El mar de espejos marroquí

Ouarzazate. /
Ouarzazate.

Ouarzazate, en Marruecos, se ha convertido en un superproductor de energía limpia gracias a las plantas solares de última generación que alberga

BÁRBARA MONTES

En medio de las áridas arenas del área de Ouarzazate, al sur de Marruecos, se encuentra un mar de espejos. Sí, de espejos. El país se lo juega casi todo a las energías renovables. En el caso de esta zona del Anti-Atlas, a favor de la energía solar. Y no solo eso, además, tienen el ambicioso objetivo de conseguir que para el año 2020, el 42% de la energía que se consuma en el país, sea producida en estas plantas solares; y para el año 2030, suben la apuesta al 52%. El proyecto, en cuya construcción han participado empresas españolas como Acciona, Sener, TSK y Aries, está siendo implementado por Masen, la Agencia Marroquí para la Energía Solar, empresa creada con dinero público y cuyas misiones, en sus propias palabras, son el desarrollo de plantas solares con los más altos estándares internacionales, contribuir al desarrollo de expertos locales, y el desarrollo de las áreas en las que Masen opera siguiendo un modelo sostenible que incluye criterios económicos, humanos y ambientales.

Todo queda muy bonito sobre el papel, pero si echamos un vistazo un poco más profundo a la situación del país, la idea no es tan mala: si hay un recurso que le sobra a Marruecos, ese es el sol; y si hay algo que está más que claro en el medio plazo, es que las energías renovables tienen que empezar a ser una opción para todos. No ya por aquello tan onírico del espíritu ecológico, que también, ya que se prevé que las emisiones de CO2 se reduzcan en 3,7 millones de toneladas, sino más bien porque las energías fósiles tienen los días contados y no es que existan multitud de opciones.

Marruecos puso en marcha este plan en 2010 y con él pretende el desarrollo del país a través de una inversión de algo más de 8.000 millones de euros. El proyecto incluye la construcción de la planta de Ouarzazate (que va ya por su cuarta fase) y otras cinco en las áreas de Midelt, Boujdour, Laayoune, Tata y Jerada.

En la actualidad, el país norteafricano importa el 95% de la energía que consume, están claros los beneficios en el largo plazo si reducen esta dependencia energética que lleva años lastrando su economía. Por otra parte, el desarrollo sostenible es imprescindible para un país que ingresa por turismo más de 5.200 millones de euros anuales, convirtiéndose así el tercer sector en uno de los pilares en los que se basa su PIB.

Los planes marroquíes no se detienen en la energía solar, también existen proyectos para el desarrollo de plantas eólicas e hidroeléctricas. Con esto, Marruecos quiere convertirse en una potencia a nivel regional, continental e internacional en cuestión de renovables y llegado el caso, poder exportar parte de esta energía, apuntalando de este modo sus finanzas.

Saben que lo que se extiende ante sus pies es un largo camino, con una inversión muy importante, que no va a ser sencillo, que necesitan formarse y trabajar muy duro. Lo saben. Pero los primeros pasos los están dando de manera firme y decidida, aprendiendo de los errores y mejorando instalaciones y procesos. Analizando la propia experiencia y optimizando los recursos hasta el último céntimo. Saben que es un proceso a muy largo plazo, pero su mar de espejos no hace más que crecer y eso no puede ser malo ni para Marruecos, ni para el medio ambiente.

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