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Plásticos y proteínas a partir del desecho del guisante

Plásticos y proteínas a partir del desecho del guisante

  • investigación

  • Los residuos de varias legumbres sirven a los científicos de la Universidad de Sevilla para producir envases biodegradables y emulsiones alimenticias

La proteína de algunas legumbres, especialmente de los guisantes, pueden ser materia prima tanto para productos de la industria alimentaria, como para la química, gracias a las proteínas presentes en el género que no son aptas para la venta por su color o forma, según un estudio realizado por la Universidad de Sevilla.

En el primer área, el guisante puede sustituir al huevo, la soja o el gluten para producir salsas finas, como la mayonesa, que tendrían nulo impacto en los consumidores alérgicos. Además, explican los científicos, las proteínas de legumbres aportan aminoácidos esenciales en la dieta diaria, son bajas en grasa y tienen efectos beneficiosos en tratamientos de cáncer, diabetes tipo II y enfermedades del corazón.

El guisante también sirve para desarrollar plásticos biodegradables, como ha comprobado una investigación del Departamento de Ingeniería Química de la misma universidad, debido a que posee características mecánicas similares al politileno de baja densidad. La idea es sustituir los plásticos sintéticos actuales y combatir su impacto medioambiental con el uso de bioplásticos.

Esta opción, según los investigadores, presenta tres ventajas claras: uno, aprovechar los residuos agroalimentarios; dos, disminuir la dependencia del petróleo necesario para producir plásticos convencionales, y, tres, eliminar la acumulación de plástico que produce contaminación ambiental.

Los estudios llevados a cabo en los laboratorios de la Facultad de Química señalan que los plásticos biodegradables obtenidos a partir subproductos de guisante son apropiados para que se emplea hoy día.

«El siguiente paso en el que estamos trabajando es abaratar los costes de producción y obtener matrices con una gran capacidad de absorción de agua para extender su aplicación en agricultura», asegura Alberto Romero, profesor de la Universidad de Sevilla. «El objetivo es conseguir que, a medida que estos bioplásticos se vayan degradando, se lleve a cabo una liberación controlada de nutrientes al suelo».