Luto, silencio y dolor ante El Desenclavo

Un desclavador retira uno de los clavos que sujetan a Cristo en la cruz. / S. Santos

Una abarrotada y enmudecida plaza de San Isidoro es partícipe de la bajada de Cristo de la Cruz y la reverencia de una Madre que no encuentra consuelo

A. CUBILLAS

Tradición, emoción, sentimiento y dolor se han dado la mano en la tarde de este Sábado Santo en la tradicional procesión del Santo Cristo del Desenclavo.

Ante el enorme e imponente pórtico de la Real Basílica de San Isidoro, el Cristo crucificado ha vivido uno de los momentos más emotivos de la Semana Santa leonesa.

Sábado Santo

Precedido por la Ronda, anunciando a golpe de sonido prehistórico al Crucificado, el Santo Cristo ha llegado haciendo gala de la solemnidad antes, durante, y después del tradicional desenclavo.

Tras de él, el túmulo mortuorio donde sería depositado después de su descenso de la cruz y la imagen de Nuestra Madre María Santísima del Desconsuelo, cerrando el cortejo, en el que una petalada de flores ha embellecido más si cabe la imagen de esta Virgen con motivo de su veinte aniversario.

Belleza y dolor a partes iguales, con su mirada siempre clavada en su hijo en la cruz. El efecto de la marcha es desgarrador al ver la imagen de Nuestra Madre caminando muy despacio tras su hijo.

Emoción contenida en una silenciosa y abarrotada plaza de San Isidoro que ha combatido al frío para poder disfrutar de uno de los actos más emblemáticos de la Semana Santa por su expresividad y su solemnidad.

Con cuidado y cariño, los tres desenclavadores han retirado la corona de espinas y uno a uno los clavos que sujetaban a Cristo en la cruz. De fondo, el canto de las Llagas de cristo en voz de las braceras de la Virgen del Desconsuelo, unos versos cantados que la cofradía recuperó en su afán de rescatar del olvido al tradición.

Silencio contenido mientras Cristo, envuelto en un sudario, desciende de la Cruz, ante el recogimiento, la emoción y el respeto de los hermanos de la cofradía, que han presentado a su hijo muerto a la Virgen, la misma que, llena de dolor, se ha postrado ante sus pies.

Gesto conmovedor donde los haya, que ha estremecido a todos los presentes minutos antes de que el Cristo, ahora Yacente, retomará el cortejo hasta, con la imagen de una Piedad ocupando ahora el trono donde se levanta la cruz vacía.

Solemnidad y expresividad que han vuelto a convertir al Desenclavo en uno de los actos más importantes de la Semana Santa leonesa.

Contenido Patrocinado

Fotos