Sólo 22 incendios quemaron la mitad de la superficie calcinada en 2016

Vista aérea del incendio en Minas de Riotinto, en Huelva. /EFE
Vista aérea del incendio en Minas de Riotinto, en Huelva. / EFE

Los 8.817 fuegos del año pasado arrasaron en España más de 65.000 hectáreas, según un informe de la asociación ecologista WWF

MIGUEL OLMEDAMadrid

Los grandes incendios forestales (conocidos como GIF) son un problema latente en la España de 2017. De difícil solución a corto plazo, además, como se acaba de ver en Doñana, donde ardieron 8.000 hectáreas. Y es que, según el informe de la asociación ecologista WWF ‘El fuego a las puertas’, el año pasado se quemaron más de 65.000 hectáreas, de las cuales la mitad fueron provocadas por sólo 22 ‘superincendios’, el 0,24% del total. Si bien en las últimas dos décadas se ha reducido el número de incendios en más de un 50%, la cifra de 8.817 siniestros anuales que se maneja actualmente sigue siendo alarmante, sobre todo teniendo en cuenta que tras el 96% de ellos se encuentra la mano del hombre.

Los grandes fuegos, aquellos que afectan a más de 500 hectáreas, son cada vez más frecuentes y también más devastadores entre el total de incendios. WWF destaca tres causas de este fenómeno que ha duplicado sus porcentajes en 20 años: el descontrol urbanístico en la interfaz (zonas donde se difuminan lo rural y lo urbano), el abandono de los montes y el cambio climático. "Nos espera un futuro negro. No sabemos cuándo, pero arderá todo de forma muy trágica, con víctimas mortales. Aunque el cambio es posible", mantienen en el organismo, que reclama al Gobierno más acciones.

"Prevenir los GIF comienza por conocer en toda su dimensión el problema, estableciendo todas las zonas de riesgo", apunta Lourdes Hernández, responsable de incendios forestales de WWF. "Llevamos tres años apretándoles mucho a todas las comunidades autónomas para que las definan. Pero no lo hacen, y es algo que podrían acometer de manera rápida e inmediata", apostilla Enrique Segovia, director de conservación del organismo. "Si tú reconoces cuáles son las causas de cada comunidad, puedes abordar las labores de prevención de una manera distinta; no tiene nada que ver lo que ocurre en Doñana con lo que pasa en Galicia", añade, sosteniendo que se trata "de un tema de prioridades, no de complejidad".

La prevención, hoy en día, está muy lejos de ser efectiva, y tan sólo se destinan a ella 300 millones de euros en los Presupuestos Generales del Estado, por los 1.000 millones que van a parar a extinguir incendios. "Es una prevención muy mal llamada así. Puntos de agua, cortafuegos, apertura de pistas… Son elementos necesarios, pero hay que ser más ambiciosos, eso es sólo apoyo a la extinción", asegura Hernández, que critica una normativa de prevención incompleta y descoordinada: "Hay que atacar las causas de fondo, que el incendio no se llegue a producir y que si lo hace, no tenga las facilidades que tiene".

Entre esas razones, la forma de actuar de la población con el medio rural en las últimas décadas es la más urgente de atajar, en opinión de WWF. "El loco urbanismo ha creado territorios de muchísimo riesgo, con viviendas en medio de bosques y montes, muchas veces asentamientos ilegales. Esto hace que cada vez más incendios forestales afecten a la gente y desdoblen los focos de actuación: se deja de atacar el frente del siniestro para dedicarse a evitar víctimas humanas, colapsándose el dispositivo de extinción", recuerda la responsable de incendios forestales del organismo haciendo referencia al reciente incidente de Doñana, el último ‘superincendio’ vivido en España en 2017.

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