Minerva se resarce de su pasado en una noche de Amargura

La Virgen de la Amargura, en las calles de León. / Inés Santos

La Procesión de la Virgen de la Amargura logra sacar a la calle a miles de personas y pone sobre el empedrado leonés a siete tallas de la Real Cofradía de Minerva y Veracruz

RUBÉN FARIÑASLeón

Dolor y amargura al anochecer del Miércoles Santo. León se quedó pequeño para recibir a la procesión central de la Real Cofradía de Minerva y Veracruz.

La ronda, abría paso a los hermanos de una penitencial con ganas de resarcirse, tras la mala experiencia del último Santo Entierro.

Y empezó fuerte la Procesión de la Virgen de la Amargura. El primero de los siete pasos, el Lignum Crucis, lucía recién renovado y con la custodia de la astilla de la Santa Cruz en el crucero.

La Banda de Cornetas y Tambores del Dulce Nombre ponía las primeras notas a uno de los actos procesionales más vistosos de la Semana Santa leonesa.

El Santo Cristo Flagelado, obra de Manuel López Becker, se alzaba entre capillos negros. La talla refleja a Jesús atado a una columna con los atributos apoyados sobre su base.

Sin tiempo para el respiro, con poco espacio entre paso y paso, siguiendo una de las preferencias de los leoneses, salía desde la Plaza Mayor, por primera vez, Jesús de la Humillación y la Paciencia.

Este despojado, creada por Becker sobre uno que él mismo había hecho, se presentaba a unas abarrotadas calles bajo los sones de la Agrupación Musical de Angustias y Soledad.

La última incorporación de la centenaria penitencial de San Martín era el cuarto paso de esta Procesión de la Amargura. Nuestro Señor Jesús de la Salud muestra a un nazareno, guiado en su caminar hacia el Calvario por un romano.

Datado en el pasado siglo, el Santo Cristo del Desenclavo también es uno de los conjuntos más admirados del patrimonio sacramental.

La Agrupación de la Bienaventuranza convertía el caminar de la procesión por Mariano Domínguez Berrueta en una delicia para los oídos. Enlazando ‘Alma de Dios’ con ‘La Saeta’ mantenían el aplauso de las cientos de personas que flanqueaban esta calle.

Los propios braceros de Nuestra Señora de la Veracruz pidieron a su seise mantener el paso a hombro mientras se entonaban ambas marchas. Su talla, una obra atribuida a los talleres de Olot, fue adquirida por la Real de Minerva en 1923.

El último de los pasos, y dando nombre al acto, era la Virgen de la Amargura. Esta imagen, que no pudo salir a las calles de León en el Santo Entierro de 2017, perfilaba la noche leonesa y enmudecía el bullicio a su paso.

Así se quitaba la ‘espina’ Minerva y Veracruz, ofreciendo a leoneses y visitantes lo mejor de su imaginería y envolviendo a la ciudad en una bella ‘Amargura’ antes de afrontar sus días grandes.

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