A clase a los 90

El Programa de Educación de Adultos de la Diputación de León llega a 1.300 vecinos del medio rural

Alumnos de la escuela de adultos de Villacalabuey./Campillo
Alumnos de la escuela de adultos de Villacalabuey. / Campillo
ELENA F. GORDÓN

Con menos de un centenar de habitantes, situado al sureste de la provincia leonesa, a una hora en coche de la capital y perteneciente al municipio de Villamol, la localidad de Villacalabuey alberga una de las 'aulas' en las que hasta hace escasos días se ha impartido el Programa de Educación de Adultos de la Diputación.

El local se utiliza para distintos fines y ha albergado dos tardes por semana las clases impartidas por Carmen Barrio a unos alumnos que suman siete siglos de vida y experiencia. Ellos son el mejor ejemplo de la aceptación y el éxito de una iniciativa que arrancó hace más de un cuarto de siglo y que se vio interrumpida en 2012 hasta su reciente recuperación.

En la edición de este año, han sido casi un centenar las localidades en las que un total de 1.333 se han animado a participar de esas escuelas rurales con un alumnado especial. Del total, unas decenas se 'descolgaron' por distintos motivos y la gran mayoría, 1.269, acaban de terminarlas. Todo el territorio provincial acogió esta oferta formativa, con grupos más reducidos -seis en Cistierna en el caso del inglés para extranjeros-, siete en Folgoso de la Ribera, Villavante o Vallecillo, entre otros, y algunos bastante más numerosos, como ocurrió en Villaobispo (32), Villademor de la Vega (29) y La Milla del Río (24), según los datos facilitados por la Diputación.

Un día de clase

Llegan muy puntuales a la cita y su actitud deja ver las ganas con las que se sientan a la mesa para pasar hora y media en la que se combina el aprendizaje con el entretenimiento y la socialización. Junto al perchero de la entrada no se ven mochilas escolares como en las clases convencionales; aquí hay algún paraguas, por si acaso llueve, bastones e incluso un par de muletas.

Josefina Carrera, con 57 años, es la benjamina. Acude a clase junto a sus tías Simona Carrera de la Red -la veterana, con 94 cumplidos y muy bien llevados- y su hermana Leonarda, que tiene un año menos y también un aspecto envidiable. Teresa Portugués, de 76, Cruz Vallejo, de 71, Feli Vidanes, de 62, Evelio Taranilla (81), Benita Carbajal (90) e Irenea Antón (81), completan la lista de estos particulares 'escolares' de Villacalabuey.

«Yo vengo más bien por acompañarlas; a mí me gusta aprender siempre pero también recordar y participar bastantes años con actividades por la crisis no ha dado fondos para continuar», subraya la sobrina de las dos nonagenarias antes de agradecer que las instituciones «se preocupen por la gente mayor» y de aprovechar la ocasión para reclamar que se retomen otras actividades a las que podían acudir como la gimnasia, suprimida hace años «supongo que por la mal llamada crisis».

El mismo espacio en el que horas antes han podido jugar la partida exhibe los trabajos llevados a cabo por estas siete mujeres y dos hombres en los últimos meses; algunos con materiales que no todos conocían, como la plastilina. Una reproducción del interior del cuerpo humano, un mapa geográfico de España y también un cuadro de Kandinsky presiden en esta ocasión el ambiente de escuela que maneja con cariño Carmen, maestra de Educación Infantil que actualmente combina las clases de adultos con su labor en la guardería de otro pueblo.

Asegura que no son tan distintos sus bebés y pequeños de por las mañanas a estos otros 'chavales' de mucha más edad. Lo dice porque constata a diario que «es la misma ilusión por todo. Cualquier cosina que les llevas les gusta y no te ponen peros a nada. Ayer, por ejemplo, acabamos, quedaban diez minutos y propusieron jugar a palabras encadenadas». «Son como niños. A veces, si te despistas, dejan de hacer la actividad y si vuelves a mirar la retoman», explica.

Trabaja con estos nueve vecinos de Villacalabuey desde enero y confía en que, terminado el presente curso, el programa se mantenga. También lo esperan sus alumnos, a cuya realidad adapta las clases. «Tiene que haber más. La gente mayor necesita salir de la rutina, interactuar con más personas y tener una calidad de vida. Cada uno hacemos nuestra vida y no nos damos cuenta de que ellos se quedan siempre en casa», reflexiona antes de reconocer que más allá de los estríctamente educativo, «te preocupas por ellos. Llevas un poco de control de la gente que está sola y también celebramos los cumpleaños».

Formación variada

Carmen cuenta que sus alumnos son «formalines» y se muestra encantada con el grupo. Empezaron el curso con una evaluación y a partir de ahí han trabajado sumas, restas, multiplicaciones y divisiones, ortografía, geografía, lectura y manualidades, entre otras materias. Las clases de adultos también les han proporcionado, en la mayoría de los casos, su primer contacto con las sopas de letras y los sudokus. Muchos dejaron el colegio a los 14 años y ahora no desaprovechan la oportunidad de revivir lo que ocurrió hace muchas décadas o adquirir habilidades y conocimientos a los que no tuvieron acceso de pequeños.

La cita de lunes y miércoles con la maestra y sus compañeros les supone la mejor motivación para salir de casa e incluso para dejar la ciudad cuando están de visita en casa de los hijos. «Estoy en León y no quiero más que venir para aquí porque hay clase», reconoce una de ellas. «Estamos como la gloria bendita», señala otra y una tercera dice que «ojalá hubiera esto fuera todo el año».

Evelio, a quien presisamente colocan su corona para adelantar el correspondiente homenaje -porque al día siguiente no hay clase- explica que gracias a esta actividad promovida por la institución provincial «he leído en alto lo que no leí nunca en el colegio; había muchos días que no podías ir a los 14 años ya ahuequé de casa». Cuenta con entusiasmo su acercamiento al libro 'Historia de una maestra' de Josefina Aldecoa. «Es que es todo idéntico a lo que había antes. Llegaba interina a un pueblo y tuvo que hacer de todo, de enfermera, de partera...», detalla.

La ´profe' ha preparado un Libro Viajero que incluye árboles genealógicos, detalles y recuerdos de cada uno de ellos. Sus testimonios, refranes, canciones, anécdotas, recetas y lo que quieran plasmar de sus respectivas trayectorias les convierten en los protagonistas de esta publicación que resume nueve vidas de hombres y mujeres que quieren seguir activos y aprendiendo, después incluso de los 90 y que esperan repetir la experiencia el próximo año.

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