León consuma con fervor el milagro de la Resurrección

Momento de la coronación de la Virgen como Reina de los Cielos. / S. Santos

El emotivo encuentro entre la Virgen, ‘coronada’ reina de los Cielos, y su hijo Resucitado a los pies de la Catedral de León cierra los diez días de Pasión

A. CUBILLAS

Solemnidad en el más amplio sentido de la palabra. Solemnidad arropada por el Himno de la Alegría, acompañada por la emoción en el acto final de la Semana Santa leonesa con el que León ha consumado el milagro de la Resurrección.

Tras diez días de Pasión, la Plaza de la Catedral ha sido de nuevo este domingo el mejor colofón posible a este tiempo santo en un emotivo encuentro entre La Virgen María y el Cristo Resucitado bajo la atenta mirada de San Juan Evangelista.

Domingo de Resurrección

Un instante solemne el de este Domingo de Resurrección, cargado de expresividad, que han arropado cientos de personas que, de nuevo han desafiado al frío que ha marcado la semana grande de León, siempre con la mirada pendiente del cielo y que, en esta ocasión, ha permitido poner el broche de oro a la Pasión leonesa.

Un instante solemne en el que se ha repetido la imagen de la sustitución de la diadema de la Virgen por una corona de gloria, el manto negro en señal de luto por el manto blanco y el pañuelo de su mano derecha por un cetro.

Un cambio simbólico que representa en tránsito del dolor por la muerte del hijo a la alegría por su presencia resucitado y la coronación de la Madre como Reina de los Cielos.

Momento único, en el casi parece detenerse el tiempo y donde la vista solo se posa en la imagen de esa Virgen María que se reencuentra con su hijo tras la muerte con San Juan como espectador de lujo. En un segundo plano, la cruz sobria y desnuda, con la inscripción bordada en el sudario ‘La muerte ha sido vencida’ y como escenario, la imponente Pulchra leonina que alberga cada Domingo de Resurrección este acto desde el año 1960.

Las ya tradicionales palabras “Cristo ha resucitado, Felices Pascuas leoneses” y la retirada de los capillos dieron paso a un caluroso y cerrado aplauso, que rompió el silencio que durante unos isntantes se apoderó de una plaza abarrotada.

Abrazos y lágrimas de emoción entre los cofrades, tras vivir uno de los momentos más representativos de la Semana Santa leonesa, el encuentro entre la Virgen María y el Cristo Resucitado que bailaron al son del Himno de Alegría y a la Marcha Real.

Un emocionante instante que dio paso a la suelta de palomas que envolvieron al Cristo Resucitado, símbolo de paz y de alegría, momento en el que todos los cofrades se descubrieron el rostro quitándose los capirotes en señal del final de la Pasión y la victoria de Jesucristo sobre la muerte.

Un acto seguido por cientos de personas que han hecho frente al frío y que se han agolpado a los pies de la Catedral de León para escuchar el mensaje de esperanza que cada Domingo de Resurrección llevan los hermanos de Jesús Divino Obrero.

Una procesión donde se pudo vivir la máxima exaltación de la Pasión de Cristo y que pone punto y final a una "gran" Semana Santa leonesa en la que el tiempo ha permitido a todos los pasos procesionar y donde, por primera vez en muchos años, las miradas han estado puestas en las imágenes y no en el cielo.

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