Esta noche, a las tres serán las dos

Esta noche, a las tres serán las dos

En la madrugada del sábado al domingo los relojes se atrasan una hora, lo que implica una hora extra de descanso pero tardes más cortas

REDACCIÓN

Ahora sí que podemos dar por finiquitado el verano. El cambio de hora de octubre marca la verdadera frontera del otoño, que este año está siendo beningno en todo el país en lo que a climatología se refiere, quizá para compensar lo raquítica que estuvo la campaña estival. Esta madrugada a las tres serán las dos. Esto es, el reloj se atrasa una hora, por lo que tendremos esos sesenta minutos extra para dormir.

Esta vuelta completa a las manecillas para adaptarnos al llamado horario de invierno es obligatoria y parte de una directiva europea que tiene como objetivo optimizar las horas de luz solar, de manera que consumamos menos electricidad. Se aplica desde los años 70 y es el segundo cambio que se hace al año. El otro en es marzo, cuando se adelanta una hora y las tardes se alargan de un día para otro.

Más allá de dejarnos dormir una hora más este domingo, el cambio implica una serie de afecciones que notaremos en mayor o menor medida. Médicos y psicólogos coinciden en que atrasar o adelantar una hora somete a cuerpo y mente a una situación nueva para la que hace falta un periodo de adaptación que no debería prolongarse más allá de una semana, cuando estaremos ya perfectamente habituados al nuevo horario, aseguran los expertos.

Entre las molestias más habituales que implica el atraso de una hora, la irritabilidad, la falta de concentración, el cansancio... síntomas que se hacen más evidentes en marzo, cuando de repente se nos priva de una hora de sueño, que ahora.

Por cierto que algunos terminales digitales están programados para cambiar de forma automática la hora, mientras que los relojes analógicos deberán ser ajustados manualmente.

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