León demuestra su Pasión por las cofradías centenarias

El Nazareno en la calle Ancha. / Noelia Brandón

La Procesión de la Pasión vuelve a reunir a las cofradías de Nuestra Señora de las Angustias y Soledad, Nuestro Padre Jesús Nazareno y Real de Minerva y Veracruz, esquivando a la lluvia de media tarde

RUBÉN FARIÑASLeón

Anunciando la Semana Santa. Como hacen de forma inmemorial. El ‘pregón’ volvía a salpicar de capillos negros el atardecer de Lunes Santo.

Dio un respiro el cielo, que amenazó una hora antes con que León pudiera disfrutar de su Procesión de la Pasión, donde las tres centenarias plantan sobre el empedrado leonés lo mejor de su patrimonio.

Lunes Santo

Se cerraron los paraguas en Santa Nonia y la cruz guía asomó al pórtico de la ‘Catedral de la Pasión’. En riguroso orden, como manda la tradición, la veterana fue la encargada de abrir el desfile procesional.

Nuestra Señora de las Angustias y Soledad aportó su infinito número de papones de fila acompañando a la banda femenina para abrir el intenso cortejo.

Tras cientos de pequeños hermanos, que serán futuros custodios del legado pasional mariano, se vislumbraba la magnífica Virgen de las Angustias. La obra de Juan de Angers se levantaba sobre su trono, de Víctor de los Ríos, y las cuatro águilas que lo custodian.

El silencio se apoderó de Santa Nonia. Los braceros elevaron al Señor de León y la Banda de Música hizo sonar su himno.

Era el preludio de la salida de Nuestro Padre Jesús Nazareno, quien volvía a encontrarse con sus fieles devotos, que aguardaban la llegada del tramo de la Pasión correspondiente a la Cofradía del Dulce Nombre.

La Banda de Cornetas y Tambores introducía a esta centenaria y la banda acompañaba la talla más importante de la Semana Santa de León. Sin cirineo y con las velas alumbrando su camino, el Nazareno enmudeció al numeroso público a su paso.

Solo faltaba una, la Real de Minerva y Veracruz, que en un año convulso volvía a dejar sentir su esencia secular de la mano de La Piedad. La obra de Luis Salvador Carmona presidía el manto de flores blancas para cerrar la Procesión de la Pasión, acompañada por la Agrupación Musical del Dulce Nombre.

El pregón salió a la calle y anunció a golpe de tambor y corneta que la Semana Santa de León es pura pasión centenaria.

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