Un examen que te salva la vida

Pablo Flórez, en la recta final de su recuperación de un cáncer testicular, cuenta a leonoticias su experiencia con una enfermedad que sigue siendo un tabú

Pablo Flórez, en la entrevista con leonoticias. / Sandra Santos
INÉS SANTOSLeón

La prevención del cáncer es cosa de todos. En este mes de noviembre los Mobros luchan con más fuerza para que el tabú sobre el cáncer testicular se borre de la sociedad. Un pequeño examen rutinario puede salvar muchas vidas y la importancia de diagnosticar la enfermedad en sus inicios es vital.

La falta de información en la sociedad se complementa con los blogs y páginas webs que tratan el tema sin conocimiento ni control y el miedo hace el resto. Pero lo importante es acudir al médico en cuando se tienen sospechas.

Pablo Flórez es uno de los luchadores que está en la fase final de su recuperación, un momento duro que nunca olvidará y que quiere que sirva de ejemplo para que todos los hombres se hagan exámenes sin temor y acudan cuanto antes a su médico si tienen alguna sospecha. «Fue de casualidad, cuando estaba en la ducha note como un bulto en un testículo y me empecé a preocupar», explica Pablo Flórez en una entrevista con leonoticias. Después de ello hizo como todo el mundo y buscó en Internet, algo que reconoce que fue un error. «En ese momento leí muchas cosas y al final, cuando habían pasado dos o tres meses desde que lo note me decidí a ir».

Una ecografía y el diagnóstico

No había sido un buen momento a nivel personal, hacía apenas 15 días había fallecido uno de sus tíos paternos por un cáncer de pulmón y el miedo a que el médico confirmase las sospechas se apoderaba cada vez más de su cuerpo. Tras una ecografía la enfermera le pidió que se vistiera y subiese a ver a un urólogo en una planta superior.

«Es un momento duro, porque sólo con mirarte y decirte sube a ver a un urólogo te confirma lo que tu sospechabas», recuerda Pablo sin poder evitar llenar sus ojos de lágrimas y asegura que nunca olvidará a su padre subiendo «de tres en tres» los escalones.

Era noviembre, el mes dedicado a la concienciación de la prevención del cáncer de próstata y testicular, y Pablo Flórez recibía la noticia de que le iban a extirpar un testículo. Al principio no sabía si el tumor era benigno o no, pero el médico «me dijo que prefería quitarme un huevo y que me acordase de él toda la vida que arriesgar a que el cáncer se extendiese».

Más apoyo entre los afectados

Pablo reconoce que en el momento de enfrentarse a la operación le asaltaron las dudas y los miedos, pero no por tener que operarse sino por cómo sería el proceso y en qué le afectaría a su día a día. «No sabes realmente, por qué parte te operan, no sabía cómo te administraban la quimio. Yo es algo que busqué que no encontré».

«Yo sería el primero en dar el teléfono y que me llamen cuando quieran para contarles mi experiencia»

«Yo sería el primero en dar el teléfono y que me llamen cuando quieran para contarles mi experiencia» PABLO FLÓREZ

En aquel momento echó de menos los consejos o palabras de alguien que hubiese pasado por lo mismo. «A mí me hubiera ayudado que el médico me dijese llama a Fulanito», ya que las palabras de alguien que haya sido operado siempre ayudan. «Yo sería el primero en dar el teléfono y que me llamen cuando quieran para contarles mi experiencia», asegura haciendo una llamada a que se implante este servicio.

La lucha y la quimioterapia

Entre los recuerdos de hace dos años cuando le diagnosticaron aparecen de nuevo las malas noticias. Después de operarse llegaron las sesiones de quimioterapia. Tres meses en los que su día a día estaba en una de las salas de la planta de oncología. Este era el momento en el que las cosas comenzaban a ponerse duras.

«Darte la quimio, irte a casa y aguantarla en el cuerpo y seguir porque el resto del día es duro», explica Pablo. Al día siguiente se repite la misma rutina. De lunes a viernes, durante tres meses, Pablo subía seis horas y media al Hospital de León para recibir su tratamiento, pero él lucho con fuerza y se lo tomó de la mejor forma. «Yo me lo tome así, antes trabajaba 8 horas en mi negocio, ahora 6 horas trabajando en este otro».

«Darte la quimio, irte a casa y aguantarla en el cuerpo y seguir porque el resto del día es duro»

«Darte la quimio, irte a casa y aguantarla en el cuerpo y seguir porque el resto del día es duro» pablo flórez

Pablo recuerda que en la sala de quimioterapia había de todo, cada persona era una historia, un mundo, un problema y una solución diferentes, pero todos tenían en común a unas súper enfermeras. «Ellas están un punto por encima, a toda la gente que estaba allí les trataban como si fueran su familia», recuerda Pablo que en aquella sala sólo había una televisión en silencio, «con las letras para que supieras de que hablaban, pero ni wifi ni nada».

En aquellos tres meses se convirtieron en sus amigas, un apoyo constante para todos los que estaban allí, a pesar de que a él nunca le faltaron las ganas de luchar contra el cáncer de testículo. «Recuerdo», ahora vuelve la sonrisa a su cara, «que un día entré silbando y salieron una enfermera y dos médicos de las consultas preguntando quien silbaba. Yo pedí perdón y me dijeron ‘tu sigue silbando que así es como hay que entrar aquí'».

«Un día entré silbando y salieron una enfermera y dos médicos de las consultas preguntando quien silbaba. Yo pedí perdón y me dijeron ‘tu sigue silbando que así es como hay que entrar aquí'»

«Un día entré silbando y salieron una enfermera y dos médicos de las consultas preguntando quien silbaba. Yo pedí perdón y me dijeron ‘tu sigue silbando que así es como hay que entrar aquí'»

La recta final

Hace apenas tres días de su última revisión y sonríe al recordar que todo está en su sitio. En tres meses volverá a la oncóloga, acompañado de su padre al que «le salen diez canas más cada vez que tenemos que subir». Las citas se irán espaciando en el tiempo hasta los 10 años desde ese pequeño bulto en un testículo.

Ahora colabora con Movember, el movimiento que lucha por eliminar el tabú de las revisiones para evitar el cáncer de próstata y testículo. «Tenemos una hucha en el estanco de avenida Roma, para que todo el que se anime se pase por aquí».

Hace ya dos años desde que le quitaron un testículo, la quimioterapia y el ganglio que apareció posteriormente también han quedado atrás y Pablo sonríe. Reconoce que «gracias a un simple examen hoy estoy vivo», porque de no haber ido a tiempo las posibilidades de vencer al cáncer habrán sido mucho menores.

Fotos