El Albéitar acoge hasta el 16 de febero una nueva exposición de Anna Tamayo

Anna Tamayo./
Anna Tamayo.

‘Rrubiba Rrocos y ciudades con zigurats rosas’ ofrece obras en técnicas mixtas y grandes formatos, que muestran horizontes de ciudades infinitas y diversas

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Las Salas del Ateneo Cultural El Albéitar de la Universidad de León (ULE) acogen la exposición ‘Rrubiba Rrocos y ciudades con zigurats rosas’, de la pintora catalana Anna Tamayo, que fue inaugurada el pasado 11 de enero y se podrá aún visitar hasta el 16 de febrero, de lunes a viernes, en horario de 12 a 14 y de 18:30 a 20:30 horas.

La artista es muy conocida y apreciada en Rubí, en donde tiene su estudio, y expone sus obras por segunda vez en León tras la buena acogida que obtuvo en el 2016 con la muestra titulada ‘Colores en mis bolsillos’. En aquella ocasión, el comisario de la muestra, Federico Fernández Díez, explicó que Anna «podría haber nacido en el renacimiento, porque tiene sus alumnos, sus ayudantes, un gran estudio, y vive exclusivamente de la pintura», y dijo que su obra es «difícil de clasificar porque aúna estilo naif, con aspectos plenamente contemporáneos».

En su segunda visita, con ‘Rrubiba Rrocos y ciudades con zigurats rosas’, Anna ha trabajado con técnicas mixtas y grandes formatos en los que ofrece panorámicas de su ciudad, Rubí. «Siempre son representadas fielmente, -explica-, pero formando parte de mi imaginario y con mi lenguaje». En esos grandes formatos juega con la idea de ciudad, y la presenta «como esa extensión o grupo de casas que albergan personas, seres, cada uno con sus sueños y necesidades, diversos todos ellos, conformando así la argamasa plástica resultante, que insinúa su infinitud y su diversidad».

Neobarroco postmoderno con toques Naïf

La exposición nació, según comenta Anna, «de la necesidad creativa de darle continuidad pictórica a mi estética. La exposición anterior fue lo que yo entiendo como principio de madurez del lenguaje de mi discurso estético, y ‘Rrubiba Rrocos y ciudades con zigurats rosas’ es la continuidad natural del proyecto».

El crítico de arte Isidre Roset Juan ha calificado las obras de Anna Tamayo como propias de un estilo ‘neobarroco postmoderno’, y propone a quienes las contemplen que se dejen llevar por «la ensoñación de los cielos con colores contrapuestos y aspectos cambiantes, con ropas y cuerdas desfilándose, brillos, lentejuelas e hilos de oro encima de organdí negro. Recuerdos volviendo agitados y nerviosos montando el loco cambio de los cielos impredecibles».

Para Anna, las casas que aparecen en sus obras son «grandes, largas, puntiagudas, esbozadas en primer plano, que quieren contener soledades y dar abrigo y cobijo a toda esa diversidad, en un horizonte con cielos con un punto naïf que las acompaña».

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