Las familias reclaman maestros formados para tratar a niños superdotados

Un niño escribe con una tiza en una pizarra./Archivo
Un niño escribe con una tiza en una pizarra. / Archivo

Depresión, baja estima, malos resultados académicos y abandono escolar son algunas de las consecuencias de la falta de atención

Daniel Roldán
DANIEL ROLDÁNMadrid

A Javier (nombre ficticio) le cambiaron tres veces de colegio sus padres. No sabían qué hacer con el chaval. Indisciplinado, Javier se había convertido en el muchacho más rebelde de su clase, abusando sin piedad de sus compañeros de clase y convirtiendo en un martirio su estancia en clase para los profesores. Pero todo cambió a mediados del curso pasado, cuando un psicólogo se hizo la pregunta: ¿y si Javier se aburre en clase? Es una de las características propias de la gente superdotada o con altas capacidades.

El profesional acertó y pudo encauzar con ayuda de los padres el rumbo de Javier, uno de los 20.000 jóvenes que están identificados. Pero solo son una gota en el océano. «Se calcula que el 2% de la población es superdotada o con altas capacidades. En España debe haber unos 160.000, pero no lo sabemos», explica Carmen Sanz, presidenta de la Fundación El Mundo del Superdotado. Este déficit se debe a la falta de medios para poder detectar que un chaval es un superdotado. «Como afecta a poquísimas personas no hay la suficiente presión para que las cosas cambien», se queja Sanz, que participa en el quinto congreso nacional de superdotación que se clausura este sábado. «En algunas comunidades hay programas; en otras, la nada. Falta formación», apunta.

Es necesario detectar a estos pequeños cuanto antes, entre los cuatro y los seis años para que empiecen a recibir una educación especial, acorde con sus necesidades. Si no se empieza tan pronto, ocurre el efecto Lisa o Bart Simpson, como los denomina Sanz. En el primero de los casos, se dan niños que están solos en el patio del colegio, ignorados por el resto de sus compañeros que «no los entienden»; luego están los niños que intenta ser como los demás y se pasan. Se convierten en los más traviesos de la clase. Dos vías para acabar en un mismo término: acoso escolar. La mitad de estos jóvenes están involucrados.

La falta de un buen diagnóstico tiene unos efectos demoledores, además del 'bullying'. Los chavales se aburren en clase, lo pasan mal, están desmotivados y normalmente no estudian. «Algunos suspenden y abandonan. También hay otro perfil de jóvenes que atendemos cuando llegan a la universidad. Como han llegado allí sin aparente esfuerzo, se ven en la necesidad hincar los codos y les produce un 'shock'», comenta la presidenta de la fundación.

Centro de Alto Rendimiento

La falta de detección también provoca más problemas a largo plazo. «¿Cuántos premios Nobel de ciencias hemos tenido en los últimos años? ¿Y cuántas medallas se han ganado desde que están los Centros de Alto Rendimiento? Creemos que se puede hacer algo parecido. Pero en España no existe ese concepto», se lamenta Sanz. En cambio, sí que persisten los mitos. «Te encuentras con frases como 'si es tan lista no necesita ayuda', que es lo que me dijo el orientador. 'Tú les dejas ahí con un libro y dentro de veinte años, Einstein'», dice con ironía Margarita Colodrón, presidenta Confederación Española de Altas Capacidades Intelectuales (Confines) y madre de Tatiana, de ocho años.

«Notaba que había cosas que no iban bien. Mi hija no quería dormir, siempre estaba en acción, moviéndose. Dormir y comer eran secundarios. Me recordaba un poco a los científicos locos que no se acordaban ni de dormir ni de comer», explica sobre su hija. Con tres años tenía una edad mental de seis años; y con cuatro, tenía una de doce. «Pero sigue siendo una niña pequeña. Y llora porque es una niña pequeña», apunta Colodrón. Otro de los mitos que hay que desterrar es que están sobreestimulados.

«La neurología nos esta ayudando y dice que aprendemos algo cuando nuestro cerebro está preparado. Aprendemos a comer cuando nuestro cerebro está preparados». Y sus cerebros aprenden antes. Otra mentira: que son unos sabelotodos. «Simplemente tienen el talento para recoger información de todas partes. Son como antenas parabólicas. Tienen capacidades para aprender muy rápido y de forma diferente. Pero hay que poner medios a su alcance», explica esta madre y maestra.

Unos problemas que se resolverían con una mayor formación de los tutores, orientadores o psicólogos para que sepan detectar a un superdotado o un niño con altas capacidades y saber sus cualidades y desterrar las falsas creencias. «A nuestros niños no les gusta aprenderse las tablas de multiplicar porque ya se las sabe y son repetitivas», pone como ejemplo Colodrón.

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