Localizan el reloj circadiano de los ritmos de agresividad

Localizan el reloj circadiano de los ritmos de agresividad

La identificación de las neuronas específicas y los circuitos que regulan el patrón diario abre la puerta a posibles oportunidades para manejar la agitación nocturna habitual en pacientes con trastornos neurológicos degenerativos

EUROPA PRESSMadrid

Los pacientes con enfermedad de Alzheimer y otras formas de demencia comúnmente experimentan el síndrome del ocaso: un repentino empeoramiento de la confusión, la agitación y la agresión al final del día. Su patrón diario sugería que la «puesta del sol», como también se conoce a este patrón, puede estar gobernada por el reloj biológico interno del cuerpo.

Sincronizado por la luz y la oscuridad, el reloj circadiano ejerce control sobre los ciclos de vigilia/sueño, la temperatura corporal, la digestión, los ciclos hormonales y otros patrones fisiológicos y de comportamiento, pero se desconocía si el reloj circadiano regula el comportamiento agresivo.

Ahora, un equipo de neurocientíficos en el 'Beth Israel Deaconess Medical Center' (BIDMC), en Estados Unidos, ha demostrado el control circadiano de la agresión en ratones machos e identificado las neuronas específicas y los circuitos que regulan el patrón diario. La idea abre la puerta a posibles oportunidades para manejar la agitación nocturna habitual en pacientes con trastornos neurológicos degenerativos, según apuntan los autores en un artículo publicado este lunes en 'Nature Neuroscience'.

«El síndrome del ocaso es a menudo la razón por la que los pacientes deben ser institucionalizados, y si los médicos pueden controlar este circuito para minimizar la agresividad al final del día, los pacientes pueden vivir en casa durante más tiempo», afirma el autor principal, Clifford B. Saper, presidente del Departamento de Neurología de BIDMC.

«Examinamos el circuito cerebral del reloj biológico y encontramos una conexión con una población de neuronas conocidas por causar ataques violentos cuando se estimulan en ratones machos. Queríamos saber si esto representaba una propensión a la violencia en ciertos momentos del día», agrega.

Saper y sus colegas observaron interacciones agresivas entre ratones machos: ratones residentes que defendían el territorio contra los intrusos introducidos en las jaulas de los residentes en diferentes momentos del día. Al contabilizar la intensidad y la frecuencia de los ataques de los residentes a los intrusos, se reveló por primera vez que la agresión en los ratones machos muestra un ritmo diario.

Las primeras horas de la noche, momento de mayor agresividad

«Los ratones eran más propensos a ser agresivos en las primeras horas de la noche alrededor del momento en el que se apagan las luces, y menos agresivos a primera hora de la mañana, con las luces encendidas -dice Saper-. Parece que la agresividad se acumula en los ratones durante el periodo de luces encendidas, y alcanza un pico alrededor del final del periodo de luz».

Entonces, los científicos utilizaron herramientas genéticas para manipular las neuronas que regulan el reloj circadiano central. Cuando Saper y sus colegas inhibieron estas neuronas al deshabilitar su capacidad para producir un neurotransmisor específico, los ratones perdieron la creciente y mengua diaria de sus tendencias agresivas. Estos roedores genéticamente manipulados fueron más agresivos en general, lo que demuestra un incremento significativo en el tiempo total de ataque a intrusos.

El uso de optogenética, una técnica que utiliza la luz para activar o desactivar células cerebrales específicas con el fin de mapear circuitos cerebrales reveló dos vías paralelas entre el reloj biológico y una población de neuronas en una subregión del hipotálamo (llamada VMHvl) conocida por causar ataques violentos cuando se estimulan en ratones machos.

Tomados en conjunto, los experimentos mostraron que este circuito circadiano mantuvo la agresividad bajo control en la madrugada; ya que estimularlo prevenía el ataque, mientras que inhibirlo promovía el ataque. Debido a que la estimulación de las neuronas en cuestión enfría la agresión, Saper sugiere que controlar este circuito podría hacer que los animales, y tal vez las personas, sean menos agresivos.

«Nuestros resultados en ratones imitan los patrones de aumento de la agresividad observados en los pacientes durante la puesta de sol -apunta Saper-. Esta nueva investigación sugiere que esta vía puede verse comprometida en las enfermedades neurodegenerativas. Examinar los cambios en esta vía en los pacientes podría proporcionar una idea de las futuras intervenciones que podrían mejorar en gran medida la calidad de vida de los pacientes y los cuidadores por igual».

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