consternación que el hecho causó en La Virgen del Camino, lugar al que pocas semanas antes del magnicidio había llegado una carta con varias fotografías del presidente, alguna incluso dedicada, en respuesta al escrito que le hizo llegar un religioso del lugar. Trapiello remató su intervención con una divertida historia en la que un forastero llega a una localidad de la costa y hace circular brevemente un billete de 500 euros, “quinientos doblones”, que permiten saldar cuentas a varios lugareños que quedan satisfechos y felices, pese a que después el dinero se va del mismo modo que llegó.

Fulgencio Fernández, el ‘Tío Ful’, habló a continuación y llenó de risas el filandón con su historia de cómo el realismo mágico surgió en la montaña leonesa, seguramente mucho antes de que Gabriel García Márquez iniciase la escritura de su novela ‘Cien años de soledad’. Luego fue el poeta y escritor Víctor M. Díez, quien aportó el ambiente sentimientos encontrados cuando refirió el adiós de su padre, el pasado mes de septiembre, tras una vida llena de anécdotas y vivencias, que llegaron a los presentes en las emocionadas palabras de su hijo.

El último sorbo de este sabroso menú fue condimentado por Ildefonso Rodríguez, que aportó aires porteños, de los barrios de la capital del Argentina, lugar al que transportó a todos con su historia veteada de lunfardo, que culminó precisamente con su interpretación, guitarra en mano, del tango ‘Mi buenos aires querido’, que sonó como si el propio Carlos Gardel estuviera en la sala. Acabó con tristeza la reunión, que no pudo despedir el decano, José María Santamarta, que hubo de marchar precipitadamente ya que allí mismo le llegó la triste noticia del fallecimiento de su madre. Sirvan estas líneas para expresarle un fuerte abrazo y las condolencias de todos los que asistimos a esta octava edición del ‘Filandón de Don Justo’.

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