El bosón de bosones, cinco años después

El Gran Colisionador de Hadrones (LHC) del CERN./Martial Trezzini
El Gran Colisionador de Hadrones (LHC) del CERN. / Martial Trezzini

El físico italiano Guido Tonelli, en el 5º aniversario del hallazgo, explica el cómo y para qué de la 'partícula de Dios'

DANIEL CABORNEROMadrid

El físico italiano Guido Tonelli presentó a principios de este 2017 su libro El nacimiento imperfecto de las cosas (edit. Lince), con una gira que en España redescubrió el valor del bosón de Higgs. Hace cinco años dirigió en Ginebra (Suiza) uno de los dos experimentos del CERN (Organización Europea de Investigación Nuclear) para identificar la llamada 'partícula de Dios'. El resultado, presentado junto a su compatriota Fabiola Gianotti, fue la primera prueba de su existencia.

«Desde hace siete u ocho años, muchos medios hablan de ciencia. No solo del CERN o de logros como el bosón de Higgs y las ondas gravitacionales. Hay mucha atención y esto ha cambiado el imaginario, de hecho en nuestras universidades aumenta el número de matriculados en facultades de Ciencias y de Física», destaca Tonelli. «Saben que es un trabajo duro y una competición fuerte, en la que solo los mejores serán capaces de trabajar en esto y se enfrentarán a otros estudiantes americanos, chinos o de otros países», advierte con la memoria aún puesta en un hallazgo que en 2013 valió un Nobel para sus compañeros Peter Higgs y François Englert.

Y ese premio siempre es un reclamo para las nuevas generaciones. «Es una enorme satisfacción cuando un joven ansía demostrarle al mundo que es capaz de hacer cosas que otros ni siquiera han imaginado, y con la ciencia esto es posible. Nosotros le damos a los jóvenes una enorme oportunidad, les decimos: "Venís con nosotros porque no somos capaces de estar en otro lugar que no sea este, os tocará a vosotros avanzar". Y este desafío es una de las cosas que más les gusta. En muchos ambientes de trabajo, los viejos le dicen a los jóvenes que obedezcan. En la ciencia es al contrario, nosotros le decimos a los jóvenes: "Inventad caminos nuevos, destruid las cosas que nosotros hemos construido y encontrad una física que destruya todas nuestras certezas". Esto es lo que lo hace atractivo», comenta.

Sin embargo, Tonelli no quiere que se desvíe la atención. «Molesta un poco que no se hable más del descubrimiento en sí, sino de utilizar esta partícula para otros descubrimientos como, por ejemplo, para la materia oscura». «La materia oscura es un gran misterio que todavía no hemos resuelto. Un cuarto del universo está constituido por algo inexplicable para nosotros; no sabemos atraparla, no sabemos de qué está hecha, son partículas de las que no sabemos nada. Ahora está el bosón de Higgs, que se apropia de todas las partículas; tanto de aquellas que conocemos, las partículas del Modelo Estándar, como de las invisibles que por ejemplo podrían ser materia oscura», indica.

«Si produciendo un millón de bosones descubrimos que algunos desaparecen en partículas invisibles, esto podría ser otro hallazgo y diremos: "Hemos descubierto las partículas invisibles que componen la materia oscura". Es solo uno de tantos ejemplos sobre lo que se está concentrando la atención para, digamos, cerrar ese capítulo del descubrimiento del bosón de Higgs en su Modelo Estándar. Y ahora estamos en otro capítulo, en el que se discute sobre qué es la materia oscura, quién ha producido la inflación, por qué el universo está compuesto de materia y de antimateria, qué es la energía oscura… Hay una lista de preguntas importantes que nuestro actual conocimiento no nos permite responder», admite.

Tonelli incluso da pinceladas del cambio de pautas que supuso la presentación al mundo de la 'partícula de Dios'. «Hay una gran curiosidad sobre el origen del universo o también qué fin tendrá. Y sobre el final hay dos hipótesis; no sabemos cuál de las dos se dará, pero sí que estará entre esas dos. Es curioso porque una era la que prevalecía hasta el descubrimiento del bosón de Higgs. Ahí yo habría contestado que el universo se expande a una velocidad que aumenta, el llamado fenómeno de la energía oscura», apunta.

Frío o caliente

Así, a continuación desmenuza la idea. «El universo nació de una burbuja que se expande enormemente y aún continúa expandiéndose. En los últimos tiempos se ha visto que la velocidad sigue aumentando; por lo tanto, el mecanismo de una expansión incontrolable y acelerada hará que en millones de años el universo sea cada vez más frío, cada vez más oscuro y que las estrellas no tengan el suficiente combustible para quemar. Serán estrellas muertas y por ello imaginamos una muerte fría del universo, tristísima, en la oscuridad y en el frío más absoluto», reitera.

«Cuando descubrimos el bosón de Higgs, ya hubo otra alternativa que era el final caliente. Este final está relacionado con el hecho de que el bosón juega un rol decisivo en dar a la materia del universo la consistencia que conocemos. El campo escalar de Higgs produce masa para las partículas elementales, éstas se agregan en núcleo y así hacen un protón; un electrón gira alrededor de un protón y nace un átomo, y los átomos constituyen el cuerpo de las cosas. Si el bosón de Higgs interrumpe este mecanismo, el universo vuelve a su condición inicial que es pura energía», argumenta Tonelli.

Pero el científico italiano aporta varios ángulos a sus teorías. «Este mecanismo no tiene por qué durar hasta el infinito, se puede romper, pues estamos en una condición de equilibrio metaestable, como estar sobre un precipicio; si en alguna parte del cosmos se rompe el vacío electrodébil, esto podría ocasionar una gran catástrofe cósmica. El universo entero desaparecería en una gran bola de energía. Me gusta pensar que la ciencia diga a todos: "¡Atención!"», resalta.

«El mundo material que la humanidad ha divinizado desde hace milenios, con el Sol y los planetas, era la idea de que nosotros somos mortales pero las grandes estructuras son inmortales. En cambio, hoy admitimos que somos precarios y que también es precaria la estructura material del universo. Nuestra precariedad de ser humanos es una analogía sobre el plano microscópico de la precariedad general del universo. Somos precarios en un mundo precario y esto también tendría consecuencias, porque en un mundo precario cabe el egoísmo, la prevaricación, la guerra, la discordia...», reflexiona finalmente.

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