Los menores sufren abusos sexuales durante cuatro años antes de denunciar

Los abusos sexuales a menores duran una media de cuatro años. / EFE

Nueve de cada diez agresiones las perpetra un hombre, que en la mayoría de los casos es un familiar o un miembro del círculo más próximo

Daniel Roldán
DANIEL ROLDÁNMadrid

Solos, desamparados y teniendo que ganarse la confianza de los mayores. Así se sienten los pequeños que sufren abusos sexuales -desde tocamientos hasta penetraciones- en España, durante cuatro años de media y que es difícil de detectar por la falta de los mecanismos necesarios para que los pequeños se sientan protegidos. Una ausencia de medios, según denuncia Save the Children tras estudiar más de 200 sentencias, que provoca que no se diriman en los tribunales todos los casos: entre 2012 y 2015, el 70% de las denuncias no llegó a juicio oral, según los datos de la Memoria de la Fiscalía General del Estado. Pero el problema es mucho mayor. «Solo se denuncia el 15% de los casos», afirma Andrés Conde, director general de Save the Children.

En su informe, la ONG destaca los perfiles de la víctima como del abusador. Entre los primeros hay diferencias entre niños y niñas. Ellos son abusados entre los once y los doce años y su agresor es un conocido con autoridad (un entrenador deportivo, un profesor, un monitor de tiempo libre); ellas, en cambio, son abusadas entre los siete y los nueve años por un agresor del entorno familiar. Entre el diez y el 20% de los menores abusados sufren consecuencias en el futuro: baja estima, ansiedad, desconfianza o problemas sexuales (identidad, excesiva curiosidad o conductas exhibicionistas).

En cuanto a los abusadores, en nueve de cada diez casos son hombres y seis de cada diez son conocidos del pequeño. Sucede entre todas las capas sociales, es transversal y estas personas «no son enfermos mentales». «No hay evidencia de que tengan problemas psicológicos. Hay dos tipos de abusadores: los pederastas, que sienten atracción por los niños, y los abusadores circunstanciales, que son la mayoría», añade Conde. Además, estas personas usan su influencia sobre los niños para evitar que hablen, llegando al chantaje sobre la familia.

La ausencia de casos en los tribunales se debe a un problema general de actuación. Hay fallos en los colegios. Solo el 15% de los centros donde se alertó de un posible abuso actuó y habló con las autoridades. «Es un problema de formación. Los profesores no tienen las habilidades para detectar los abusos y desconocen los mecanismos para saber qué hacer y cómo. No existe ningún tipo de formación para el profesorado», alerta Conde. Después está la falta de recursos y de confianza en el menor. «Al final, es la palabra de un niño contra un adulto», apunta Ana Sastre, directora de Sensibilización y políticas de infancia de Save the Children. Eso es lo que le sucedió a Omar -los casos citados son con nombre ficticio-. Le dijo a una monitora de tiempo libre que en casa le «hacían cosas». La monitoria alertó a los servicios sociales que dijeron que no podía intervenir solo con la palabra del pequeño. Ella insistió y consiguió llevar a Omar al pediatra. Pero el pequeño se calló. No pudo hablar más sobre el tema.

«Solo el 7% de los niños miente en estos casos, según señalan varios estudios internacionales. Prefieren callar que mentir», comenta Sastre. Además, el problema se agrava cuando deben contar sus experiencias en sede judicial, que no es un lugar «acogedor» para un niño. Lo tienen que hacer hasta en cuatro ocasiones.

Según el estudio de Save the Children, el 82% de los juicios analizados se realizaron a puerta abierta. Solo en el 2,5% se permitió al denunciante declarar a través de videoconferencia y un porcentaje similar lo hizo a través de un biombo. «Esto no soluciona nada», comenta Sastre. Ahí está el caso de Lucía, que tenía ocho años cuando le comentó a su profesora que la pareja de su madre le hacía «cosas que no le gustaban». La profesora creyó que fantaseaba. Un año más tarde, Lucía fue ingresada en el hospital a consecuencia de los maltratos y abusos por la pareja de su madre. Cuando los servicios sociales visitaron a la pequeña, una mujer lloraba a su lado. Era su profesora.

Ante estas situaciones de desprotección, Save the Children considera fundamental que se apruebe una ley para la erradicación de la violencia contra la infancia que haga hincapié en la garantía de una educación afectivo sexual en la enseñanza reglada y desde edades tempranas; que se incluya la formación sobre violencia y protección de la infancia en los currículos de los profesionales educativos o la creación de una Fiscalía.

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